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    La pequeña Asia cercana al tenis neoyorquino – Carta desde Nueva York #10

    NUEVA YORK – El Abierto de Australia tiene al centro de Melbourne a cinco minutos caminando por la orilla del rio Yarra, lo que lo convierte en el único Grand Slam próximo al núcleo urbano.
    Roland Garros está enclavado entre la tranquilidad del Bosque de Boulogne y el sector residencial de Prince-Marmottan.
    Wimbledon es Wimbledon. El barrio que alberga el Lawn Tennis Club es una sucesión de restaurantes, cafés, tiendas de segunda mano, barberías y boutiques que se visten completamente de tenis durante el tiempo que se juega The Championships.
    Y el US Open. El Billie Jean King National Tennis Center está ubicado en Corona Park, el segundo parque más grande de Nueva York (después del Central Park), a un costado de dónde descansan los vagones del metro, y frente al estadio de béisbol de los Mets.
    A una estación del metro, muy cerca del tenis, pero totalmente ajeno a él, se vive la vida acelerada en Downtown Flushing, la pequeña Asia de Nueva York. El Chinatown de Manhattan no le llega ni a los talones en autenticidad. Según el último censo, la población de origen asiático en Flushing es del 70%.

    Sus calles huelen a Asia, su arquitectura y su comida es un paseo por varias de las culturas del mundo oriental. Da la sensación de estar en algún barrio de Seúl, Hong Kong o Shanghai.
    A veces cuesta moverse por los mares de gente en un día lluvioso, y la contaminación acústica es alta, como buen sitio ajetreado en Nueva York.
    Se venden periódicos en chino, la publicidad se anuncia con caracteres incomprensibles, y los menús de comida hay que pedirlos en inglés. La gastronomía es un deleite y cuesta elegir con qué sabores aventurarse. ¿Una barbeque coreana? ¿Pho vietnamita? ¿Sushi al puro estilo japonés? Olvídense del queso crema y la palta en los rolls. Eso es demasiado occidental. Bubble tea, y helado nipón con esos conos con forma de pescado.

    Varios lugares sirven hot pot. Es una tradicional preparación originaria del norte de China, que consiste en un caldo bien caliente donde se cocina carne, vegetales, mariscos o algas. Lo probé por primera vez en Melbourne, en la antesala del Abierto de Australia, y cometí un gran error aquella vez.
    «¿De uno a cinco, qué nivel de picante quiere en el caldo?».
    Como me gusta la comida spicy, opté por el dos. Sufrí, sudé, tuve que tomar mucha agua. El tres ya habría sido incomible. No lo probé esta vez. El tiempo es escaso y comer hot pot es un ritual que demanda un buen rato.
    Un local de comida al paso llama mi atención. Aparte de dumplings, cuyo relleno me fue desconocido, pero sabían riquísimos, me animé con una suerte de anticuchos asiáticos.

    «¿De dónde eres?», le pregunté a la chica que atendía. “Nací en Estados Unidos”, respondió la joven, sin mencionar sus raíces asiáticas. Ella sugiere probar las bolas de pescado, el alga, y “estos que vienen rellenos con huevo”. Del aspecto no hay que preocuparse si se quiere disfrutar los placeres culinarios de la China. “Dame los tres, por favor”. Todo sabía delicioso.
    Para rematar el paseo, antes de volver al mundo tenístico, una parada por un masaje de pies no hace daño. Los precios son fácilmente la mitad en comparación a Manhattan, y la oferta es diversa.
    “¿De uno a cinco, qué nivel de presión le gusta?”.
    No me lo preguntaron, yo me adelanté: “Lo más fuerte posible. Que sea una tortura. Como el nivel de picante de la comida”. Creo que no entendió mi acento, pero el masaje fue reponedor.
    Salí flotando de ese subterráneo.
    ¡Seguimos con más historias mañana!

     

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    Reporteando el tenis alrededor del mundo desde hace 10 años. Ha colaborado con medios como La Tercera, Cooperativa, Infobae, y Racquet. Fundador del ex programa de radio Tercer Saque.
    Pluma & Lente es su espacio personal donde cuenta sus viajes y aventuras.

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