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Djokovic frena a un Alcaraz traicionado por su físico y su mente

Djokovic
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PARÍS – No fue la mente de Novak Djokovic, fue el físico de Carlos Alcaraz. Y la mente de Alcaraz, también, los nervios de un chico de 20 años. El que se perfilaba como uno de los grandes partidos del año cambió abruptamente de rumbo con una lesión del español que le abrió este viernes las puertas al serbio para ganar 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1 y avanzar a la final del Abierto de Francia, en la que este domingo buscará lo que nadie nunca logró en el tenis masculino: un vigésimo tercer título de Grand Slam.
El rival de Djokovic será el noruego Casper Ruud, finalista de 2022, que venció al alemán Alexander Zverev 6-3, 6-4 y 6-0
«Estoy triste por Carlos, lo siento, espero que se pueda recuperar y pueda volver pronto. Le dije en la red que él sabe lo joven que es, tiene dicho por delante, va a ganar este torneo muchas veces, eso  un competidor increíble y un chico muy agradable. No sé si debía seguir o retirarse, pero lo felicito por el espíritu de lucha», dijo el serbio de 36 años acerca de su rival 16 años menor.
«Lo que ha pasado hoy es mental», dijo tras el partido Alcaraz, que acumuló calambres en todo el cuerpo desde el final del primer set. «He entrado al partido mas tenso de la cuenta, no he sabido relajarme, desde el principio del partido he tenido una tensión extra que al final te pasa factura».
El partido entre Djokovic y Alcaraz se jugó en París en junio, pero las condiciones eran las de Melbourne en enero: mucho viento, mucho calor. Aunque, sí, era París, porque en el ingreso de ambos jugadores al estadio el público se inclinó con claridad por Alcaraz. Aplausos respetuosos y algo desganados al serbio, aplausos entusiasmados al español.
Eran las 15:03 y Alcaraz estrellaba una derecha paralela en la red en el primer punto del partido. La pelota bailoteaba en el aire, no era nada sencillo ser preciso en medio de ese viento infernal. Se midieron, se probaron y fallaron muchas bolas hasta que llega uno de los puntos del torneo: un intercambio de fantasía que incluyó drop, contradrop, golpes al límite de las posibilidades físicas y una genial anticipación en la red del serbio para quebrar y situarse 3-1.
Djokovic mostraba lo que es ser un «zorro viejo». En vez de correr drops, el golpe al que es adicto el español, los lanzaba él. En vez de someterse a intercambios francos, lanzaba pelotas a diferentes alturas y martirizaba con su revés a un Alcaraz incómodo como nunca en el torneo.
Alcaraz tuvo tres break points para reducir distancias a 3-4, pero Djokovic demostró ser mucho Djokovic en la tarde del Philippe Chatrier y se llevó el parcial por 6-3.
En el segundo set, en el 1-1 y 15-0 con saque de Alcaraz, el tenis asistió a un punto descomunal. El español corrió un drop, llegó, Djokovic le devolvió la pelota a sus espaldas, ya hacia el fondo de la cancha. Alcaraz, que es de goma, alcanzó la pelota de espaldas y pasó con una derecha paralela, de espaldas y pegándole de costado, cual taco de polo, a un Djokovic, que en la red lo aplaudió con una sonrisa de admiración.

El viento bajó un poco, aunque lejos de dejar de soplar, el calor creció y el español y el serbio entraron en una competencia por ver quién le pegaba más fuerte. Alcaraz quebró para 5-3, pero en el siguiente juego falló cuando no debía y volvió a perder el servicio.
Tuvo otra oportunidad Alcaraz, con Djokovic sacando 4-5 y 0-40. Y volvió a verla pasar.
Pero dos juegos más tarde, en otro 0-40 con el servicio del serbio, Alcaraz no perdonó: error de su rival y 7-5 para el español.
Set iguales y Djokovic que se va al vestuario. Alcaraz, impaciente, termina esperándolo en medio de la cancha. Cuando el serbio entra, un sector del público lo abuchea. Recuerdos del partido que perdió ante Nadal un año atrás.
«No me importa», dijo un sonriente Djokovic tras el partido. «No es la primera vez, probablemente tampoco será la última. Seguiré ganando».
Más allá de los abucheos, el serbio no estaba en su mejor nivel.
«No me sentía nada bien en el final de ese set», admitió Djokovic.
Un rato después, lo inesperado: Alcaraz devolvió con furia una derecha y la pierna se le trabó. Sufría claros calambres, no se podía tener en pie. Djokovic cruzó la red a hablar con él, el español fue atendido en su silla, pero eso implicaba, por reglamento, perder todos los puntos hasta el siguiente cambio de lado: fue así que, sin siquiera disputar el juego, Djokovic quebró el servicio de Alcaraz y se adelantó 2-1.
El tercer set se fue con un Alcaraz incapaz de moverse. Iría al vestuario a ser atendido, pero nada cambió demasiado. Desde la lesión, el español perdió diez juegos consecutivos hasta ganar el del honor en el sexto juego del cuarto set.
«Vi que sufría, pero traté de mantenerme concentrado», admitió el serbio.
El australiano Nick Kyrgios, que siguió el partido por televisión, comentó lo sucedido: «Lo siento por Alcaraz. Un gran proceso de aprendizaje, seguro que todos los tenistas pasan por esta sensación. Calambres debidos a la energía nerviosa y a la ansiedad de jugar un partido de esta magnitud. Seguro que aprenderá a manejar esto en el futuro. Entonces deberíamos tener miedo».
En ese final del partido ya no había nada que hacer para el español: Djokovic pasaba a la final y Alcaraz encontraba un límite donde no lo imaginaba. El serbio, en cambio, sueña con ampliar los límites de su carrera, romper el empate en 22 que tiene con el español Rafael Nadal y convertirse el domingo en París en el tenista más ganador de todos los tiempos.
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