PARÍS – Son casi mil días sin levantar un Grand Slam. Es un partido disputado -y perdido- en la gira de tierra batida previa a Roland Garros. Es una lesión de hombro que dura meses. Son 39 años cumplidos el viernes. Son rivales casi 20 años menores.
La nueva realidad de Novak Djokovic es la de un tenista que camina sobre el alambre. Nadie pone en duda sus ganas y su hambre -disputará su 22ª edición de Roland Garros, un torneo que no se ha perdido nunca-, pero el presente parece empeñado en dar la espalda al mejor tenista de todos los tiempos. Su vigencia es lo que está en duda. Y Roland Garros aparece como un examen muy complicado para el serbio.
El torneo más exigente físicamente -en arcilla y al mejor de cinco sets- llega en un momento tremendamente complicado para el de Belgrado. Tras alcanzar contra todo pronóstico la final del Open de Australia, en la que perdió ante Carlos Alcaraz, Djokovic apenas ha disputado dos torneos: Indian Wells, donde cayó en octavos, y Roma, donde se despidió en su debut. Entre medias, una lesión de hombro que ha traído por el camino de la amargura al actual número cuatro del ranking ATP.
“Yo quería jugar más, pero mi cuerpo no me ha dejado. Después de Indian Wells no he podido jugar varios meses. Tenía muchas ganas de ir a Roma para intentarlo y ver cómo me sentía. Estaba lejos de estar listo para competir, pero aun así, necesitaba al menos ese partido para familiarizarme con los nervios antes de llegar a Roland Garros, un torneo que en ese momento no sabía si iba a poder jugar o no”, señaló Djokovic a los periodistas en París, donde ha reinado en tres ocasiones (2016, 2021 y 2023).
Tras perder en Roma, Djokovic voló a Atenas, su nuevo lugar de residencia, y decidió finalmente que sí competiría en París. “La respuesta del cuerpo ha sido buena en estos últimos diez días y a ver qué pasa ahora. He pasado muchas horas en pista tratando de perfeccionar el juego y el cuerpo, preparándome física y mentalmente para un torneo al mejor de cinco sets. Ya veremos si es el caso durante todo el torneo, dure lo que dure”.
Esta última frase es un gran ejemplo de la realidad que vive ahora Djokovic. Ese “dure lo que dure” no es propio del serbio. Es más, cuando le preguntaron después si la baja de Carlos Alcaraz le aliviaba en cierto modo, respondió en términos parecidos.
“Alcaraz es el que ha ganado las dos últimas ediciones y es una pena para el torneo que no esté, pero eso no cambia la forma en la que afronto el torneo. He pasado por momentos complicados con mi cuerpo y esa es mi principal preocupación. No pienso si tengo más opciones sin Carlos. Simplemente quiero estar sano y fresco todo el torneo”, comentó el campeón de 24 Grand Slam. “Si puedo mantener la frescura e ir mejorando, sé que tendré mis posibilidades. Ya demostré este año en Australia, donde estuve cerca de ganar otro Grand Slam. Además, siempre creo en mí cuando estoy en la pista”.
El serbio tendrá un debut bastante peliagudo este domingo, cuando inaugurará la sesión nocturna ante Giovanni Mpetshi Perricard, el bombardero galo, un jugador que apenas da ritmo y que tendrá a su favor a la mayor parte de la afición. Y por el camino tiene varias bombas, Joao Fonseca en tercera ronda o Casper Ruud en octavos, hasta una hipotética final en la que le esperaría Jannik Sinner, el tenista que es la medida de todo en la actualidad, el jugador más dominante, el que más se parece a lo que en su día fue Djokovic.
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