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Cuando la cancha es más grande de lo que se cree – Carta desde París (2)

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PARÍS – «¡Merci Beaucoup!», gritó con voz potente y sonrisa de oreja a oreja Carlos Alcaraz. Eran cerca de las nueve y media de la noche y acababa de confirmar algo: hay canchas más grandes que otras.

Le pasó a él tras superar al argentino Juan Ignacio Londero en la primera ronda y le pasó al peruano Juan Pablo Varillas, que tuvo contra las cuerdas al canadiense Felix Auger-Aliassime en la Philippe Chatrier.

«Te dije que era igual que las demás, pero hoy me he dado cuenta que no», admitió Alcaraz entre risas en diálogo con Alex Corretja, dos veces finalista en ese mismo estadio.

 

Alcaraz dice que aún puede cenar tranquilo en París y que aún no lo reconocen como en España. Dice, también, que quiere adaptar el horario de sus entrenamientos para visitar rincones de París.

Lo cierto es que si sigue jugando como en este debut de domingo, pronto se le hará difícil cenar tranquilo. Fue evidente en su maratón de selfies hoy tras el partido.

Alcaraz, que hay que recordar que tiene solo 19 años, hizo una cosa extrañísima hoy. Londero había decidido que, perdido por perdido, le pegaría a la pelota todo lo fuerte que pudiera. Fue así que lanzó un revés potente, al medio y a la línea de fondo. Alcaraz respondió atacando… con un globo que aterrizó en la línea de fondo de Londero y picó a tres metros de altura.

Mientras el argentino intentaba sacarse de encima ese extraño tiro, Alcaraz subió a la red, infló el brazo y pegó un derechazo feroz paralelo. De volea.

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La imagen hizo recordar a lo que Antonio Martínez Cascales, parte del equipo que lo dirige junto a Juan Carlos Ferrero, le dijo a CLAY: «Yo me iba a ver los entrenamientos, y siempre, en cada uno, veía algo excepcional un golpe impensado. Esto no lo había visto con nadie. Valía la pena estar dos horas allí, veías cosas de otro mundo».

«Yo siempre intento pegarle fuerte», explicó Alcaraz cuando CLAY le recordó ese inusual punto.

 

 

De otro mundo es lo que le está pasando al austríaco Dominic Thiem. Parte de esa generación intermedia que comparte con Stefanos Tstsipas, Daniil Medvedev y Alexander Zverev, llamada a conquistar el número uno de manos del trío Djokovic-Nadal-Federer, Thiem lleva once primeras rondas consecutivas perdidas. Este domingo lo sacó del camino el boliviano Hugo Dellien, que lo vapuleó.

«Es lo que es ya va a llevar tiempo», resumió Thiem, que vuelve tras una lesión y es todo un desafío para su entrenador, el chileno Nicolás Massú.

La primera ronda fue también impiadosa para la tunecina Ons Jabeur y la española Garbiñe Muguruza. A casa en el primer día.

No fue el caso de un jugador de nombre tan florido como poco conocido, el argentino Camilo Ugo Carabelli, surgido de la clasificación y por primera vez en un torneo de Grand Slam.

Número 154 del mundo, Carabelli eliminó al ruso Aslan Karatsev, 39 del ranking. Tras el partido contó que a lo largo de la semana más de una vez estuvo tan nervioso, tan ansioso, que no era capaz de comer: «No me entraba ni un jugo de naranja».

Pero ya clasificado para la segunda ronda, donde lo espera Auger-Aliassime, Carabelli se soltó y contó todo tipo de anécdotas, aunque ninguna mejor que la de su época de pirata.

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Su abuelo es dueño de un barco turístico para paseos en la isla brasileña de Florianópolis. Un barco pirata. El joven Carabelli se pasaba tres meses al año allí disfrazado de pirata y entrenándose con un profesor brasileño. De bien niño solo tenía ojos para el fútbol, pero al final no fue ni pirata ni futbolista: es tenista. Y exitoso en Roland Garros.

Pronostican lluvias para este lunes y este martes, aunque el techo retráctil de la Philippe Chatrier garantiza que el tenis no pare nunca.

Buena noticia para Novak Djokovic, que este domingo cumplió 35 años y el lunes comenzará la defensa de su título. Con el detalle de que ahora sabemos que no es fácil ser ese cocodrilo que lleva en el pecho. El reptil también sufre su buena dosis de presiones.

Nos vemos mañana.

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