Corentin Moutet quiere dejar atrás las raquetas rotas y las rabietas, pero no puede, no sabe cómo. “Cuando pierdo un set, es muy duro para mí. No sé cómo no romper una raqueta. Esa siempre fue una gran lucha con mis entrenadores”, reconoció el número 40 del mundo.
En una entrevista en el podcast de la extenista Caroline Garcia, el francés se abrió como pocas veces para explicar esa fama de “romperraquetas” que le persigue. “Nunca entendí por qué te conviertes en el malo si te enfadas cuando pierdes. Para mí, los raros son los que sonríen después de perder”, contó en The Tennis Insider Club.
Moutet hizo un repaso por toda su vida, explicando que muchos de sus problemas de comportamiento en la pista comenzaron, sorpresivamente, por haber ganado tanto en juniors.
“Desde los siete hasta los 16 años casi no perdía partidos; como mucho, unos diez al año. Así que nunca aprendí a perder. Durante mucho tiempo eso fue muy difícil para mí, porque cuando las cosas empezaron a salir mal no entendía qué estaba pasando. La realidad es que, en algún momento, vas a perder. Y después volverás a perder, una y otra vez. Nadie me dijo eso nunca”, admitió.
El estilo “especial” de Moutet muchas veces ha molestado al público más clásico del tenis. Sus saques por debajo, los enojos al perder y las probablemente cientos de raquetas rotas lo transformaron en uno de los “bad boys” del tour junto a Nick Kyrgios y Alexander Bublik.
“Siempre sentí que me decían que mi forma de ser no era la correcta, pero que eso también es lo que me hacía especial. Al mismo tiempo hacen compilaciones conmigo, dicen que soy divertido, que entretengo y que debería seguir siendo como soy. Después me destruyen por ser quien soy. Es difícil saber qué es lo que la gente realmente quiere”, explicó.
Para él, ese estigma viene, en parte, por la prensa de su país. “En Francia, los medios son los peores del mundo. Un día puedes ser un dios y al siguiente el peor tenista de la historia. Cuando perdía me enfadaba muchísimo y al día siguiente todo el mundo hablaba de cómo me había comportado. No sé perder y la gente empieza a pensar que eres una mala persona. Quizás la presión venga de ellos”, dijo.
Pero lo cierto es que los problemas del tenista de 27 años no solo estaban dentro de la cancha. Encontrarse con la realidad mediática del circuito fue otro golpe que no pudo manejar.
“Cuando llegué al circuito, de repente estaban los medios, los compromisos con los patrocinadores y había que sonreír y decir que tu raqueta era la mejor. Eso no tenía sentido para mí. Pensaba: ‘¿Esto es The Truman Show? ¿Estamos todos actuando?’ Sentía que era solo un actor en este mundo. Nadie te enseña eso. Tienes que aprenderlo por tu cuenta”, le confesó a la ex número cuatro del mundo.
En la entrevista reconoció que, aunque el camino sigue siendo largo, hoy está en un lugar mejor que hace un par de años y que mantiene la esperanza de encontrar la paz dentro de la locura del tenis.
“Todavía tengo muchísimas cosas que aprender y todavía no estoy contento con la manera en que juego al tenis. Sigue siendo doloroso y quiero encontrar paz en mi juego antes de retirarme”, contó.
Una versión desconocida del francés. Una más honesta y centrada, lejos de la locura que suele mostrar sobre la pista. Busca la paz en un año sin grandes resultados. Dice estar más cerca que antes, quizás esta podría ser su gran victoria de la temporada.





