PARÍS – Sueño cumplido: Alexander Zverev conquistó este domingo el título de Roland Garros y alzó, así, su primer trofeo de Grand Slam, un objetivo que persiguió por años y llegó a pensarse que nunca alcanzaría. Pero, ya campeón, al alemán se le abre un nuevo interrogante: ¿lograra ser un campeón querido?
En una dulce y soleada tarde primaveral en París, el número tres del mundo se impuso al italiano Flavio Cobolli, 14 del ranking, por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5-7) y 6-1.
“Tuve los mejores momentos de mi vida en esta cancha y tuve los peores momentos aquí”, dijo tras la final Zverev apuntando al sector donde una caída lo dejó fuera de su partido ante el español Rafael Nadal en 2022. “Creo que los espectadores me impulsaron a lo largo de estas dos semanas, muchas gracias”, añadió, antes de dedicarle unas emotivas palabras a su equipo técnico, familia y amigos.
“Atravesamos todo tipo de momentos, ¡pero al final somos campeones de Grand Slam!””, dijo el alemán de 29 años, que había perdido las tres finales de Grand Slam que jugó hasta la que le dio la victoria en París.
Fue una final en la que Cobolli cometió demasiados errores, claramente presionado en el partido más trascendente de su vida. El italiano tiene buenos golpes, energía y carácter, pero debe aún afinar su tenis para saber si volverá a tener oportunidades como esta o se convierte en sucesor de Mikael Pernfors, el sueco que 20 años atrás disputó sorpresivamente la final de Roland Garros y nunca más logró un impacto similar.
Así y todo, Cobolli tuvo oportunidades de ganar, porque mostró un tenis brillante por ráfagas que lo llegó a situar con posibilidades importantes: servir con ventaja de 5-4 en el cuarto set, por ejemplo. Pero así como llegaba a esas ventajas, también las desperdiciaba. O bien, porque también sucedió, Zverev elevaba su nivel precisamente en esos momentos.
“Si alguien me preguntaba quién se merecía este título, siempre diría que tú. Estoy feliz por ti, pero también triste, porque estuve cerca y lo sentí. Déjame ganar la próxima vez”, dijo tras la final Cobolli a Zverev en un emocionado discurso. “Esto es sólo el comienzo, soy joven”, se consoló.
Observado desde la tribuna por Adriano Panatta, el último campeón italiano de Roland Garros, en 1976, Cobolli demostró ser capaz de lo mejor y de lo peor en cuestión de segundos, pero a la vez innegablemente entretenido y carismático.
Panatta le entregó el trofeo de campeón a Zverev, que es hoy mucho más jugador que Cobolli: más completo, con más recursos, más paciente, más inteligente.
Pero el italiano tiene algo que al alemán le es negado con persistencia, el favor y la simpatía del público. Zverev no es querido, fue evidente también este domingo en el estadio Philippe-Chatrier, y la pregunta es si eso cambiará tras haber adquirido el innegable status de gran campeón.
En la antesala de la final, un aluvión de publicaciones en las redes sociales recordó las dos acusaciones de violencia doméstica que recibió el alemán por parte de dos ex parejas. Uno de esos casos se cerró con un acuerdo por el que el tenista pagó una multa de 200.000 euros, sin que se estableciera su culpabilidad o inocencia.
Zverev tampoco gana simpatías con sus declaraciones, que combinan lo arrogante con lo desconcertante. Una de las últimas, tras avanzar a la final, le granjeó el rechazo de más de un tenista: dijo que los deportistas de alto rendimiento no tienen nada en la cabeza.
Lo que el alemán intenta en el fondo es usar la ironía para ser gracioso, pero casi invariablemente se confirma que es mucho mejor tenista que bromista.
Más allá de esto, el título de Zverev le sacude el polvo a estadísticas ya de larga data: hay que retroceder 30 años en el tiempo, al Abierto de Australia 1996, para encontrar un alemán ganando un título de Grand Slam, en aquel caso Boris Becker.
Y hay que retroceder 89 años, a 1937, para encontrar a un alemán alzando el trofeo de Roland Garros, Henner Henkel.
Con su éxito en el Bois de Boulogne, Zverev cortó además una serie de nueve torneos de Grand Slam consecutivos conquistados por el duopolio del italiano Jannik Sinner y el español Carlos Alcaraz. El último campeón de Grand Slam fuera del “Sincaraz” fue el serbio Novak Djokovic, en el US Open 2023.





