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    Culturismo y tatuajes: el Marcelo Ríos que vuelve al circuito no tiene nada que ver con el de los años ’90

    Hueón, ¡Cómo estás! Estás gigante, pareces físico culturista”.

    Fue grande la sorpresa del animador de TV chileno Martín Cárcamo, cuando se reencontró luego de algún tiempo con Marcelo Ríos, en la recepción de un gimnasio en Sarasota. El entrevistador del programa “De Tú a Tú” de Canal 13 de Chile viajó el año pasado a conocer la nueva vida del ex número uno del mundo, radicado en Florida.

    Fue en ese espacio televisivo donde Ríos mostró por primera vez su nuevo cuerpo, de casi cien kilos, tal como el de un bodybuilder. “Estoy entrenando para sentirme bien. Dos horas y media por día para subir de masa muscular. Nunca fallo. Antes cuando jugaba, tenía que bajar de peso, pero ya no estoy en edad para subir y bajar”.

    Ríos luce diametralmente diferente en comparación con el que era hace más de dos décadas, cuando brillaba en el mundo del tenis, cuando ganaba torneos Master Series, cuando quitaba a Pete Sampras de la cima del ránking ATP. La imagen de ese joven delgado, no muy alto en relación a los otros tenistas, con ojos rasgados que le dieron el apodo de ‘Chino’, pelo largo atado y una zurda prodigiosa, es la que guardan los seguidores del tenis.

    El perfil del finalista de Australia 1998 (es el único número uno masculino que no ganó majors) en la web de la ATP exhibe los datos de cuando era profesional. Peso: 170 libras. Fuera de Chile, sobre todo, la imagen que permanece debe ser esa. Hoy lleva 27 kilos más de puro músculo, tapizados en tatuajes.

    Marcelo Ríos en su casa en Sarasota // captura programa de Tú a Tú, Canal 13

     

    Ríos en su época de jugador profesional // ATP

     

    Porque para la conversación mundial, Marcelo Ríos desapareció del plano tenístico por varios años. “Desaparecer” en un contexto figurado. Ya que, desde su retiro en 2004, Ríos sólo estuvo ligado al tenis profesional como asistente técnico de Nicolás Massú en el equipo chileno de Copa Davis desde 2014, tiempos en el que Chile luchaba por no descender a la Zona III Americana.

    Ríos viajó a las finales de la Davis en España en 2019, antes de renunciar al equipo por diferencias con la Federación de Tenis de Chile. También apareció en la gala de los número uno que celebró la ATP en 2013. Pero Ríos no es un personaje que aparece de invitado en los Grand Slams, tampoco ha hecho de comentarista en cadenas internacionales ni, hasta este año, había entrenado a ningún jugador del circuito. No ha dado entrevistas a medios extranjeros.

    Por eso, su regreso al circuito como entrenador (a falta de una firma que lo oficialice) del talento chino de 17 años Jerry Shang, causa asombro entre quienes lo ven públicamente en una cancha de tenis del tour.

    Es uno de los deportistas (y por muy lejos, el tenista) que más vende en los medios chilenos. No habla mucho, pero cuando lo hace, es muy entretenido. De una entrevista con él se pueden sacar diez titulares, algo muy difícil con varios de los actuales tenistas de Chile.

    Pero como pasa en ese país, las historias suelen quedarse entre el Océano Pacífico y la Cordillera de Los Andes. Además, el tenis es un deporte absolutamente anglo-céntrico. Así también lo cree Ríos, como dijo hace un par de años en una extensa entrevista con el diario La Tercera: “La ATP es la hueá (cosa) más mierda que existe. Puros gringos metidos”.

    Su cuerpo también cambió en el quirófano. Su rostro fue sometido al bisturí del doctor Fausto Viterbo. El mismo Ríos lo explicó la conversación con el canal de TV: “Me arreglé la frente, que la tenía muy dañada por el sol. En mi época nadie usaba protector solar, entonces yo me hice mierda la cara. Además, me arreglaron el párpado que estaba muy corto, no podía cerrar el ojo así que dormía con los ojos abiertos. Tenía bolsas y arrugas muy marcadas”.

