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A siete años de la tragedia, la United Cup como oportunidad para la chilena Daniela Seguel

Daniela Seguel
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SANTIAGO, Chile – El reloj marcaba cuarenta y cinco minutos pasado el mediodía aquel 26 de noviembre de 2016 en la capital de Chile. En el Club de Tenis El Alba, ahí donde las calles del oriente de Santiago se empinan a mayor grado, se sentía un calor fuerte y seco, típico de un día de final de primavera.

En la cancha central del recinto municipal se vivió aquel día probablemente el evento más trágico que recuerde la historia del tenis desde el ataque con cuchillo a Mónica Seles en Hamburgo. Ese día, en la comuna santiaguina de Las Condes, todo se paralizó. La vida de Daniela Seguel Carvajal cambió para siempre. “Y ahora, ¿en quién me afirmo?”, se preguntaría los días posteriores.

Jorge Seguel, el papá de la tenista número uno de Chile y el pilar de su carrera, falleció a los 63 años mientras su hija disputaba la final del ITF Copa Las Condes. Seguel iba set arriba frente a la brasileña Paula Gonçalves, y se encaminada a un nuevo título, cuando todo comenzó a pasar de manera muy rápida e inesperada. Así recuerda Seguel los hechos.

“Ese día fue toda mi familia a verme, mis tíos, mis primos. Mi sobrino fue por primera vez a la cancha. En el sector de la galería donde estaban ellos veo que se empiezan a poner de pie, justo cuando yo estaba lista para recibir. Me acerco a esa esquina y me encuentro a mi papá con los ojos desorbitados, muy mal. En ese momento me largo a llorar. Se acercan el árbitro y la chica contra la que estaba jugando. Me sacan de ahí y les digo que mi papá estaba teniendo un problema”, recuerda la tenista de 31 años.

El hermano de Seguel subió al padre en su camioneta para llevarlo a la clínica más cercana. El torneo no contaba con una ambulancia. En medio de un ambiente muy enrarecido, la chilena siguió compitiendo; pensó en retirarse del partido, pero la gente que ella escuchaba le comentaba que el problema de su padre se trataba de un típico desmayo por el calor. Además, que su progenitor no tenía problemas del corazón en su historial médico. Eso la mantuvo en cancha.

“Yo no me imaginaba nada grave, total era un típico desmayo, estaba mi familia con él. Como pude seguí metida en el partido, aunque con mi cabeza también en el hospital”, explica a CLAY.

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Macarena Miranda acompañando a Daniela Seguel cuando le dio la noticia de que su padre estaba «crítico», durante la final de la Copa Las Condes 2016

Cuatro iguales. Estaba cerca de defender el trofeo que había ganado en 2015. Ahí entró la directora del torneo Macarena Miranda a la pista y le dijo a la chilena que su familia la necesitaba en la clínica, que su padre estaba en estado «crítico». Seguel soltó un grito desgarrador. Se largó a llorar de nuevo y dejó la pista velozmente. Camino a la clínica nunca pasó por su cabeza la idea de una tragedia tan grande: “Iba con la ilusión de que quizás estaba un poco más grave y que mi familia quería que estuviésemos juntos. Cuando llegué al hospital vi a todos destrozados. Ni siquiera me tuvieron que decir lo que había pasado”. Seguel padre había perdido la vida en el vehículo, camino al recinto médico, producto del paro cardiorrespiratorio sufrido en las tribunas.

Todos quienes hace minutos estaban gritándole desde las gradas esperando celebrar un título, luego estaban reunidos compartiendo un dolor inexplicable. Los Seguel, los Carvajal, los amigos de la familia. Jorge se había ido de forma inesperada..

El valor del recuerdo

Los meses siguientes a la tragedia fueron muy complicados. El recuerdo tan vivo de su padre le causaba un profundo dolor.

Con su madre, Mercedes Carvajal, pensaron en vender la casa porque vivir ahí se hacía insoportable. Siempre faltaba alguien.

“Me generaba mucho miedo pensar cómo volvería al tenis después de eso, porque el momento más triste de mi vida lo había vivido en la cancha, que es mi zona de confort. No sabía cómo me iba a sentir compitiendo, quizás le había agarrado un pánico, un miedo que por suerte no pasó…”.

La voz de Daniela se empieza a quebrar. Se sostiene un largo silencio, y Seguel expresa sus emociones, intentando reprimir el llanto para continuar con la conversación. Pide perdón a su entrevistador por algo que no es necesario disculparse.

“Normalmente no me pongo a llorar cuando doy entrevistas sobre mi padre”, aclara Seguel. Para ella no es tabú hablar de la muerte ni del duelo. Es más, a ella le gusta poner a su papá en palabras.

Daniela y Jorge Seguel // archivo familiar Seguel Carvajal

Al poco tiempo del fallecimiento de Jorge, Seguel y su madre se fueron tres meses de gira por Europa. Mamá e hija se apoyaron mutuamente. Seguel ganó en Barcelona un 60.000, el torneo más importante de su carrera. Cuando triunfó se lanzo al suelo, apuntó con los dedos al cielo, y luego camino a la red a saludar a su rival, besó su antebrazo, donde tiene tatuado el nombre de su padre.

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Al regreso, la idea de vender la casa se había disipado. Comenzaron a valorar cada recuerdo.

“La memoria de mi papá pasó a ser mi motivación. Seguí intentando, seguí luchando para cumplir mis sueños, que también eran sus sueños”, dice.

Tras la idea del retiro, una nueva oportunidad

Siete años después del día más triste de su vida, Seguel reflexiona sobre su carrera sin su sostén emocional, sin el hombre que le regaló su primera raqueta y quien la impulsó en el profesionalismo.

Lo hace viviendo en calma después de una tormenta reciente. No precisamente por el luto de su padre. El año 2023 fue para Seguel una temporada amarga con muchas lesiones, derrotas y una caída brusca hacia su peor ranking desde 2009. Lo pasó mal y no se sintió competitiva.

Sin dinero ni auspiciadores tuvo que despedir a su entrenador y su preparador físico, y así la idea del retiro penetró fuertemente en su cabeza.

El tenis da, y el tenis quita. Como la vida misma. En un año tan difícil llegó un fantástico regalo de Navidad. El buen cierre de año de su compatriota Nicolás Jarry (19° ATP) hizo que Chile sea el último clasificado a la United Cup. Así, de manera impensada, Seguel arrancará la temporada enfrentándose a la canadiense Leylah Fernández y a la griega María Sakkari.

Lo que aparte de significar un buen colchón económico para planificar más tranquilamente el año, es una chance para comparar su nivel con el de la elite: “Estuve todo el año jugando torneos 25.000, 40.000, el más grande fue el WTA 125 en Chile… y ahora jugar contra una top ten y otra finalista de Grand Slam, significa una tremenda motivación. Apenas supe comencé a trabajarlo a nivel mental”.

Se le presenta en Australia a Daniela Seguel una segunda oportunidad. Piensa que por qué no, volver a apuntar a las qualys de los torneos grandes. Está en un escenario opuesto al de hace algunos meses.

“Cuando me acerqué a la idea de retirarme me entró mucho miedo. Ni quería tomar la decisión solamente por el miedo a la incertidumbre, al no saber qué haría después del tenis”, confiesa.

Pero hubo en Daniela Seguel un miedo mayor. Casi aterrador.

“Sentía que le estaba fallando a mi papá porque no estaba logrando ser feliz. Él siempre me quiso ver disfrutando en el tenis”.

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