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    El «peligro» Dimitrov y el acierto de interpretar a Nadal: Martínez Cascales y los secretos del «mundo Alcaraz»

    PARÍS – “Me tengo que jubilar, ya se lo he dicho a Juan Carlos. Pero no me hace caso”.

    El que se quiere jubilar (aunque no habla en serio) es Antonio Martínez Cascales. Y Juan Carlos es Ferrero, el jugador al que Martínez Cascales llevó en 2003 al número uno del mundo, el mismo Ferrero que dirige hoy la carrera del jugador más vibrante del circuito, Carlos Alcaraz.

    Martínez Cascales tiene 64 años y la misma calva que exhibe hace décadas. Sí, una buena edad para jubilarse. Pero es imposible. Él no solo ama el tenis, sino que además no es ningún tonto. Y habría que ser tonto para colgar la raqueta precisamente cuando un Alcaraz se te cruza en el camino.

    “Yo soy hoy el entrenador del entrenador. Cuando Juan Carlos quiera descansar algunas semanas, Carlos irá conmigo. A Brasil fui yo de coach y a Queen’s está previsto que vaya yo también. Se va fácil de viaje con él…”, explica Martínez Cascales a CLAY en la antesala del debut de Alcaraz en Roland Garros, en el final de la tarde europea de este domingo, con el argentino Juan Ignacio Londero como rival.

    Primero fue Ferrero, ahora es Alcaraz. ¿Está Cascales tocado por la varita mágica?

    “Tener dos historias así desde luego no lo esperas. Es cierto que hace unos años tuvimos un alumno en el que teníamos una confianza muy muy grande, Nicola Kuhn, un alemán que nació en Austria pero vivió toda su vida en España. Lo tuvimos cinco años, pero se arruinó. Era muy, muy prometedor, estuvo con nosotros desde los 12 a los 17. Cosas que pasan, a veces se toman decisiones equivocadas…”.

    Fracasada la apuesta por Kuhn, otro joven se apareció por la Academia Equelite, en Villena, cerca de la ciudad española de Alicante.

    “Se fue Kuhn y al año apareció este chico, Carlos Alcaraz. Fue en el verano de 2017 y enseguida le vi que tenía un gran talento, aunque, obviamente, a sus 14 años era desordenado, y con un saque técnicamente malo”.

    Alcaraz es también un hombre de suerte, porque ese saque desordenado de cinco años atrás es hoy una de las claves de su juego.

    “Juan Carlos se obsesionó con que tenía que cambiar ese saque, hizo bastantes pruebas. Ha mejorado mucho, está sacando muy bien los dos abiertos. Solo le falta más continuidad con el saque en partidos en pista dura”.

    En la inevitable comparación con Rafael Nadal, Alcaraz saca ventaja en ese aspecto, porque no es precisamente el saque la mejor virtud del ganador de 21 títulos de Grand Slam.

    ¿Saca Alcaraz mejor que Nadal?

    “Sí, sí”, concede Cascales. “Y creo que en un año va a conseguir un saque muy confiable”.

    ¿Qué vio el hombre que llevó a Ferrero a la cima el día del primer entrenamiento de Alcaraz en Villena?

    “Me entusiasmé desde el principio, aunque hay que ser prudente, por muy bueno que sea el niño. Este chico hacía cosas diferentes y le gusta mucho, muchísimo el tenis. Es trabajador y muy agradecido en la pista. Eso es lo que más apreció Juan Carlos, que al único que entrenó antes fue a (Alexander) Zverev por siete u ocho meses”.

    Ferrero debe haber visto algo muy especial en Alcaraz también en aquel día de verano de 2017. Porque fueron muchos los que le pidieron que los entrenara, y a todos los fue rechazando: nadie le hacía sentir lo que le hacía sentir Alcaraz.

    Denis Shapovalov, Dominic Thiem, Juan Martín Del Potro, Simona Halep, David Goffin, Marin Cilic, Stefanos Tstsipas: todos recibieron un “no” de Ferrero. La apuesta era Alcaraz.

    “Y eso que yo le decía que Thiem le pedía que lo entrenara solo 15 semanas, y que eso era compatible con llevar a un chico de 15 años, que incluso podía servir de sparring. Pero Juan Carlos dijo que no, no, no, que quería estar con Carlos solo…”.

    Ferrero sigue en gran forma física y tenística, necesaria para seguirle el ritmo a un Alcaraz con toda la fuerza de un “teenager”.

    A Cascales le gusta el estilo Alcaraz.

