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Djokovic, el reverso de Nadal camino a la retirada: “Físicamente soy capaz de recuperarme, pero mentalmente no”

Novak Djokovic durante el documental | Amazon Prime Video
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Rafael Nadal se retiró porque su cuerpo no le permitía seguir jugando al tenis. Su cabeza siempre quería más. Una temporada más, un Roland Garros más, una batalla más. El español no quería marcharse. Le obligaron las lesiones, el dolor y un cuerpo que, después de casi dos décadas al límite, ya no podía acompañarlo.

Novak Djokovic está llegando al mismo lugar por el camino contrario. Rozando los 40 años, su cuerpo todavía puede jugar y aguantar. Es su cabeza la que empieza a preguntarse cuánto tiempo más.

Esa es probablemente la reflexión más interesante de ‘Novak Djokovic, el Lobo en invierno’, el nuevo documental de Amazon Prime Video. Djokovic no pone una fecha a su retirada. Ni siquiera parece tenerla en mente. Al contrario: insiste en que mientras conserve la pasión, el empuje y la capacidad de ganar grandes torneos, seguirá adelante.

 

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Pero por primera vez explica con una claridad extraordinaria qué es lo que puede acabar con su carrera. No es una rodilla. No es un codo. No es la espalda. Es el cansancio y el peso de ser Novak Djokovic.

“Físicamente soy capaz de recuperarme, pero mentalmente no. No logro recuperarme. Mentalmente estoy en un punto en el que casi estoy perdiendo la cabeza”, reconoce. Y continúa: “Piensas de forma lógica que al hacerte mayor, como tienes más experiencia, sabrás cómo gestionar mental y emocionalmente el estrés y la presión. Pero el cuerpo tal vez ya no te escucha tanto. En mi caso es al revés: es el cerebro el que… es como si ya hubiera tenido suficiente”.

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La reflexión rompe con una de las grandes ideas asociadas a la longevidad deportiva. Con la edad debería costar más recuperar el cuerpo y resultar más sencillo gestionar la cabeza. La experiencia debería enseñar a convivir con la presión, a relativizar una derrota, a entender los éxitos de otra manera.

A Djokovic le está ocurriendo lo contrario. “Los días de entrenamiento, la prensa… y las expectativas… Principalmente se trata de mis propias expectativas”, explica. Porque para alguien que ha ganado 24 Grand Slams, ha sido número uno durante más semanas que nadie y ha construido buena parte de su carrera alrededor de la capacidad de superar lo imposible, el listón está a una altura desmedida.

“La maldición de haber conseguido todos los logros posibles en nuestro deporte es que cualquier cosa por debajo de eso no es suficiente. La sensación de ‘no ser suficiente’ lleva conmigo muchísimo tiempo, y sigue conmigo”.

Novak Djokovic, junto a su padre durante el documental

“Nunca será suficiente”

Ahí aparece quizá la verdadera batalla que mantiene abierta su carrera. “Quiero demostrar a la gente que se equivoca”, admite. Pero inmediatamente corrige el destinatario principal del mensaje: “Sobre todo, quiero demostrármelo a mí mismo”.

Porque Djokovic convive con una voz interior que le pregunta si todavía puede hacerlo. Si todavía está al nivel de los mejores. Si todavía puede ganar un Grand Slam. Y esa duda, después de haber pasado media vida respondiendo a dudas ajenas, parece haberse convertido en su rival más difícil.

Jelena Djokovic lo explica de una manera todavía más cruda: “Lleva encima la carga de sentir que nunca es suficiente. Da igual todo lo que haga, nunca será suficiente”.

Es una frase que ayuda a entender por qué Djokovic sigue. Y también por qué podría marcharse. El tenis ha sido durante décadas su lugar de plenitud, el espacio donde se siente valioso. Pero ya no es toda su vida. Ahora es marido, padre y todas esas otras cosas que reclaman una parte de él. Y el precio de seguir compitiendo no afecta únicamente al jugador.

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“Ya no puedo estar 100% dedicado al tenis, ya no es mi vida. Necesito ser esposo, padre… necesito ser todas las demás cosas. Esta es la batalla: ¿Durante cuánto tiempo debería seguir haciendo esto? ¿Por qué estoy haciendo pasar a mi familia y a mí mismo por esto una y otra vez?”

 

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Es la misma pregunta que, posiblemente, Nadal tuvo que responder antes de despedirse. Pero los contextos y las respuestas son distintos. Nadal quería que su cuerpo le concediera una oportunidad más. Djokovic necesita saber si su cabeza todavía quiere concedérsela.

Por eso resulta tan revelador que no sepa cuándo terminará. “Sinceramente, me sigo sintiendo joven, no sé cuándo voy a terminar mi carrera. Puede que sea dentro de un año o dentro de quince, no lo sé”, dice. “Mientras tenga el empuje, la pasión y, sobre todo, mientras sienta que puedo ganar torneos y ser uno de los mejores jugadores del mundo, quiero seguir adelante. El primero que duda está aquí, soy yo. Y estoy intentando demostrar que me equivoco más que a nadie”.

El problema es que, por primera vez, la duda no está en si Novak Djokovic todavía puede ganar. Está en si todavía quiere pagar el precio de hacerlo.

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