MADRID — Hay regresos que permiten tiempo. Un torneo pequeño, un rival amable, un par de partidos para volver a sentir las piernas, medir la muñeca y recuperar automatismos. Carlos Alcaraz no tendrá nada de eso. Tendrá que aterrizar y brillar.
Después de más de cuatro meses sin competir, el español anunció este jueves que volverá directamente en el US Open. En Nueva York, ante un cuadro de Grand Slam, con la presión de defender el título y con partidos al mejor de cinco sets desde el primer día. El torneo comienza el 30 de agosto y Alcaraz llegará sin haber disputado un solo encuentro oficial desde que se retiró a mediados de abril en el ATP 500 de Barcelona por una lesión en la muñeca derecha.
Alcaraz al principio no pudo correr. No pudo volver en Roland Garros. Tampoco en Wimbledon. Después renunció al Masters 1000 de Canadá. Y cuando pudo correr, no quiso: el primer objetivo real que se puso fue reaparecer en Cincinnati antes del US Open, pero acabó declinando porque todavía no se sentía preparado. La prioridad fue siempre la misma: curar la muñeca, recuperar la confianza en ella y evitar que una vuelta precipitada convirtiera una lesión seria en un problema mucho mayor.
Ahora está listo para intentar defender la corona. Sin embargo, eso no significa necesariamente estar preparado para todo lo que exige un Grand Slam. Ahí está el verdadero reto al que se enfrenta Alcaraz. Porque una sesión de entrenamiento puede demostrar que la muñeca responde. Puede permitir recuperar velocidad, intensidad, servicio, derecha, revés. Alcaraz incluso ha podido medirse en Murcia con Holger Rune, una de esas pruebas que su equipo buscaba para comprobar cómo reaccionaba su cuerpo. Las condiciones han sido muy parecidas a las de Nueva York, con humedad y un calor desmesurado en las horas centrales del día.
Pero hay cosas que no se entrenan. Andy Roddick lo resumió recientemente en Served: no hay forma de reproducir en los entrenamientos las condiciones de un partido al mejor de cinco sets. El desgaste físico, la tensión competitiva, las tres o cuatro horas de partido, la obligación de mantener la intensidad cuando el cuerpo empieza a protestar, la recuperación del día siguiente… Ese es el examen que espera a Alcaraz después del parón más largo de su carrera.
“A nadie le va a gustar oír esto, pero creo que es realmente difícil volver y que tu primer torneo sea al mejor de cinco sets”, dijo Roddick en su podcast unos días antes de conocer la decisión final de Alcaraz. “Es simplemente que, cuando te tomas tu tiempo y has sido tan diligente a la hora de mantenerte a salvo y no actuar de forma irresponsable, el riesgo reaparece: de repente, te ves jugando un partido a cinco sets en la primera ronda del US Open. Eso iría en contra de todo lo que ha hecho hasta ahora al tomarse las cosas con calma y ser paciente con su lesión”.
Alcaraz y su equipo, sin embargo, están convencidos al 100% de que ha llegado el momento de regresar. Son conscientes de la dificultad que conlleva hacerlo en un Grand Slam, pero también es cierto que la lucha por el último grande del curso está muy abierta: Jannik Sinner arrastra problemas en la rodilla, Alexander Zverev no ha brillado especialmente en la gira americana y Novak Djokovic sigue siendo una incógnita.
Campeón en el Open de Australia en enero, Alcaraz tiene la posibilidad de cerrar el año con otro grande en el bolsillo, de demostrar al mundo que, como los más grandes, es capaz de reaparecer al mejor nivel tras una larga lesión.
Alcaraz no tendrá un Cincinnati para tantear el terreno. No habrá un torneo de transición. El primer partido será ya un examen de Grand Slam. Sin red. Sin posibilidad de ir poco a poco. Y quizá esa sea la parte más fascinante de su regreso.
Durante cuatro meses, la pregunta fue cuándo volvería Carlos Alcaraz. Ahora que la respuesta ya existe, empieza otra mucho más difícil: ¿cuánto tardará en volver a ser Carlos Alcaraz?





