En el 99% de los casos, cuando un tenista tiene el talento para ganar títulos de Grand Slam y ser número uno del mundo, las marcas y el apoyo aparecen desde temprano. Todos quieren sacar una tajada de la gallina de los huevos de oro.
Elena Rybakina, en cambio, representa ese 1% que tuvo que remar contra la corriente.
“En Rusia no estaba recibiendo suficiente apoyo financiero y su familia estaba llegando al límite de lo que podía permitirse cubrir ante los costos cada vez mayores del tenis profesional. Kazajistán le fue propuesto como una base sólida para la siguiente etapa de su desarrollo”, contó a CLAY el presidente de la Federación de Tenis de Kazajistán, Bulat Utemuratov.
Los problemas que atravesaba Rybakina antes de 2018, cuando con 18 años y siendo la número 200 del mundo decidió nacionalizarse kazaja, tenían su carrera en un punto límite.
Viajaba sola a los torneos, no lograba cerrar acuerdos comerciales con inversores o marcas e incluso, junto con su familia, barajó seriamente la opción de dejar el tenis profesional para tomar una beca universitaria en Malibú.
“En Rusia tenemos muchos tenistas talentosos y es imposible ayudarlos a todos. El presidente hizo muchas cosas y, por un lado, es bueno crear esa competencia interna, pero por otro recuerdo que, en un momento, la federación nos envió un contrato y, al verlo, me sentí triste. La esencia del contrato era: ‘No hay dinero, pero tú aguanta’”, contó su padre, Andrey Rybakin, al medio ruso Sport Express en 2022.
Fue ahí que la opción de Kazajistán cambió el orden del tablero.
“Para nosotros, se trataba de algo más que simplemente apoyar a una joven jugadora prometedora. Nos impresionaron el enfoque profesional de Elena, su ética de trabajo y su carácter. Demostró una madurez extraordinaria, independencia y una determinación clara por triunfar. Estos factores desempeñaron un papel fundamental en nuestra decisión de asociarnos con ella, y su carrera desde entonces ha validado esa decisión”, contó a CLAY Utemuratov.
En 2019 entró al Top 100, en 2021 llegó a las semifinales de los Juegos Olímpicos de Tokio y en 2022 se transformó en estrella al ganar Wimbledon, justamente en un año en el que los tenistas rusos tenían prohibido participar.
En 2023, y como una de las jugadoras más fuertes del circuito, llegó a la final del Abierto de Australia y ganó los WTA 1000 de Indian Wells y Roma. 2025 lo cerró con las WTA Finals y esta temporada rompió todos los límites: campeona del Abierto de Australia, del US Open y nueva número uno del mundo.
“Al mirar atrás hoy, reconocemos que nuestra decisión de apoyar a Elena en 2018 fue un hito importante no solo en su carrera, sino también para el tenis en Kazajistán. Su ascenso a la cima del ranking mundial y su actuación en el US Open representan un momento histórico para nuestro país”, añadió el presidente de la Federación de Tenis de Kazajistán a CLAY.
Pero incluso con ese apoyo y una carrera que siempre fue en continua mejora, Rybakina tuvo momentos complejos dentro de su desarrollo.
El primero fue en 2022, cuando meses antes de ganar el título de Wimbledon pensó en dejar el tenis.
“Pones tu máximo esfuerzo y no tienes escape cuando las cosas no resultan. Hubo un momento en que no pudo soportarlo y dejó la competencia. Hablamos durante cinco o seis días en familia y logró calmarse para volver a entrenar”, contó su padre en aquella entrevista con Sport Express.
El otro sucedió a inicios de 2025, cuando la WTA inició una investigación y suspensión provisoria en contra del entrenador de la kazaja, Stefano Vukov, por una potencial violación a las normas de conducta del circuito femenino.
Rybakina defendió en reiteradas oportunidades a quien sigue siendo su coach hasta el día de hoy, pero la tensión mediática ese año fue brutal.
Incluso al ganar las WTA Finals, la jugadora decidió no posar en las fotos oficiales junto a Portia Archer, CEO de la WTA y firmante de la carta donde se planteaban las infracciones del entrenador.
El 8 de agosto de ese año, la sanción en contra de Vukov fue levantada después de que un tribunal independiente determinara que el castigo no tenía sustento.
Fue precisamente después del cierre de ese proceso que apareció el mejor tenis de la campeona de 14 títulos WTA. Su consolidación absoluta como la mejor jugadora del mundo llegó tras una temporada arrolladora, en la que tiene más de 2.000 puntos de ventaja sobre Aryna Sabalenka, número dos del mundo. Y todo comenzó en 2018 con una decisión que cambió su carrera para siempre.





