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    La cadera de Andrés – Carta desde Melbourne (6)

    MELBOURNE – En el año 2017 el doctor le daba a Andy Murray una buena y una mala noticia.

    ¿Cuál es la buena?

    «El problema que tienes en tu cadera se puede arreglar».

    ¿Y la mala?

    «No vas a poder jugar al deporte de manera profesional de nuevo».

    La cadera de Andy contra todo pronóstico médico

    Murray jugó por 20 meses con dolor hasta no querer aguantar más. Y el Abierto de Australia 2019 pasó a ser uno de los eventos más significativos de su carrera, porque llegaba el final. Antes del arranque del cuadro principal, dio una conferencia de prensa para anunciar que dejaba el tenis. Devastado y llorando. No podía con más sufrimiento físico, y ni para llegar a despedirse en Wimbledon le daba.

    En uno de los momentos más especiales en el tramo final de la carrera de Murray, después de jugar diez horas divididas en diez sets, y ganar a dos jugadores en su plenitud física como Matteo Berrettini y Thanasi Kokkinakis, volvió a asomar Roberto Bautista Agut. Un jugador que nadie habría pensado que sería relevante a la hora de examinar la carrera del escocés.

    Las grandes batallas, las grandes rivalidades, eran libradas con el resto del Big Four. En realidad, un grupo que no existe, según Mats Wilander. Es el Big Three, y el término ‘Big Four’, como dijo alguna vez el sueco, se empezó a utilizar así porque era Nadal, Federer y Djokovic junto con Murray los que habitaban cada semana las semifinales de los torneos, pero la mayoría de las veces era cualquiera menos el británico el que se llevaban los títulos.

    Y claro, es que no existe el Big Four. No es justo comparar a un ser humano con atletas de otra dimensión. Pero igual Murray se las arregló para ser el «mejor de los mortales» en esta era siendo número uno del mundo, ganando tres Grand Slam y dos oros olímpicos.

    Murray en 2019 compartió en sus redes la radiografía de su nueva cadera.

    Y volviendo a Bautista. El español fue quien lo retiró. Su rival en el «último baile» que no fue, porque un tiempo después de ese emotivo partido de cinco sets en la Melbourne Arena del Abierto de Australia, Murray decidía adquirir un nuevo engranaje para su máquina. La cadera metálica lo devolvió al tenis y un trabajo asombroso lo llevaron a una tercera ronda de Grand Slam superando batallas larguísimas y que parecían perdidas frente a otros más favoritos.

    Apareció el ex número 9 del mundo. Probablemente el peor rival posible para quién está machacado físicamente, sobre todo después de un partido que duró casi seis horas y que acabó a las 4 de la mañana. Murray durmió sólo tres. Tenía que trabajar en sanar sus ampollas y darse baños de hielo para llegar al partido con opciones.

    Luchó mostrando su talento, esfuerzo y esa defensa alucinante que cuenta con posiblemente la mejor anticipación de tiros de la época. Disfrutó la energía de la gente y se le vio pasándola bien. Pero Bautista fue mejor. Le ganó en Australia una vez más, aunque en esta no lo dejó como un ex tenista.

    Queda Murray todavía, y contra todo pronóstico médico: «Creo que disipamos el mito en los últimos cinco días. Buenas noches». 

    Buenas noches desde el sureste de Australia para ustedes. Seguimos mañana.

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    Reporteando el tenis alrededor del mundo desde hace 10 años. Ha colaborado con medios como La Tercera, Cooperativa, Infobae, y Racquet. Fundador del ex programa de radio Tercer Saque. Pluma & Lente es su espacio personal donde cuenta sus viajes y aventuras.

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