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Alcaraz no quiere ser Del Potro

Carlos Alcaraz
Carlos Alcaraz, en una imagen de sus redes sociales / CARLITOSALCARAZZ
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El tenis no es gratis. Si Jimmy Connors, Guillermo Vilas, Bjorn Borg o John McEnroe hubieran exigido sus articulaciones y ligamentos de la manera en que lo hicieron y hacen jugadores como Rafael Nadal, Novak Djokovic o Carlos Alcaraz, sus carreras habrían sido mucho más breves, mucho peores.

La frontera del superhumano se corre cada vez más, y de ese progreso científico, médico y físico se aprovecharon las últimas generaciones del tenis: la de Nadal, Djokovic, Roger Federer y la de Alcaraz, Jannik Sinner y acompañantes.

Pero mover esa frontera no es gratis, tiene costos y peligros. Algunos saltan a la otra dimensión sin problemas y otros pagan un costo que arruina sus carreras. Lo sabe Alcaraz, sabe el español que él no quiere ser Juan Martín del Potro, el gran talento argentino que nunca le encontró la solución a sus problemas de muñeca y se retiró con un título de Grand Slam y una Copa Davis cuando estaba claramente destinado a complicar seriamente al “big three”. O a darle forma a un “big four”.

“Juan Martín se apresuró, insistió en operarse cuando lo aconsejable era esperar”, dijo a CLAY en el tramo final de la carrera del argentino uno de los hombres que lo acompañaba.

Es fácil decirlo, sin embargo, y es difícil hacerlo. ¿Qué debía hacer Del Potro, que se sabía destinado a ser alguien grande, pero realmente grande en el tenis? ¿Esperar, mientras los meses y los años se iban, o atacar el problema para volver sano al circuito?

El argentino optó por operarse cuatro veces la muñeca -tres veces la izquierda, una la derecha-, pero nunca logró jugar sin molestias. Molestias que eran físicas y mentales, y que se extendían a otros sectores de sus 198 centímetros y 97 kilos: fueron en total nueve las operaciones, y los problemas se multiplicaron también en la rodilla derecha, también operada cuatro veces.

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De nuevo: la frontera del superhumano en el tenis se puede cruzar, pero no todos salen indemnes. En el caso de Del Potro, mover sus casi dos metros de talento sin límite, con esas derechas y reveses devastadores, terminó siendo devastador…. para sus articulaciones y para su carrera.

El tenis de hoy no tiene nada que ver con aquel que hace décadas permitía pararse de costado y señalar la pelota antes de impactar, tal como aún enseñaban algunos profesores a los aficionados hasta hace poco.

Vilas fue uno de los que horadó ese clasicismo del tenis utilizando el “open stance”, el pegarle de frente a la pelota para ganar tiempo y quitárselo al rival.

Pero Vilas, ganador de 62 torneos, cuatro de ellos de Grand Slam, es así y todo la prehistoria si se lo compara con lo que la preparación física, las raquetas y las pelotas permiten hacer hoy a los jugadores.

Florecen como nunca los golpes entre las piernas, los drop shots, los saques de abajo, los impactos de espaldas, los passing shots imposibles. Pero por más habilidosos que sean los jugadores de hoy, no lo son más que los de los ’70 y ’80: simplemente disponen de otras armas.

Ni Connors ni McEnroe tenían la preparación física, flexibilidad y resistencia de los jugadores de hoy, ni ninguno de ellos contaba con estas raquetas mágicas de las que salen golpes de fábula.

John McEnroe, Vitas Gerulaitis, Guillermo Vilas y Bjorn Borg / ARCHIVO

La magia de hoy que nutre los highlights de Tennis TV tiene su costo: aquellos golpes con raquetas que despedían menos y que requerían de todo el cuerpo -más brazo que muñeca- estresaban menos las articulaciones que estos golpes de hoy. Ser fuertes y flexibles -muy flexibles- es más importante que nunca, porque el nivel de aceleración, exigencia, impacto y desgaste en las muñecas y los tendones en general no se puede comparar con el de entonces.

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Por eso es que los pronósticos acerca del regreso de Alcaraz, que renunció a jugar Madrid, Roma y Roland Garros por problemas en la muñeca, deben anclarse en la prudencia.

“Quien hable en estos momentos de un regreso en Queen’s o, como muy tarde, en Wimbledon, es decir, en la temporada sobre hierba, quizá sea un poco demasiado optimista, dada la situación y la localización de la lesión”, escribió recientemente Luigi Ansaloni en “La Gazzetta dello Sport”.

“A sus 23 años, y con una carrera aún muy larga por delante, todos los que rodean a Carlos piensan que no hay motivo para forzar los tiempos. Incluso a costa de ser conservadores y de que se tarde más tiempo del debido. Por este motivo, circulan otras dos hipótesis. La primera, el regreso al cemento estadounidense, donde Alcaraz defendería los títulos de Cincinnati y, sobre todo, del US Open. La segunda, más extrema: seis meses de baja, lo que significaría el fin de la temporada”.

Suena duro, suena a mucho, pero peor fue el caso de Del Potro, así como el del austríaco Dominic Thiem, otro ganador de Grand Slam destinado a llegar lejos. Para ellos, no ser conservadores significó el final de sus carreras.

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