Es septiembre de 2026 y Alexander Zverev es campeón de dos títulos de Grand Slam y está a las puertas del número uno. Si alguien llega a pronunciar esta frase hace unos meses, seguramente lo habrían tildado de loco.
No porque el alemán no tenga la calidad para triunfar en estos escenarios ni para ser el primero de la lista ATP, porque tenis tiene de sobra, sino porque hasta mayo de este año Jannik Sinner y Carlos Alcaraz estaban en una liga que parecía inalcanzable para él.
Hasta el comienzo de Roland Garros, Zverev llevaba diez derrotas consecutivas en partidos ante el italiano y el español, campeones de todos los grandes desde el inicio de 2024. El 3 de mayo, en la final del Masters 1000 de Madrid, el alemán fue arrollado por Sinner por 6-1 y 6-2 en 57 minutos.
Cuatro meses y medio después, en su palmarés lucen ya dos títulos de Grand Slam: Roland Garros y el US Open. Y si nada extraño ocurre, tendrá una ocasión inmejorable en los próximos meses para asaltar por primera vez en su carrera el número uno de la ATP.
“Con Jannik Sinner lesionado y Carlos volviendo de una lesión después de cuatro meses, ahora mismo probablemente yo sea el mejor jugador del mundo. Pero si ellos dos estuvieran sanos y en su mejor nivel, probablemente no”, admitió Zverev en la madrugada del lunes en Nueva York después de vencer 6-3, 7-6 (7-2), 5-7 y 6-2 a Ben Shelton en la final del US Open. “Es así. Hace cuatro o cinco meses, cuando los dos estaban sanos, yo no era el mejor. Perdía con Sinner todo el tiempo. Si todos estamos sanos, creo que Jannik sigue un paso por delante. Es así de simple”.
La alfombra roja de Sinner y Alcaraz
A primera vista, la foto no debería admitir discusión: quien gana dos grandes en un mismo año tiene argumentos de sobra para ser el líder de la lista mundial. Sin embargo, un análisis detallado a los números de la temporada expone una paradoja pocas veces vista.
Antes de saltar a la Arthur Ashe para disputar la final ante Ben Shelton, el balance de Zverev este año ante rivales del top ten era demoledor: una sola victoria y ocho derrotas. El triunfo en Nueva York supone apenas su segundo partido ganado ante la élite en toda la temporada. ¿Cómo es posible, entonces, que un jugador con ese rendimiento directo contra los mejores del planeta esté a unos cuantos triunfos de ser el número uno de 2026?
Incredible stat: In the history of the ATP rankings, no man has won multiple Grand Slams in a season without recording at least EIGHT top 10 wins during that year
Alexander Zverev currently has TWO top 10 wins in 2026 pic.twitter.com/dEL1e1Sdky
— Lev Akabas (@LevAkabas) September 14, 2026
Para explicar este extraño guion del tenis masculino en 2026 hay que entender dos puntos. El primero es que Zverev perdió el miedo a los grandes escenarios, ya no es ese jugador calificado como “pechofrío” por muchos y que se acobardaba en el momento de la verdad.
El segundo es que los dos jugadores que parecían destinados a repartirse el dominio del tenis tuvieron problemas físicos y le pusieron una alfombra roja. Alcaraz se perdió Roland Garros y Wimbledon por una lesión de muñeca y cayó en cuartos del US Open, mientras que Sinner sufrió un colapso en Roland Garros y no pudo jugar en Nueva York por molestias en una rodilla. Eso sí: en Australia Alcaraz eliminó a Zverev, mientras que en Wimbledon fue Sinner el que acabó con el alemán.
Con ese escenario, Zverev arrancará el último tramo de la temporada como líder de la Race anual con un colchón de 700 puntos sobre un Sinner que todavía no tiene fecha de vuelta. Alcaraz está prácticamente descartado, a más de 4.000 puntos de Zverev en esa clasificación.
Y ahí aparece la gran paradoja de esta temporada. Zverev no está siendo el gran dominador. No es el que más ha intimidado a Sinner y Alcaraz ni el que ha acumulado un balance extraordinario contra los mejores. De hecho, su 2-8 ante el top ten explica precisamente por qué su posible asalto al número uno resulta tan llamativo.
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Pero ha sido el que ha estado ahí. Cuando Sinner ha fallado, Zverev ha sumado. Cuando Alcaraz ha tenido que parar, Zverev ha seguido jugando. Y cuando llegaron los grandes escenarios, el alemán por fin lo aprovechó. Eso también forma parte de ser número uno.
El ranking no premia al jugador que más talento tiene ni al que mejor juega contra los mejores. Premia al que más puntos suma durante el año. Y Zverev está a punto de demostrar que se puede llegar hasta la cima de una manera mucho menos dominante de lo que cualquiera habría imaginado cuando empezó la temporada.
Hace apenas unos meses parecía que el tenis tenía dos dueños y que el resto jugaba por las migajas. Ahora Sinner está parado, Alcaraz intenta recuperar el tiempo perdido y Zverev tiene delante la posibilidad que llevaba años buscando. Dos Grand Slam y el número uno.





