PARÍS – ¿Novak Djokovic cansado? Eso sí que es una novedad, pero tras su derrota más prematura en Roland Garros en 16 años, el futuro del serbio en el circuito es incierto.
“No lo sé”, respondió en dos ocasiones ante la pregunta de los periodistas luego del épico partido que perdió el viernes ante el brasileño Joao Fonseca.
“No lo sé”, dice el serbio de 39 años cuando se le pregunta si volverá a jugar Roland Garros en 2027 y, por extensión, si sus años de tenista profesional están cerca de llegar a su fin.
La temporada 2026 puede definirse como la primera en la que el serbio, el tenista más ganador de todos los tiempos, se quedó sin combustible, sin energía. Le sucedió ante Fonseca, aunque esa falta de “gas” se extiende a todo el año.
“Me quedé sin combustible, para ser honestos”, fue la explicación de Djokovic tras un partido que dominaba por dos sets a cero y terminó perdiendo en cinco ante un jugador 20 años menor que perfectamente podría ser su hijo.
Pero con todo lo importante que fue el choque con el brasileño, es sobre todo una señal de que algo ya no es como fue en sus más de dos décadas de carrera.
En 2026 sólo jugó cuatro torneos, con la final del Abierto de Australia como highlight. Jugó 13 partidos, ganó nueve y perdió cuatro, pero en los últimos cuatro meses sólo jugó siete y apenas ganó cuatro.

Para un ganador como el serbio es frustrante no haber podido aprovechar un torneo en el que Jannik Sinner, eliminado, y Carlos Alcaraz, lesionado, le dejaron el camino libre en Roland Garros.
Durante el partido con Fonseca, cuando un camarógrafo se acercó a filmarlo en su banco mientras revisaba su bolso, Djokovic perdió la compostura.
“Por favor, ¿quieres acercarte más a mi cara? ¡Por el amor de Dios, dame algo de espacio!”, espetó el serbio al camarógrafo, que no pudo más que alejarse.
Horas más tarde, durante la conferencia de prensa post derrota, interrumpió a un periodista cuando comenzaba a preguntarle si se había ilusionado con ganar el Grand Slam número 25 a partir de las ausencias de Alcaraz y Sinner: “Por favor, por favor, ya sé adónde vas. No necesito hablar de eso, acabo de perder en cinco sets”.
El rostro se le contrajo al serbio, que se sintió herido ante el esbozo de pregunta.
Pero en realidad se siente herido por su presente: para alguien que hizo de lo improbable algo normal, para un hombre que ganó partidos en los que estaba totalmente perdido y terminó imponiéndose en las canchas y en la estadística al duopolio de Rafael Nadal y Roger Federer, no ser ya capaz de dar lo mejor de sí mismo es frustrante.
O peor aún: quizás lo que está dando hoy es ya todo lo que tiene. Lo que le queda.

Aunque a veces se auto engañe para no sufrir. Días atrás contaba lo bien que le cae la familia del juvenil griego Rafael Pagonis y lo mucho que quiere ayudarlo. El padre de Pagonis, dijo Djokovic, le ofreció un lugar en el equipo técnico del juvenil para cuando el serbio se retirara del tenis.
“Vas a tener que esperar mucho tiempo, probablemente él se retire antes que yo”, dice Djokovic que le dijo a Pagonis padre antes de admitir lo obvio: era una broma. Más pronto que tarde, Pagonis podrá contra con él.
Y suceda lo que suceda, hay algo que Djokovic no pierde, su inteligencia emocional para llegar al corazón de sus rivales en momentos especiales para ellos. Lo vivió Fonseca, que en el momento más trascendente y emocionante de su carrera se encontró con que un serbio, nada menos que el tenista más exitoso de la historia, lo abrazaba en la red y se tomaban el trabajo de felicitarlo en portugués.
“Parabéns!”, le dijo Djokovic a Fonseca.





