El patinador sobre hielo clava un salto axel, el gimnasta ejecuta un mortal, el tenista conecta un winner de revés a una mano.
Sucede en una fracción de segundo, pero estos momentos hipnóticos del deporte, donde el atletismo y la elegancia se entretejen, construyen recuerdos imborrables para los deportistas del mañana.
Que se lo pregunten a Remy Bertola, cuyo viaje en el tenis comenzó en 2006, a los ocho años, tras quedar fascinado viendo en YouTube los vídeos del golpe característico de Roger Federer.
«Juego el revés a una mano por mi ídolo, Roger», aseguró a CLAY el número 182 del ranking ATP, también suizo. «Cuando le vi jugar a una mano, les dije a mis padres: ‘No me importa jugar a dos manos. Quiero jugar a una’. Honestamente, es un golpe difícil porque requiere más coordinación. Tienes que ser un poco más hábil. Estéticamente, también es más bonito de ver. Pero ahora quedamos muy pocos».
Bertola es uno de los escasos 19 jugadores del Top 300 del ranking ATP que utilizan el revés a una mano, una drástica caída respecto a los 62 jugadores con revés a una mano que poblaban ese mismo Top 300 en abril de 2013. Tan brutal es el descenso, que en el US Open que está a punto de comenzar puede cortarse una de las rachas más antiguas del tenis: si nadie lo remedia, 2026 puede ser la primera temporada de la historia, desde que se disputó el primer Wimbledon en 1877, en la que ningún hombre con revés a una mano alcanza las semifinales de uno de los cuatro Grand Slam.
Y no hay muchos candidatos. Lorenzo Musetti (15º ATP), Denis Shapovalov (48º), Stefanos Tsitsipas (49º), Daniel Altmaier (65º) y Giovanni Mpetshi Perricard (92º) y Aleksandar Kovacevic (96º) son actualmente los únicos tenistas con revés a una mano en el top 100.
El revés a una mano contra el tenis moderno
Esta técnica tan plástica y visual, practicada por algunos de los mejores tenistas de la historia -figuras como Boris Becker, Stefan Edberg, Ivan Lendl o Pete Sampras lo mantuvieron a finales del siglo XX-, se está convirtiendo gradualmente en un arte en peligro de extinción.
«Antes era más fácil jugar a una mano», explica Bertola. «Las pistas y las pelotas eran más rápidas. Ahora es más complicado. A nosotros no nos da para jugar bolas planas de tú a tú contra un rival que pega a dos manos. No tenemos opción. Nuestra arma reside en la capacidad de cambiar el ritmo y abrir ángulos mejor que el resto. El juego cambia cada día. Tienes que estudiar y construir un esquema táctico alrededor de tu revés a una mano para mantenerte competitivo».
Al veterano Dusan Lajovic, de 35 años, su entrenador le instó a adoptar el revés a una mano cuando empezó a jugar al tenis en 1997. Aceptó encantado tras ver a su ídolo Sampras levantar su cuarto título de Wimbledon ese mismo año, y jamás miró atrás.
«Este golpe es uno de mis favoritos de mi repertorio», confiesa a CLAY el actual número 146. «Estaba en Madrid y alguien que paseaba por allí vio mi partido y me dijo que era muy vintage, casi una especie en extinción. Creo que los aficionados de hoy aprecian a los jugadores con revés a una mano. Me encanta conectar ese paralelo perfecto que se convierte en winner. Me parece uno de los golpes más hermosos del tenis y me alegra que me haya ayudado a construir la carrera que he tenido».
Casi tres décadas después, sin embargo, el tenista serbio —que llegó a ser número 23 del mundo— coincide con Bertola en que el tenis moderno no favorece a los jugadores de revés a una mano.
«Con la tecnología de las raquetas, la diferencia en las pelotas y la potencia destructiva del tenis actual, es evidente que se limita a los jugadores con revés a una mano, que vendría a ser como el golpe clásico», analiza Lajovic. «Hoy en día los jugadores sacan muy fuerte y restan con un primer tiro demoledor. Una vez entras en el peloteo, se convierte en una partida de ajedrez donde tenemos la ventaja de aportar más variedad. Pero aun así, hay demasiadas desventajas dada la fuerza bruta del tenis actual en comparación con lo que era hace 15 o 20 años».
No es de extrañar que actualmente no haya ningún jugador dentro del Top 10 con revés a una mano.
Sin embargo, no todo son malos augurios: los seis jugadores con revés a una mano que resisten en el Top 100 —Musetti, Shapovalov, Altmaier, Tsitsipas, Mpetshi Perricard y Kovacevic— tienen 27 años o menos.
Aquel niño que idolatraba a Federer, Bertola, recoge ahora el testigo como uno de los últimos exponentes de este arte en su país ante la inminente retirada de Stan Wawrinka.
«En Suiza tenemos a un buen jugador joven, Henry Bernet, que juega a una mano. Me preguntó sobre ello. Yo le dije que, para mí, siempre será más bonito ver a alguien jugar a una mano».
El tenis de Lajovic se construyó sobre la variedad de estilos de los jugadores de revés a una mano con los que se cruzó. Entrenó con el serbio Nikola Ciric (de 2,01 metros de estatura), un zurdo con un dropshot letal e impredecible; adaptó el estilo de saque y red de Sampras en hierba y aprendió la finura del argentino Gastón Gaudio sobre tierra batida, su superficie favorita.
Ahora, Lajovic le abre el camino a las estrellas del mañana.
«Mientras volvamos a tener jugadores con revés a una mano en el Top 10, creo que siempre habrá niños que quieran jugar a una mano. Cuando ven a su ídolo en los grandes escenarios, llegando a las rondas finales de los torneos, eso ayuda al golpe», concluye el veterano de 35 años. «Volveremos a resurgir y habrá un 80% de jugadores a una mano y un 20% a dos manos. Estoy convencido de que ocurrirá en un futuro cercano».





