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La lesión oculta de Nadal y lo que realmente necesita Djokovic

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El tenis tiene, desde siempre, cuatro escenarios únicos: Melbourne, París, Londres y Nueva York. Allí se concentra el drama y la gloria, allí hay que estar siempre que se pueda. Pero este año hay que sumar un quinto elemento, un quinto escenario: Manacor, una ciudad pequeña y sin mayores atributos en el centro de la isla de Mallorca. Allí hay una batalla que sigue el mundo entero, la de Rafael Nadal contra su propio cuerpo. Un enorme drama deportivo. También para Novak Djokovic, que necesitaba un rival para ganar de buena forma la carrera por ser el más exitoso de todos los tiempos.
Allí, en Manacor, Nadal dejó claro en la tarde de un ya inolvidable 18 de mayo de 2023 que su historia se está acabando. O que quizás ya se acabó. Aunque le queda una última esperanza para salir de lo que podría verse como un autoengaño: lo que sufría desde el 18 de enero no era una lesión, eran dos lesiones. Se curó de la primera, pero necesitará mucho más tiempo para olvidarse de la segunda y volver a entrenar.
«El dolor reaparecía como una maldición divina», explica Vicente De la Varga, traumatólogo y experto en cirugía ortopédica, en una entrevista con la radio española Cadena COPE. La voz del experto aportó una buena dosis de claridad a un asunto opaco: ¿por qué, si estaba previsto que Nadal volviera a jugar tras seis u ocho semanas, pasados cuatro meses anuncia que cuelga la raqueta por tiempo indefinido y que se juega una última carta, regresar al circuito en 2024 para despedirse como se merece?
La primera lesión, el psoas ilíaco izquierdo, fue detectada enseguida mediante resonancia magnética y no ofrecía problemas: «El diagnóstico de este tipo de lesión es sencillo, pues se detecta fácilmente en la resonancia magnética como un intenso edema en la parte muscular del tendón del psoas ilíaco, la correspondiente al músculo ilíaco. Rafa mejoró cumpliendo los plazos, pero en cuanto intentó forzar un poco volvió el dolor. Paró, continuó el tratamiento y volvió a intentarlo».
¿Qué demonios sucedía? El doctor De la Varga lo explica: había una segunda lesión. Oculta y mucho más grave.
«La explicación está en que la segunda forma de lesionarse el tendón del psoas ilíaco es mediante una peritendinitis, una distensión y rotura parcial de la porción tendinosa correspondiente al músculo psoas. Es una lesión mucho más difícil de detectar en la resonancia magnética, y que además suele estar enmascarada, cubierta por el edema, la inflamación de la parte muscular del tendón, mucho más llamativa. Las dos lesiones estaban desde el principio. La lesión muscular curó en su plazo, en seis a ocho semanas, pero la lesión de la parte tendinosa fue subestimada pues el plazo medio de curación de las lesiones tendinosas del psoas es de 24 semanas, de seis meses».
Así, durante semanas, Nadal buscó algo que era inviable, jugar Montecarlo, Barcelona, Madrid, Roma y Roland Garros. Soñaba con que el psoas ya no molestara y concentrarse en la hazaña de ganar un décimo quinto título en el Abierto de Francia. Sueño que se demostraría inviable.
«Nunca iba a haber llegado, pues aún está en periodo de recuperación. Ahora toca aceptarlo y cumplir los plazos. Es una lesión que curará sin dejar secuelas», aseguró De la Varga.
Rafael Nadal Xisca Perelló
Rafael Nadal y su esposa, María Francisca Perelló
La conmoción en Francia es notable. Si en 2005 y durante algunos de los años posteriores la relación de la Philippe Chatrier con Nadal era compleja, hace años ya que el principal estadio del tenis sobre arcilla está entregado al español. Lo refleja el editorial publicado por «L’Equipe» horas después del semi retiro que sacudió las placas tectónicas del tenis.
«Teniendo en cuenta que Carlos Alcaraz llevaba pañales, que twitter no existía y que Jacques Chirac era presidente de la República Francesa, no hace falta añadir más para convencerse de que la última vez que Roland Garros se celebró sin la presencia de Rafael Nadal, en 2004, ninguno de nosotros se parecía ni de lejos a lo que somos hoy»
«¿Cuándo volverá a estar disponible Nadal? Cuatro meses en los que está intentando salir de una lesión que le habían prometido que se curaría en la mitad de tiempo. Semanas en las que golpea la pelota casi todos los días sin poder esprintar ni deslizarse, testigo impotente de ese psoas rebelde que se burla de él. Pero renunciar diez días antes del inicio del torneo es también enviar un mensaje de esperanza. Ya se está preparando hacia el futuro, sin tener que preocuparse por los smartphones de becarios envalentonados que capturan al vuelo los momentos dolorosos de los entrenamientos acortados», marca con acidez el diario deportivo más influyente del mundo.
La primera plana de L’Equipe el 19 de mayo de 2023
«Dar sabiamente la espalda a esta edición de Roland-Garros es evitar volar más allá del punto de no retorno. Nunca lo ha ocultado: su sueño de jugar hasta los Juegos Olímpicos de 2024, que no sólo tendrán lugar en París sino también en Roland Garros, le calienta el corazón y el cuerpo. A sus casi 37 años, Nadal oficialmente sólo ha dado un paso atrás. No se ha retirado».
Probablemente uno de los más interesados en que en 2024 haya un Nadal competitivo es Djokovic: el empate en 22 títulos de Grand Slam, una de las historias más extraordinarias que haya dado el deporte, puede dejar de ser tal el domingo 11 de junio en París. El serbio ambiciona Roland Garros, aunque su temporada de arcilla ha sido pobre y se lo nota nervioso, fuera del eje habitual. Y, ambicioso como es, preferiría que nadie le diga que su récord llegó con Roger Federer y Nadal fuera de carrera, sin posibilidades de impedírselo.
Pero si Roland Garros pasara y el 22-22 se mantuviera, si Wimbledon alumbrara un campeón diferente y si Alcaraz defendiera con éxito su título en Nueva York, enero de 2024 en Melbourne podría convertirse en uno de los momentos clave de la historia moderna del tenis. Nadal espera estar allí, confía en que con descanso y quitándole presiones a su cuerpo, esa segunda y oculta lesión se esfume. Confía en ser tenista de nuevo y en no temerle a nada ni a nadie. Como siempre, como nunca, como quizás nunca más. ¿Continuará?
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