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Navratilova revela detalles inéditos de su deserción: “Estuve escondida una semana por si me secuestraban”

Martina Navratilova, durante el documental "Chris & Martina: The Final Set" | Netflix
Martina Navratilova, durante el documental "Chris & Martina: The Final Set" | Netflix
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Martina Navratilova tomó una de las decisiones más importantes de su vida en 1975: desertar de su Checoslovaquia natal y empezar los trámites para conseguir la ciudadanía estadounidense. Tenía apenas 18 años, su carrera estaba despegando y le tembló todo el cuerpo mientras firmaba los papeles en la oficina de inmigración de Nueva York.

Navratilova pensaba en su familia, en su madre y en su hermana, en su Revnice, el pueblo a las afueras de Praga donde había crecido feliz. “Definitivamente, lo más duro fue para mi mamá, sin duda. Y para mi hermana también, porque yo era su hermana mayor, su protectora y compartía todo con ella. Ni siquiera era adolescente, tenía doce años. Todavía me siento culpable hasta el día de hoy”, confiesa Navratilova en ‘Chris y Martina: el set decisivo’, el documental recientemente estrenado por Netflix.

 

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En la cinta, la exnúmero uno y campeona de 18 títulos de Grand Slam revela detalles inéditos de su deserción de la antigua Checoslovaquia, un país bajo el paraguas soviético, en plena Guerra Fría. Es necesario calibrar el peso del contexto político y la extrema juventud de la tenista en 1975 para comprender la dimensión de aquella fractura. 

“Yo amaba a mis amigas americanas. Me enamoré de todo lo americano. Encajé perfectamente. Pero en 1975 me metí en problemas con la Federación Checoslovaca porque pasaba demasiado tiempo con las jugadoras americanas. Dijeron: ‘Oh, te americanizaste demasiado y necesitas pasar más tiempo con las jugadoras rusas’”, cuenta Navratilova. “No me iban a dejar jugar el US Open. Y ahí fue cuando pensé: ‘Oh Dios mío, si me puedo escapar, no voy a volver”.

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Finalmente, la jugadora pudo viajar a Nueva York. Antes de competir, habló en secreto con su agente y le confesó sus planes. La decisión solo la sabían dos personas más, y una era Chris Evert, la número uno del momento y su mejor amiga del circuito. “Sabía que la deserción iba a pasar pero no sabía lo que implicaba. Entonces ella me dijo que quizá no volvería a ver a sus padres nunca más”, explica Evert, la otra gran protagonista del documental. 

Tras perder en semifinales del US Open, Navratilova se armó de valor y cumplió su palabra. “Al día siguiente fui a la oficina del Servicio de Inmigración y Naturalización, el llamado INS, en Nueva York. Tuve que firmar todos esos papeles y jurar que no era una espía comunista. Dijeron: ‘Te aprobamos la green card, pero no se lo digas a nadie’”.

El secreto duró bastante poco. “Al día siguiente suena el teléfono y es mi tutora. Me preguntó que por qué lo hice. Y pensaba, ‘¿y cómo lo sabes?’ Resulta que estaba en el Washington Post. Alguien lo filtró. ‘Jugadora de tenis pide asilo’. Pum”.

Navratilova, durante una visita a Checoslovaquia junto a Chris Evert
Navratilova, durante una visita a Checoslovaquia junto a Chris Evert | Netflix

La noticia no tardó en cruzar el Atlántico y en atravesar el Telón de Acero. El impacto de la deserción retumbó en la casa familiar de Revnice. “Fue como un martillo en la cabeza. Mamá casi se desmaya y lloraba. Y yo empecé a llorar, fue como un desastre. La primera reacción fue: nunca nos vamos a volver a ver. Imagínate que le pasa algo. Está sola y nadie puede ayudarla. Esto creo que fue lo peor. Se quedó sola en este mundo. Sentí que había perdido a mi hermana”, confiesa la hermana menor de la tenista.

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Las semanas posteriores a la deserción fueron bastante complicadas para Navratilova. “No creo que nadie pueda entender completamente la experiencia de Martina justo después de la deserción”, advierte Evert en el documental antes de que la propia Navratilova confiese lo más duro de aquellos días.

“Me amenazaron con dos años en prisión por desertar. Estuve una semana escondida por si los checoslovacos decidían secuestrarme y llevarme de vuelta. Y, de hecho, durante un mes me estuvieron siguiendo. Mi vida era un desastre”, dice la leyenda de la raqueta. “Estar sola fue el precio que pagué por desertar. Las otras jugadoras tenían a su familia pero la mía no podía estar ahí. En el primer torneo que gané abracé un poste porque estaba sola”.

Tres años después de aquel salto al vacío, Navratilova levantó en Wimbledon el primero de sus 18 títulos de Grand Slam. La estadounidense de origen checoslovaco se convertiría años después en una de las mejores atletas de todos los tiempos, rompiendo récords y transformando el tenis para siempre. Los malos presagios de su familia no se cumplieron y Navratilova pudo regresar también a casa.

 

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