    Su nueva cara fue blanco de burlas y memes en redes sociales. “Si me los hice fue por una hueá mía, que digan lo que quieran”, dijo a Cárcamo, con indiferencia ante la gente que hablaba de él, sentado en la terraza de la casa de tres pisos que por entonces arrendaba mientras se construía la propia, frente a la bahía de Sarasota, donde se siente completamente a gusto.

    “Me cambió la vida. Me sentía un poco cagado en Chile. En Miami hay mucho latino, mucho chileno. Acá es tranquilo, nadie me huevea (molesta). Si es que me reconoce alguien, son muy amables, me saludan de lejos, pero ningún autógrafo ni ni una hueá”, relataba sobre su refugio. Confesaba, además, que llegó a tomar hasta 12 miligramos de ansiolíticos al día por el estrés y la ansiedad que sufría mientras vivía en Santiago.

    Su señora, Paula Pavic, explicó al 13 las diferencias del Ríos que se radicó en Estados Unidos, versus el que pasea por su país: “Cuando llega al aeropuerto en Chile se empieza a poner una coraza. Allá es otra persona. Siento el peso de tener que andar con el ‘Chino’ Ríos en Chile. A mí el ‘Chino’ no me gusta tanto como Marcelo Ríos”.

    El amigo Diego Armando

    Fue durante una de las series de Copa Davis en 2018 que Ríos tuvo una intervención fuera de las prácticas que dio que hablar. Se acercó a un grupo de periodistas locales, y se dispuso a escuchar la primera pregunta:

    —¿Cómo has visto a los jugadores (chilenos) que están destacando, subiendo en el ránking ATP y que están teniendo buenas temporadas?

    —Oye, como dice mi amigo personal Diego Armando (Maradona), que la chupen todos ustedes, porque no hablo con ningún periodista. ¿Preguntas?

    Ningún periodista le respondió las ofensas. El mismo comunicador que hizo la primera interrogante hizo de cuenta que no lo escuchó y luego le consultó por la reunión que tuvo entonces con la ministra de Deportes de Chile, para organizar un festejo por los 20 años de su llegada al número uno en 1998:

    “Síganla chupando”, respondió Ríos.

    La referencia a las célebres palabras de Maradona luego de clasificar con lo justo a Argentina al Mundial Sudáfrica 2010, sacaron al tenis de la discusión en aquella previa. El episodio cruzó la Cordillera de Los Andes, cuando en una radio argentina Gastón Gaudio, íntimo amigo de Ríos, contó un par de historias a propósito del tema de moda.

    “¿Entendés que está totalmente trastornado de la cabeza?”, dijo Gaudio luego de escuchar el audio de Ríos y antes de despachar dos historias muy sabrosas: cuando en un ascensor en Australia el chileno le negó con una apatía impresionante un autógrafo a una anciana en silla de ruedas, y la vez que salieron de fiesta en Basilea, con un Ríos completamente borracho que acabó reventando el ventanal de la discoteca donde había sido expulsado por mala conducta.

    Aunque la credibilidad del campeón de Roland Garros 2004, si de relatar historias se trata, no es la más fuerte: Rafael Nadal señaló que mentía luego de que Gaudio relatara que el español había roto siete raquetas tras perder con él en Buenos Aires.

    Ríos se ha referido a su amigo trasandino como un “mitómano”: «Esa historia se la inventó. Yo se lo he dicho, ‘no eres tú realmente, eres un invento’. Gaudio tiene una personalidad muy extraña».

    A las anécdotas se les rindió culto. Incluso la frase que supuestamente le dijo Ríos al argentino antes de esa noche en Suiza (“Hoy se sale, Gato”) es parte del imaginario colectivo en Chile.