    “Carlos es humilde, cada vez que termina un entrenamiento te da las gracias. Y cuando yo estoy en la pista, aunque no haya entrado,  también te da las gracias. Entiende mucho de tenis, su padre también sabe de tenis. Y desde que está con Juan Carlos ejerce de padre, ya no de entrenador. Antes era entrenador en las sombras”.

    El joven Alcaraz (“Carlitos”, diría él) vivía en su casa de El Palmar, en Murcia, a 15 kilómetros de la academia. Iba y venía, porque debía estudiar. Hasta que camino a cumplir los 16, Cascales y Ferrero le dijeron a los padres del proyecto de crack que lo necesitaban a tiempo completo en la academia, que debía vivir allí.

    “Más que nada por tenerlo más controlado. Los amigos son buena gente, pero no están focalizados en el tenis. No queríamos que los fines de semana y las fiestas influyeran”.

    Dicho y hecho. Alcaraz se compromete más aún con su entrenamiento. Los resultados comenzaron a llegar.

    “Como persona me impresiona la naturalidad y cercanía que tiene con todo el mundo, la cercanía con todo el resto de la academia. Juega con ellos al fútbol, a las cartas, a la play. Con los empleados, con los de mantenimiento…”

    “Y a nivel tenístico está claro que tiene un talento enorme. Me impresionó la primera vez que vi jugar a Grigor Dimitrov. A los 17. Y más de una vez le he puesto ese ejemplo a Carlos”.

    ¿Qué ejemplo? “Es cierto que Dimitrov ganó un Masters jugando a la perfección, pero no ha sido tan bueno como pensaba que iba a ser, le ha faltado tal vez centrarse un poquito más. Seguramente ha trabajado mucho, pero si hubiera trabajado un poco más duro quizás sería mejor, y ese ejemplo se lo he puesto a Carlos: ‘Juegas muy bien, pero no mejor que Dimitrov a los 17’. Es algo que hice también para motivarlo”.

    Lo cierto es que, al mismo tiempo que le mentaba el ejemplo de Dimitrov, Cascales vivía de asombro en asombro con Alcaraz.

    “Yo me iba a ver los entrenamientos, y siempre, en cada uno, veía algo excepcional un golpe impensado. Esto no lo había visto con nadie. Valía la pena estar dos horas allí, veías cosas de otro mundo”.

    Las similitudes con la explosión de Rafael Nadal en 2005 son evidentes, Cascales no tiene dudas.

    “El paradigma de Nadal es claro en todo esto. Y lamentablemente los chicos se impregnan muchas veces equivocadamente de ese paradigma. Ves niños de 13, 14, 15 años y los ves celebrar el punto como Nadal, pero cuando no toca. En cambio Carlos lo ha interpretado bien, celebra cuando toca, como Nadal. Ha crecido viendo esto, pero sin que alguien se lo hubiera dicho quizás tampoco lo hubiera interpretado bien”.

    Cada tanto, Cascales y Ferrero tienen discusiones acerca de la velocidad a la que está evolucionando Alcaraz.

    “Juan Carlos le está transmitiendo tranquilidad y serenidad en todo, pero también en la pista. Intentamos que lleve la velocidad adecuada. He hablado con Juan Carlos del tema: no le cortemos, le digo yo. ¡Es que va muy deprisa!, me dice Juan Carlos”.

    “Juan Carlos lo ha contenido siempre un poco, y de no haber habido pandemia hubiera ido más deprisa aún, tenía wild cards en cinco torneos muy importantes en 2020”.

    Cascales confía en lo que Alcaraz pueda hacer en Wimbledon.

    “Lo veo bien para la hierba. A él le gusta. Con su juego de tiros muy rectos, el slice de derecha y de revés lo da sin problema. Y está subiendo con segundo saque. Además, algo importante: en la hierba paga mucho la improvisación, y Carlos tiene el talento para improvisar”.

    Pero antes está Roland Garros, claro. ¿Alcaraz campeón?

    “Él ya nos lo dijo: soy el número seis, hay cinco más favoritos que yo. Pero claro que puede, aunque es dificilísimo. Y también puede perder en primera ronda”.

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    Ex jefe de Deportes de DPA y de La Nación, ex presidente de la International Tennis Writers Association (ITWA). Autor de "Sin Red", un viaje por el mundo siguiendo a Roger Federer y Rafael Nadal, y de "Enredados", sobre el equipo argentino de Copa Davis. Cubrió más de 60 Grand Slams y entrevistó a los principales protagonistas de la escena del tenis en los últimos 30 años.

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