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Porque además de los partidos hay mucho para contar

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    Carta desde Londres (12): cuando la gente no quiere trabajar (o llega tarde, como Djokovic)

    LONDRES – Lo dejó bien claro el «Telegraph» hace unos días: en el Reino Unido no hay suficiente gente que quiera trabajar.
    «EasyJet está cancelando vuelos porque no encuentra la gente necesaria para la tripulación de sus aviones. El aeropuerto de Heathrow es un caos porque no cuenta con suficientes empleados para ocuparse de los equipajes. Los restaurantes están adelgazando los menús porque no tienen gente para trabajar en las cocinas».
    ¿Hay más? Sí, hay más.
    «Las tiendas comerciales no tienen suficientes conductores para sus vans ni gente que ubique los productos en las estanterías. Más allá de las huelgas, se está tornando dolorosamente claro que el país va rumbo a una parálisis porque no tenemos toda la gente que se necesita para trabajar».
    Nadie puede acusar a Novak Djokovic de no querer trabajar, aunque este año se perdió un Grand Slam, el de Australia, y podría quedar fuera de otro más, el de Estados Unidos. De ocho semanas de trabajo quizás solo pase cuatro en la oficina.
    Lo de este martes en la central de Wimbledon no implicó faltar al trabajo, pero sí llegar una hora y media tarde. Fue muy peligroso, estuvo cerca de caer en el desempleo.

    Novak Djokovic y Gael Monfils en el partido de 2005 en el US Open / usopen.com

     

    El italiano Jannik Sinner, de 20 años, casi le corta el camino al séptimo título en el All England. El 5-7, 2-6, 6-3, 6-2 y 6-2 a favor del serbio es muestra del riesgo que corrió.
    Y si Djokovic está en semifinales, donde se medirá al británico Cameron Norrie, es en buena parte gracias a un baño y un espejo.
    Tras perder el segundo set, el serbio pidió una pausa y se fue al baño. Pegó la nariz contra el espejo y tuvo una breve charla consigo mismo.
    «En serio», explicaría ya con la victoria en el bolsillo. «Eso ayudó mucho».
    También lo hizo hace 13 meses en París, cuando se fue al baño tras perder los dos primeros sets de la final de Roland Garros ante el griego Stefanos Tsitsipas. Djokovic terminaría llevándose el partido y el título.
    ¿Es justo, es ético? Es Djokovic.
    En sus primeros años en el circuito fue duramente criticado por abusar de los cortes de varios minutos en los partidos. Solía pedir pausas médicas.
    Lo hizo, por ejemplo, en 2005 en la cancha 10 del complejo de Flushing Meadows durante el US Open. Ganó aquel partido 7-5 en el quinto ante el francés Gael Monfils, pero la tribuna lo cubrió de abucheos: Djokovic pidió cinco pausas, el juez le otorgó cuatro.
    «Las pausas realmente me ayudaron, porque él está en mejores condiciones físicas que yo. Sé que es algo irritante para mucha gente que ve el partido, pero esa era la única manera en que podía ganar».
    Pasaron 17 años desde entonces, Djokovic es un jugador absolutamente diferente en lo físico y ya no abusa de las pausas médicas. Pero cada tanto, corta el partido. Es, entiende él, la única forma de no caer en el desempleo, en este caso en un país en el que hay demasiada gente que no quiere trabajar.

    La reina Isabel II, en el aeropuerto de Gatwick / SEBASTIÁN FEST

    La reina Isabel II, 70 años en el cargo y símbolo art-pop en el aeropuerto de Gatwick, no lo entendería.
    Nos vemos este miércoles, con Nick Kyrgios, Rafael Nadal y Cristian Garín buscando las seminales.
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    Ex jefe de Deportes de DPA y de La Nación, ex presidente de la International Tennis Writers Association (ITWA). Autor de "Sin Red", un viaje por el mundo siguiendo a Roger Federer y Rafael Nadal, y de "Enredados", sobre el equipo argentino de Copa Davis. Cubrió más de 60 Grand Slams y entrevistó a los principales protagonistas de la escena del tenis en los últimos 30 años.

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