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Del oversize y las gorras al traje y el palacio: los 20 de Alcaraz son diferentes a los de Nadal

los 20 de Alcaraz
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NUEVA YORK – La vida es hoy más veloz que hace 20 años, pero los 20 de Alcaraz son también más veloces que los de Rafael Nadal. El número uno del mundo abraza su fama y su creciente estatus de «ícono fashion» de una manera que el 14 veces campeón de Roland Garros no hizo nunca, mucho menos en los inicios de su carrera.
Nadal huía de frases como las siguientes.
«Como deportista, no todos los días nos arreglamos, pero hay ocasiones especiales, sienta bien aparecer con un aspecto estupendo».
«Creo que a medida que he ido creciendo, definitivamente aprecio más un traje bien confeccionado».
Son las frases habituales de los relacionistas públicos insertadas anti-naturalmente en la boca de los protagonistas. Alcaraz no habla así, pero es lo que toca hacer cuando te patrocina Louis Vuitton y te lleva a un palacio del siglo XVIII en París para una sesión de fotos y video elegante y rompedora.
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La «colección Alcaraz» de Vuitton llegará a las tiendas el 31 de agosto, pero el jugador, o al menos eso le dijo a publicaciones especializadas en moda, está esperando la llegada a los escaparates de la colección de Pharrell Williams, la primera suya en condición de director artístico de la marca.
«Es un icono. ¿Hay algo que no pueda hacer?», comentó Alcaraz al hablar de Williams. «Como todo el mundo, estoy emocionado por ver lo que hace en Louis Vuitton».
Emocionado. Alcaraz ya había dado pistas en ese sentido, al ser presentado en julio como embajador de la marca, sumándose a la actriz estadounidense Zendaya y a la artista surcoreana J-Hope.
Carlos Alcaraz durante una magistral sesión de fotos videos para Louis Vuitton / LV
«Cuando oigo Louis Vuitton, pienso en elegancia y en la mejor marca de moda actual. Recuerdo que hace mucho tiempo, cuando era más joven, al ver a gente con bolsos y ropa de Louis Vuitton, siempre quise ser uno de ellos. La verdad es que estoy muy orgulloso. Para mí es un sueño formar parte ahora de la familia Louis Vuitton».
Un sueño que no tuvo Nadal a esa edad. Hace 17 años, con un Nadal también en sus 20, como el Alcaraz de hoy, la revista «People» abordó al equipo del mallorquín con una propuesta: que apareciera en la edición estelar de 2006 como uno de los «hombres más atractivos del mundo».
La respuesta fue «no». Por un lado; Nadal, se sentía un joven y no un hombre, aunque el título de Roland Garros 2005 ya le diera ese status. Por el otro, la estrategia de imagen y comunicación de aquellos primeros años apuntaba a que Nadal transmitiera juventud, energía y frescura.
Contraste perfecto con Federer, cinco años mayor y afín a lo elegante y lo clásico, a una imagen más señorial. El contraste potenciaba a ambos.

Los 20 de Alcaraz

Alcaraz, que este martes por la noche, con el alemán Dominik Koepfer como rival, debuta en el Abierto de Estados Unidos iniciando la defensa del título de 2022, no tiene esa necesidad. En parte porque ese contraste no es posible. Ni Novak Djokovic es señorial y elegante, ni sus rivales más cercanos generacionalmente han logrado la regularidad y persistencia que tanto Federer como Nadal tuvieron para darle forma a una rivalidad histórica.
Rodeado de espectadores fascinados por su juego y su personalidad y de rivales que buscan aún descifrarlo, la paradoja del Alcaraz en el centro del universo es que está en realidad bastante solo. Es una categoría en sí mismo y no hay nada a su altura. En sentido estricto, tampoco Djokovic, que a los 20 años estaba a años luz del Alcaraz de hoy.
La certeza del propio Alcaraz de que es un fenómeno único fue evidente en una reciente conversación que tuvo con Martina Navratilova en «Tennis Channel». La ex número uno, quizás la mejor jugadora de todos los tiempos, le preguntó por un tatuaje que se hizo en el brazo, y Alcaraz explicó que combinó en él tanto el título del US Open 2022 como la llegada al número uno. Y añadió, entre risas, que no le parece buena idea sumar un tatuaje por cada título de Grand Slam porque podría quedarse sin espacio en el brazo. «Sería un gran problema a resolver», dijo, y lanzó la carcajada.
Nadal, incapaz a lo largo de toda su carrera de teorizar sobre la eventual saturación de tatuajes de un brazo ante el exceso de títulos, tenía en 2006 aún trazas de timidez. Dependiendo del momento podía aparecer nervioso, huidizo y con la mirada clavada en el piso, aunque a esa altura ya fuera un showman de las ruedas de prensa, en las que se valía de su rudimentario inglés para divertir y divertirse. El Alcaraz de 2023 es cualquier cosa menos tímido. Ama el tenis, claro que sí, pero ama el show también, es protagonista dentro y fuera de los estadios con un sentido del espectáculo y goce del ego que Federer y Nadal nunca alcanzaron al mismo nivel.
Nació en El Palmar, Murcia, pero su alma parece californiana, neoyorquina. Tiene actitudes de filo-americano, de estadounidense amante del espectáculo a un nivel que Nadal jamás se permitió. Abrazó el look oversize y las gorras, y disfruta como muchos jóvenes de hoy de las posibilidades que ofrece el teléfono móvil. Tiene muy naturalizado el fotografiarse, el filmarse, el hablar ante la cámara. El Nadal de hace 17 años, no. En parte por el tipo de educación que recibió de sus padres y de su tío Toni, pero sobre todo porque era otro mundo: el móvil no era la medida de todo, las redes sociales tampoco.
Carlos Alcaraz y Eric Babolat acordaron la extensión del contrato del español con la marca que usa desde los diez años.
Alcaraz es un cabal producto de la tercera década del tercer milenio. Entiende a la perfección y ama sin reparos las lógicas de la exposición pública y del negocio. Nadal, cabeza de un imperio económico, vivió la exposición pública y los negocios con más contención. Lo que en él era muchas veces la boca torcida y la ceja izquierda enarcada, en Alcaraz va de le la sonrisa a la carcajada.
Esta semana, apenas terminado un entrenamiento con el italiano Jannik Sinner en el estadio Arthur Ashe, Alcaraz se fue corriendo a firmar a Manhattan la prolongación del contrato con  Babolat, la raqueta con la que juega desde los diez años: firmó por siete años más ante la mirada complacida del dueño de la empresa, Eric Babolat.
Y así como Nadal tuvo su propio modelo Babolat, una con el nombre de Alcaraz es inminente.
«Nunca hemos tenido una raqueta con el nombre de un jugador, pero Rafa es tan fuerte que decidimos hacer una. Quizá algún día hagamos una para Alcaraz, por qué no», dijo Babolat en 2022 durante una entrevista con CLAY en París.
Fue hace poco más de un año, pero parece un siglo: desde entonces, Alcaraz ganó el US Open, conquistó el número uno del mundo y este año Wimbledon. Ha logrado, en apenas un puñado de temporadas, mucho más de lo que un tenista profesional se atreve a soñar. Y lo suyo apenas está comenzando, a los 20 de Alcaraz.
+Clay  Tenis con traje de apicultor - Carta desde Londres (6)

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