    Verdaderas, imprecisas o derechamente falsas, narraciones así causan tal delirio porque son perfectamente atribuibles a la figura siempre controversial de Ríos, quién si bien tiene muchos haters por sus actitudes polémicas, reconocer abiertamente que es de derecha, o decir que no le gustan los homosexuales, en su país lo aman mucho más que lo que lo odian.

    ‘Chino’ ídolo del chino

    “Su manager me dijo: ‘Sabes lo que pasa, que este hueón (tipo) se cree Marcelo Ríos. Se cree que eres tú’”, contaba a La Tercera el ex número uno del mundo.

    Max Eisenbud, agente de IMG y representante de Juncheng Shang (también de María Sharapova y Emma Raducanu) fue quien sedujo al chileno con las virtudes del mejor junior de 2021 y actual 241 del ránking mundial.

    A Ríos no le interesa ser el tipo de entrenador que viaja diez semanas al año y que aparece sólo en los Grand Slams. Tampoco le llama la atención dirigir a un jugador ya maduro e instalado en la élite. Por eso el proyecto que llegó a sus manos, lo motivó.

    “Formar a un pendejo (muchacho) y meterlo tú es algo entretenido. No es por quitarle méritos a (Nicolás) Massú, pero agarró a un hueón ya bueno (Dominic Thiem) y, más que eso, qué vas a hacer. Acá en cambio, empezar de abajo y hacer lo que hizo Ferrero con Alcaraz es algo que me motiva. Nunca un chino ha estado entre los 100 mejores. Si logras eso, ya logras algo importante”, le dijo al periodista chileno Carlos González Lucay.

    Así, en la disyuntiva de si se embarcaba o no con la futura gran estrella del tenis asiático, con los costos familiares que eso le implica, sometió el proyecto a un periodo de prueba gratuito.

    Entrenaron en algunos días de julio en la academia IMG en Bradeton, cerca de la residencia de Ríos.

    “En mi vida me había impresionado tanto al ver jugar a alguien”, dijo entonces a La Tercera. “En la noche me despierto como cinco veces para ir al baño y me pongo a pensar en qué lo puedo mejorar. Empiezo a buscar ideas y ahí me quedo un buen rato. Se me metió fuerte y me encantaría que pasara el tiempo rápido para ver hasta dónde llega”.

    Ríos luego viajó a Kentucky a cumplir su promesa de acompañar a Shang si alcanzaba las semis en Lexington. Con sudadera y pantalones muy cortos, mostrando su nuevo estilo a sus 46 años, Ríos estrenó su condición de técnico. El fin de semana, su nuevo pupilo, zurdo y de revés a dos manos, igual que él, se convirtió en el primer jugador nacido en 2005 en conquistar un Challenger, y el noveno más joven en la historia en hacerlo.

    El ex número uno vive la vida que quiere. Cuenta Pavic que en Estados Unidos es la misma persona todo el tiempo, que es más sociable. Puede cultivar la adicción por modelar su cuerpo, disfrutar a sus hijos, pasear a orillas del Golfo de México en una de sus motos de agua, o vender saludos a sus fans (lo hace por la plataforma Cameo y cobra, mínimo, 120 dólares por un video de medio minuto).

    También, si quiere, puede entrenar a una de las promesas más grandes del tenis mundial. Ríos hace lo que se le da la gana.

    Marcelo Ríos y Jerry Shang, en la semana que entrenaron en la academia IMG // J. YAN

    Foto principal: Marcelo Ríos con el trofeo que ganó Jerry Shang en Lexington // RENA BEHR – Lexington Challenger
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    Reporteando el tenis alrededor del mundo desde hace 10 años. Ha colaborado con medios como La Tercera, Cooperativa, Infobae, y Racquet. Fundador del ex programa de radio Tercer Saque.
    Pluma & Lente es su espacio personal donde cuenta sus viajes y aventuras.

    Comentarios (1)

    • Rodrigo Bauzá

      Buena nota👍

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