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Un “alien” en el pie de Nadal y un cuerpo hecho trizas: “Tengo dos perforaciones en los intestinos”

El pie de Nadal, una de las imágenes del documental RAFA | Netflix
El pie de Nadal, una de las imágenes del documental RAFA | Netflix
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PARÍS — Un pie partido por la mitad, agujeros en tendones y en los intestinos, una rodilla destrozada, inyecciones de antiinflamatorios, noches en vela y visitas a médicos de medio mundo: RAFA, la nueva docuserie de Netflix, bucea en el historial de lesiones de Rafael Nadal hasta revelar algunos detalles inéditos de la lucha que mantuvo el español contra su propio cuerpo. Declaraciones e historias que rompen la barrera de lo que se sabía del sufrimiento del tenista español.

“¿Tienes un alien?”, le pregunta Carlos Moyà, su entrenador, en un momento de la temporada 2024 mientras Nadal se descalza para que su fisioterapeuta, Rafael Maymò, le masajee. En ese instante, Nadal se quita el calcetín y descubre un enorme huevo en el empeine del pie izquierdo. Maymó lo toca, “está blandito”, dice, y en el equipo bromean con semejante bulto.

Ese “alien” es una de las imágenes más impactantes de la docuserie, el ejemplo perfecto de un cuerpo hecho trizas. Porque no hay nada que haya machacado más a Nadal que ese pie izquierdo, el mismo que se partió en octubre de 2005 y que estuvo a punto de retirarle con 19 años.

Imagen del pie de Nadal en un momento de la temporada 2024 | Netflix
Imagen del pie de Nadal en un momento de la temporada 2024 | Netflix

Netflix viaja hasta aquel otoño de 2005 en el que Nadal conquistó el Masters 1000 de Madrid con una remontada increíble ante Ivan Ljubicic (3-6, 2-6, 6-3, 6-4 y 7-6). En aquel partido, sin embargo, el español notó algo extraño en el pie izquierdo. “No le di tanta importancia y pensé que igual en unos días se me pasaba”, recuerda Nadal. “Pero fuimos al hospital en Shanghai, me hicieron una resonancia y me dijeron ‘Tienes el escafoides roto’”.

Nadal regresó de aquella Copa de Maestros sin poder jugar, pero convencido de que al cabo de pocas semanas el pie respondería como antes. Para nada: en ese pie había algo mal desde hacía muchos años. El “crac” de Madrid fue solo la consecuencia. “Nos dimos cuenta de que había una enfermedad crónica en el escafoides. Es una enfermedad rarísima. Cogimos toda la bibliografía mundial y en toda la casuística no había un solo caso de un deportista de élite”, recuerda en la docuserie Ángel Ruiz-Cotorro, el médico que ha acompañado toda la vida a Nadal.

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Los Nadal contactaron entonces con el doctor Ernesto Maceira, experto en la enfermedad que sufría el jugador, bautizada como Müller-Weiss. Y les dijo que lo más sensato era operar. “Había que cortar huesos y desviar la posición del pie. El doctor me dijo ‘A lo mejor no vuelves a jugar al tenis a un nivel profesional nunca mas’”, cuenta Nadal. “Mi mundo de aquel momento se estaba derrumbando. Yo me quedo destrozado, pero mi padre es una persona muy positiva y cuando yo estaba llorando muchas veces, él venía a consolarme”.

El padre, Sebastià Nadal, llevó a su hijo a varios médicos hasta que llegaron a la conclusión de que lo mejor era probar unas plantillas para cambiar los apoyos. “El pie me seguía doliendo, pero era un dolor que yo podía aguantar. El dolor nunca ha desaparecido, pero lo podía tolerar”, recuerda Nadal.

Esa lesión supuso una revolución para Nadal. El tenista, que por entonces solo había ganado un Roland Garros, tenía la duda normal de qué iba a ser de él con un problema crónico que le generaba tanto dolor. “El tenis para mí se volvió una carrera contrarreloj. Tener la duda siempre dentro de mi cabeza de a ver cuánto puedo durar con este pie. Siempre pensaba ‘a lo mejor es el último año, así que no hay tiempo para parar. Tengo que ir al límite hasta el final’”, dice Nadal en la docuserie.

Esa idea flota constantemente en las casi cuatro horas que dura la serie en total. Y hay una frase que pronuncia el campeón de 22 grandes que resume muy bien la lucha contra su cuerpo y la búsqueda de los límites:. “En mi carrera he tenido que tomar decisiones sobre mi salud en las que estás en el límite de lo correcto y lo incorrecto. La línea es fina, pero si no hubiera explorado a lo mejor tendría 10 Grand Slam menos. No te digo uno o dos, te digo a lo mejor 12”.

“Mi rodilla quedó destrozada”.

“El tendón tenía un agujero”.

“El hecho de jugar con una plantilla toda mi carrera me desestructuró todo el cuerpo”.

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Todas estas son citas de Nadal en la docuserie, que revela un desencuentro entre el tenista y su equipo cuando en 2013 el campeón de 14 Roland Garros decide atiborrarse a antiinflamatorios para poder soportar el dolor en las rodillas.

“Se hace duro convivir con el dolor que él sufre a diario y verlo tomar tantos antiinflamatorios que podían ser perjudiciales para su salud. Llegó un momento en que Rafa llevaba sus propios antiinflamatorios. Llegó a utilizarlos no porque tuviera dolor, sino para que no apareciera el dolor”, cuenta Maymó, su fisioterapueta.

Rafael Maymò durante una sesión de fisioterapia con Nadal | Netflix
Rafael Maymò durante una sesión de fisioterapia con Nadal | Netflix

“Estoy jugando con muchos antiinflamatorios. Voltarén por la noche e inyección de Voltarén intramuscular antes de cada partido”, recuerda Nadal sobre aquella época. “Yo tengo las medicinas y me las tomo cuando yo creo que me las tengo que tomar. De hecho, tengo dos pequeñas perforaciones en los intestinos, pequeñas perforaciones que te van creando tanto antiinflamatorio”.

Pero si hay un momento en el que va al límite del límite, es Roland Garros 2022. Tras ganar el primer partido a duras penas, Nadal apenas se podía mover del dolor que tenía en el maldito pie izquierdo. La escena que relata en Netflix es surrealista.

“Yo acabo mi primer partido y mi padre me tiene que llevar a hombros hasta la habitación. Estoy con mucho dolor y no duermo ni un minuto en toda la noche. Pensando, pensando, pensando. Por la mañana llamé a Cotorro (su médico)  y le dije ‘¿Hay alguna manera de dormir el nervio sensitivo sin que afecte al nervio motor?’ Me dijo ‘Sí, podemos probar”’”

“Pero desde el punto de vista médico para mí hasta aquí hemos llegado porque te puedes romper el tendón”, relata el propio Cotorro sobre aquella conversación.

Nadal no se rompió el tendón. Fue al límite por enésima vez y esta vez también ganó, porque acabó conquistando su décimo cuarto Roland Garros jugando seis partidos con el pie dormido. El pie que se le partió en 2005, el pie del “alien”, el pie que casi le priva de escribir una historia al límite, siempre al límite.

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