Hay algo especialmente cruel en el momento en el que ha llegado el golpe para Nick Kyrgios. No porque el australiano no sea responsable de lo ocurrido —él mismo ha reconocido el positivo por cocaína y ha asumido públicamente el error—, sino porque el tenis le ha colocado delante un espejo justo cuando su carrera parece acercarse a su final.
Kyrgios llevaba años hablando de doping con una contundencia que, como siempre en él, muchas veces iba bastante más allá de lo prudente. Lo hizo con Jannik Sinner. Lo hizo con Iga Swiatek. Y lo hizo con Simona Halep. Ahora es él quien, a sus 31 años y tras varias temporadas casi en blanco por las lesiones, ha dado positivo.
La reacción de Halep no se hizo esperar. «Nunca patees a alguien cuando esté en el suelo. La vida tiene una extraña forma de cambiar posiciones. E incluso una forma más extraña de revelar la diferencia entre un accidente y una elección», escribió la rumana, exnúmero uno y doble campeona Grand Slam. No necesitaba ponerle nombre. Todos sabían a quién iba dirigido.
En septiembre de 2023, después de la suspensión de cuatro años a Halep por un positivo por roxadustat (una sustancia que estimula de forma artificial la producción de glóbulos rojos y EPO), Kyrgios se metió de lleno en la discusión sobre los controles antidoping. Algunas jugadores habían explicado entonces que tenían miedo de tomar incluso suplementos o bebidas por temor a un positivo. Kyrgios respondió con una receta mucho más sencilla: su gasolina para los partidos de cinco sets era “plátano y Coca-Cola”. “Quizás los jugadores deberían dejar de tomar mierdas turbias, mirarse al espejo y poder decir que han hecho las cosas bien. No es complicado”, escribió en ese mismo tuit en 2023.
Ehhhh not really lol, I run on bananas and coke cola in 5 set battles. And my record in them speaks for itself. Maybe players should just stop taking shady sh*t 😂 look yourself in the mirror at the end of the day and say yep I did it right. Not hard.
— Nicholas Kyrgios (@NickKyrgios) September 14, 2023
Y todavía fue más lejos. A un usuario que cuestionó su comentario le respondió: “Imagino que, si hubiera tomado las mismas sustancias por las que sancionan con cuatro años de suspensión, tendría unos cinco títulos de Grand Slam”.
Pero hay otra todavía más significativa. En agosto de 2024, cuando Jannik Sinner quedó exonerado en primera instancia después de sus dos positivos por clostebol, Kyrgios pidió que fuese suspendido dos años: «Ridículo, sea accidental o planeado. Das positivo dos veces en una sustancia prohibida… Deberías estar fuera dos años». Y cuando un usuario le recordó su propia situación, llegó la respuesta que ahora se ha convertido en una especie de boomerang perfecto: At least I’m clean, you potato. “Al menos estoy limpio, tú, patata”.
Clean. Limpio. Una palabra aparentemente inocente que, vista desde el prisma de hoy, pesa mucho más.
At least I’m clean you potato
— Nicholas Kyrgios (@NickKyrgios) August 20, 2024
Porque unos meses después Kyrgios volvió a cargar contra Sinner y Swiatek. En diciembre de 2024 calificó de «asqueroso» para el tenis que dos números uno hubieran dado positivo y aseguró que la integridad del deporte era «horrible». También defendió que él jamás habría recurrido al doping para acelerar una recuperación, precisamente cuando llevaba años intentando regresar después de sus lesiones.
Dos años después, el positivo que hay que explicar es el suyo. No es lo mismo un positivo por cocaína que los casos de Sinner, Swiatek o Halep. Las sustancias, las circunstancias, la naturaleza de las infracciones y las posibles sanciones son muy diferentes.
La cocaína figura en la lista de sustancias prohibidas de la Agencia Mundial Antidoping (AMA) como sustancia de abuso y está prohibida en competición; además, el sistema contempla un tratamiento sancionador diferente cuando se demuestra un uso fuera de competición. En el caso de Kyrgios, la muestra se tomó el 22 de junio durante el ATP 250 de Mallorca y la suspensión provisional comenzó el 4 de agosto, después de que un laboratorio acreditado confirmara la presencia de benzoilecgonina, un metabolito de la cocaína.
Eso importa. Porque el positivo no permite convertir automáticamente a Kyrgios en aquello que él mismo acusó de ser a otros. Pero tampoco permite borrar lo que dijo. Ahí está el verdadero problema para el australiano. Porque el debate no es solamente si tomó cocaína. Él mismo ha dicho que sí. Tampoco si la tomó para mejorar su rendimiento: no hay base para afirmarlo y sería irresponsable escribirlo como un hecho. La cocaína es un estimulante y puede producir efectos como aumento de la alerta y sensación de confianza, pero eso no demuestra que Kyrgios la utilizara con intención de mejorar su rendimiento deportivo. En Mallorca, de hecho, perdió en primera ronda en dos sets.
El problema es otro. Es la distancia entre el Kyrgios que exigía certezas y castigos para los demás y el Kyrgios que ahora pide que se entienda su propio contexto. En su comunicado, el australiano explicó que las lesiones, los años prácticamente parado y la sensación de que su carrera se estaba terminando le pasaron una factura física y mental enorme. Pidió disculpas a sus seguidores, a su familia, a sus patrocinadores y especialmente a los niños que le siguen. Lo definió como un «gran error” y “una llamada de atención”.
Kyrgios, al menos de momento, no está intentando convencer a nadie de que el positivo no ocurrió. No ha apelado la suspensión provisional. Pero resulta inevitable recordar sus propias palabras. At least I’m clean. “Al menos estoy limpio”. Ahora ya no. Kyrgios ha pasado de ser el azote de los dopados a dar positivo. Él mismo se ha terminado colocando exactamente en el centro de aquello sobre lo que tanto opinó.





