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La moscovita Elena Rybakina gana el Wimbledon de la prohibición rusa

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LONDRES – Las ironías de un deporte que está loco: una tenista nacida en un país vetado de participar en el torneo, lo termina ganando.
Elena Rybakina, representante de Kazajistán, nacida y criada en Moscú, de madre rusa y padre georgiano, venció a la tunecina Ons Jabeur en la final de un Wimbledon que prohibió la participación de los jugadores rusos y bielorrusos, producto de la invasión militar de ese país a Ucrania.
Los signos de esa locura se diagnosticaban severamente cuando la ATP y la WTA replicaba con el retiro de los puntos, argumentando que sin el contingente de tenistas vetados, la validez de los ránkings se desvirtuaba.
Así, una moscovita fue quien se llevó los premios del atípico Wimbledon: honor, orgullo deportivo y mucho dinero.
Con tanta polémica, el guion estaba destinado a tener un final asi. Castigo divino a la decisión tan controversial por parte de los ingleses, a los que no les importó que algunos de los tenistas vetados hayan recaudado dinero en ayuda de Ucrania mediante exhibiciones, hayan donado algunos de sus prize money, o hayan escrito en la cámara con marcador después de ganar el partido: “No war, please“.
Su sangre será mitad rusa, rusa por ius solis también. Pero Rybakina representa a Kazajistán por motivos económicos. En el ocaso de su adolescencia, la Federación de ese país buscaba representantes, y ofreció becar a la deportista, hoy en el puesto 23 del ránking mundial.
Fue una final donde la potencia de la tenista de 1,84 metros se impuso a la creatividad poco efectiva de Jabeur. Una victoria culminada con emociones aplanadas, con una celebración impasible por parte de Rybakina, como si hubiera ganado el partido de primera ronda de un torneo de baja categoría, y con el público expresando mucho más por la finalista que por la campeona.
De igual manera, superando la timidez que la caracteriza y con su inglés de fuerte acento europeo-oriental, la kazaja naturalizada confesó un poco más de emociones luego de recibir el trofeo: «Estaba súper nerviosa antes del partido, durante el partido y estoy feliz que se haya termiando. Nunca había sentido algo así». Venció por 3-6, 6-2 y 6-2, en una hora y 48 minutos, y con 23 años consiguió su primer título de Grand Slam. El primero que celebra la historia del país de 19 millones de habitantes
«Ni siquiera esperaba estar en la segunda semana de Wimbledon. Ser campeona es increíble. No tengo palabras para decir lo feliz que soy», comentó con el Rosewater Dish en su poder.
En el poder de una rusa con pasaporte kazajo. En el Wimbledon de la prohibición.
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