PARÍS – Rafael Nadal recurrió a la ayuda de un psiquiatra para salir de su época más oscura, aquella temporada entre 2015 y 2016 en la que la ansiedad venció al hombre que acabaría conquistando 22 Grand Slam.
“Si no tenía una botella de agua en la mano, no me podía tragar la saliva. Se me quedaba seco el cuello y me ahogaba con mi propia saliva”, admite el campeón de 14 Roland Garros en uno de los cuatro capítulos de RAFA, la docuserie que estrena Netflix el 29 de mayo.
Cuando se recuerda todos los rivales que ha encontrado Nadal en su propio cuerpo a lo largo de su carrera, lo normal es pensar en las rodillas, el pie, la muñeca, la cadera… Rara vez aparece en esa lista el cerebro. Pero la nueva serie deja claro que la cabeza pasó de ser aliada a enemiga para sumir al español en su peor crisis.
“El 2015 fue el peor año. Es la única vez que he jugado toda la temporada de tierra sin ganar un solo torneo. Tenía menos energía, menos capacidad de concentración. Algo evidentemente no estaba funcionando bien. Salía a la pista pensando ‘a ver qué va a pasar hoy’”, señala Nadal.
“No tenía el control, pensaba que estaba haciendo el ridículo y aquel partido es el reflejo de mi día a día durante meses”, añade el tenista de Manacor mientras recuerda el encuentro ante Novak Djokovic en los cuartos de final de Roland Garros 2015, cuando perdió 7-5, 6-3 y 6-1. Aquella fue la segunda derrota de su carrera en París, un torneo en el que terminó con un récord de 112 triunfos y apenas cuatro partidos perdidos.
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Durante aquella sequía de grandes títulos -estuvo tres años sin ganar un Grand Slam-, Nadal habló de la ansiedad y de cómo le costaba manejar la respiración y encontrar la calma. La docuserie de Netflix, sin embargo, va un paso más allá en ese relato. “Siempre ha vivido con ansiedad, pero no como en esa época. No conseguía salir de su estado de ansiedad. No podía”, recuerda María Francisca Perelló, Xisca, su mujer.
“Yo sabía que era ansiedad, pero no podía encontrar una solución. Intentaba hacerme creer que las cosas iban mejor pero no. No podía”, continúa Nadal. “Fueron los dos años más difíciles de mi carrera. Después tuve que recurrir al psiquiatra y me dijo que probablemente era por todos estos años de alta exigencia y vivir continuamente con una sensación de estrés”.
Los relatos de los protagonistas en la docuserie dejan claro que aquella crisis supuso un punto de inflexión en la relación entre Nadal y su tío Toni, su entrenador de toda la vida. De hecho, a finales de 2016 el tenista decidió incorporar a su equipo la figura de Carlos Moyà, que un año después se quedaría ya como primer entrenador.

“Estuve cerca de parar de jugar al tenis durante una temporada. Estaba cansado de mi día a día, pero Toni no era un gran amante de los descansos. Él creía que el camino más recto a la recuperación era seguir jugando”, admite Nadal. “La relación con Toni a nivel profesional no estaba mal, pero yo a lo mejor necesitaba que mi cabeza escuchara un mensaje distinto. Se tomó la decisión de que era necesario incorporar a otra persona”.
“Yo le dije a Toni que tenía que Rafa descansar más, pero a Toni supongo que no le gustó. Él pensaba que todo lo que era proteger a Nadal era debilitarlo como competidor”, continúa en esa línea Joan Forcades, preparador físico del tenista mallorquín.
Toni también tiene voz en esta parte del documental: “Yo no he visto a nadie progresar descansando. No le dí tanta importancia. Pensaba ‘Si trabajamos, vamos a salir de esta’”.
Nadal nunca se tomó aquel descanso ni dejó de competir en ningún momento. Pero aquella crisis de 2015 y 2016 sentó las bases del Nadal que acabaría conquistando ocho títulos más de Grand Slam entre 2017 y 2022.
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