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Juegos mentales: el Djokovic estratégico gana también hablando

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MELBOURNE – La cabeza de Novak Djokovic arrancó en este 2023 como el aspecto de su juego más diferenciador. Tan importante dentro como fuera de la cancha. Así, el serbio se ha encargado de plantear una estrategia ajedrecista: adelantarse a las jugadas de sus rivales con declaraciones honestas y punzantes, también inteligentes, a la hora de enfrentarse a los micrófonos.

Como el trabajo físico, como afinar la devolución, como la relevancia de su servicio, Novak Djokovic ha sido suficientemente perspicaz para también jugar al tenis a través de las palabras y de los espacios que le da el torneo para disparar sutilmente e involucrar a sus oponentes. Y lo ha hecho en todos los tonos posibles: desde la seriedad hasta el humor.

Por un lado acompañados de risas. Por otro, con toques de soberbia propias de un campeón.

El serbio llegó a Australia en una posición particular y desconocida para él. Sólo hasta algunos meses atrás, seguía impedido de ingresar al país por tres años luego de su ya tan conversada teleserie de la deportación.

En Adelaida llenó el estadio en sus cinco apariciones y la gente lo llenó de cariño. Después de la final que ganó a Sebastián Korda en tres apretados sets, y celebrar con el dedo índice apuntando su sien, dejó una reflexión intimidante. Ante el checo-estadounidense tuvo que salvar un punto de partido, enfrentando la mezcla peligrosa de las complicaciones físicas y el alto nivel de su oponente. Tantas veces ha salido de situaciones complicadas y ha sabido resolver el partido sin estar en su mejor forma. ¿La forma del éxito ante la adversidad? El negocio mental.

“Mientras más ganas partidos así, mejor te sientes. Así te metes en la cabeza de tus oponentes también. Es lo que quiero, que sepan que sin importar el marcador, siempre estoy ahí, estoy siempre peleando hasta el último punto y soy capaz de dar vuelta las cosas. Por supuesto, entrar a la cancha contra alguien que sabe de lo que soy capaz, es por supuesto, una ventaja”, desliza Novak Djokovic con un recado para cualquier convencido que puede ganarle.

Djokovic JUEGOS MENTALES
Djokovic tras ganar en Adelaida // PANTALLAZO TENNIS TV

En la previa del Abierto de Australia la expectación era brutal, y lo que ya venía sucediendo en Australia Meridional, se confirmó cuando Djokovic entró a su cancha predilecta para la exhibición contra Nick Kyrgios, antes del inicio del cuadro principal. La organización del torneo tenía terror al bochorno y por eso implantó una insólita medida: los fans tendrían prohibido abuchear a Djokovic.

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La reacción en su retorno fue una ovación. ¿Hizo algo la regla de censura? Para nada. El público melburiano, el mismo que el Gobierno australiano temía que boicoteara un eventual partido de Djokovic en la edición de 2022, casi que lanzando mascarillas a la cancha, en 2023 recibió eufóricamente a su nueve veces campeón.

El serbio es, desde octavos de final en adelante, el único campeón de Grand Slam. ¿Otra ventaja para su colección? Por supuesto que sí. Y cuando la ex tenista Jelena Vekic, hoy en el equipo de entrevistadores en cancha de Channel 9, le pregunta por esa condición, Djokovic devuelve con humor: “Los 35 son los nuevos 25”.

La australiana de origen croata se lo preguntó después de un partido complicado contra Grigor Dimitrov, que aunque ganó en tres sets, presentó grandes complicaciones con su isquiotibial izquierdo, sobre todo en el primer set. Molestias que desaparecieron luego en el partido contra Alex De Miñaur. En el papel, un partido que lo iba a exigir bastante al tratarse de uno de los jugadores más rápidos del circuito, acabó siendo una verdadera paliza donde además Novak Djokovic reconoció no haber sentido nada en su muslo cubierto de un aparatoso vendaje.

“No te voy a preguntar ‘cómo ganaste’ de esa manera, quiero saber ‘por qué’”, le dice Jim Courier después de tan contundente triunfo. “Porque quise”, responde Djokovic, quien no está interesado en dar respuestas políticamente correctas, ni felicitar de igual manera a un oponente que, cuando el ganador de 21 Grand Slams enfrentaba el drama previo a su deportación, dijo que los “australianos ya habían pasado por demasiado”, que estaba cansado del “circo”, y que Novak Djokovic “quitó la atención” de los competidores. Lo opuesto a, por ejemplo, las palmadas en la espalda que le mandó Kyrgios.

“No les puedo pedir disculpas por lo poco que duró el partido. Realmente quería ganar en tres sets”, remató el serbio con una sonrisa en la cara.

“¡Se muere de hambre!”, clamaba el ex tenista y hoy analista Mats Wilander antes del torneo grande en una entrevista con CLAY: “Después de lo que pasó en Australia el año pasado nunca verás en tu vida a un jugador tan hambriento como Djokovic». El ex número uno del mundo, quien volverá al tope de ranking si gana en Melbourne, sabe que lo tenístico y que lo físico no basta para concretar su venganza.

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Su lesión, que ya calificó como una “montaña rusa”, puede recaer. Es cierto que ya sabe qué es ganar un Grand Slam lesionado. Lo hizo en 2021, lidiando con problemas en su abdominal, y con su entonces fisioterapeuta Ulises Badio teniendo que hacer magia para mantenerlo con chances hasta el final. En esta edición, no hay dudas que ha sabido obtener lo mejor de esa situación.

Djokovic no oculta sus complicaciones. Pide tiempos médicos cuando lo necesita. Sumido en el dolor no pretende disimular, y busca también meterse en la cabeza de sus rivales como queriendo decirles “Estoy lesionado y mira cómo te supero igual”. Ya ha pasado por eso, y la experiencia seguro le indica cómo tiene que actuar para sacar provecho.

Para rematar, lo ocurrido en su conferencia de prensa posterior al pase a cuartos de final es otro smash ganador del serbio. Un reportero le preguntó si es una ventaja ser el único campeón de Grand Slam entre los candidatos. Djokovic dijo que no realmente, pero luego metió a Stefanos Tsitsipas en el baile.

Da lo mismo si fue producto de un genuino olvido, o un brillante dardo mental hacia quien es el favorito para ser su rival en una eventual final.

“Tsitsipas, por ejemplo, es probablemente el tipo con más experiencia de todos los (demás) cuartofinalistas. Ya ha jugado fases finales de Grand Slam varias veces, aunque creo que nunca ha jugado una final, ¿o estoy equivocado?”, dice Djokovic.

“Le ganaste en Roland Garros. Fue un buen partido, ibas perdiendo y lo diste vuelta”, le recuerda el periodista Matthew Futterman.

“Correcto, sí, sí. Perdón, mi error”, comenta sin poder ocultar una sonrisa.

Superestrellas como Djokovic no solamente se ocupan de su tenis. También tienen un equipo comunicacional que constantemente entrena su retórica. El trabajo del cómo, cuándo, dónde y por qué decir qué, es fundamental. Después de incontables instancias frente a los micrófonos luego de grandes victorias, dolorosas derrotas, o controversias fuera de la pista, Djokovic conoce muy bien el impacto de sus palabras.

Más aún en un Grand Slam. Sabe que es un arma sumamente letal.

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