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Porque además de los partidos hay mucho para contar

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    REPORTAJE – Con todo su amor por Rafael Nadal, hay algo de Roger Federer en Iga Swiatek

    Cuando Ash Barty anunció su retiro en marzo, pocos se sorprendieron más que Iga Swiatek.

    La australiana acababa de ganar el Grand Slam de su país, la primera mujer que lo hacía desde 1978, y estaba en lo más alto de la clasificación mundial. Detrás de ella, Swiatek había empezado bien el año: semifinales en Melbourne y títulos consecutivos en Doha e Indian Wells. Parecía que estaban en camino de construir una rivalidad genuina

    Swiatek estaba triste y le preocupaba perder la motivación, de la misma manera que la repentina retirada de Bjorn Borg dejó a John McEnroe desamparado, con su principal rival desaparecido.

    «Al principio me sentí un poco abrumada y quizá un poco asustada por lo que iba a pasar», dijo la siempre reflexiva y elocuente polaca a los periodistas en el Abierto de Francia a principios de este mes.

    «Me sentía bastante triste, porque no esperaba que Ash se fuera a retirar. Pensaba que ella contaba con lo mejor. Es una lástima para mí que no vayamos a jugar la una contra la otra”.

    «También, porque pensaba que tal vez, algún día, voy a ser capaz de jugar el mismo tipo de tenis. Quiero decir, jugar al mismo nivel y quizás competirle realmente y quizás ganar algunos partidos contra ella, me motivaba mucho».

    De repente, sin Barty, sólo necesitaba un partido en Miami para convertirse en la número uno del mundo. Era algo que podría haber sido motivo de estrés, pero en lugar de ello, Swiatek aceptó su situación, se puso manos a la obra y ganó debidamente el Abierto de Miami, el tercero de seis títulos consecutivos, que culminaron en junio con su segunda corona de Roland Garros.

    Swiatek está sola en la cima de la clasificación mundial femenina, con casi el doble de puntos que quién la sigue, Anett Kontaveit. Para algunas jugadoras, ser la número 1 del mundo es una carga que pesa sobre sus hombros; para Swiatek, es un honor que está abrazando activamente.

    A sus 21 años, Swiatek parece caminar más alto que sus 176 centímetros, orgullosa de sus logros, segura de sí misma y, sin embargo, consigue transitar con convicción sin cruzar la delgada línea a la arrogancia. Cuando se puso la chaqueta con dos estrellas, una por cada Slam, tras su victoria en París, le quedó muy bien.

    Iga Świątek, campeona de Roland Garros / REGINA CORTINA

    En muchos sentidos, recordaba a Roger Federer, quizá el hombre que ha abrazado el número 1 del mundo mejor que nadie en la historia. Cuando Federer ganó Wimbledon en 2009 y se convirtió en el entonces máximo ganador de Grand Slams con 15, se puso una chaqueta con el «15» estampado, que le entregó su patrocinador de ropa, Nike. Federer no se sintió ni remotamente avergonzado; al contrario, le encantó.

    A pesar de su amor por Rafael Nadal, hay un poco de Federer en Swiatek. Parece que disfruta mucho ser la número uno del mundo, la realización de un sueño, pero también una recompensa por todo el trabajo duro que ha hecho, dentro y fuera de la pista.

    «Me gusta», dijo Swiatek en París. «A veces, sin duda, todas las nuevas obligaciones que tengo son bastante agotadoras, pero tengo que recordar, ya sabes, de mantener un equilibrio. Pero, no, me gusta. Pero es algo difícil de describir porque es como, no sé, se puede sentir en el aire. No tengo ejemplos (de cómo es), pero está ahí».

    Otra muestra de la confianza en sí misma de Swiatek es su honestidad. Sería fácil para ella no decir nada cuando habla de sus puntos fuertes o débiles, de sus procesos de pensamiento o de cómo afronta la presión de estar en la cima.

    Pero parece que Swiatek no tiene miedo de hablar de nada y, como resultado, su franqueza es en realidad un punto fuerte. A su psicóloga deportiva, Daria Abramowicz, le gusta que sea ella misma en su trato con los medios de comunicación. Si no quiere responder a una pregunta, no lo hará. Abramowicz considera que, para Swiatek, y cualquier otra jugadora, es mejor ser asertiva: adueñarse de la narración y ser naturalmente ella misma.

    Es un gran consejo para una jugadora joven y Swiatek es lo suficientemente inteligente como para entender cómo le ayuda, especialmente cuando se trata de tratar temas no tenísticos, como la invasión de Rusia en Ucrania y su impacto en el mundo del tenis. Como número 1 del mundo, su opinión importa.

    «Siento que tengo esa responsabilidad, pero por otro lado, no tengo mucha experiencia en la vida y soy consciente de ello», dijo. «Cuando esté preparada para decir más cosas lo haré y lo van a ver».

    «Todavía estoy encontrando el balance adecuado entre esas cosas. Estoy aprendiendo, pero siento que hay más presión y una especie de responsabilidad. Espero también que la gente sea consciente de que todavía tengo 20 años y no tengo que tomar las decisiones más importantes de nuestro deporte.»

    Por ahora, cuando se oye anunciar en la pista que es la número uno del mundo, se siente orgullosa y empoderada, en lugar de agobiada.

    «Ahora mismo es un poco diferente, porque siento que con mi nuevo ránking, la gente de alrededor me trata un poco diferente», admitió.

    «Así que el mundo ha cambiado, seguro (sonriendo). Pero siento que sigo siendo la misma jugadora y la misma persona.  Siento que hay mucho que mejorar».

     

    Foto principal – Iga Swiatek levanta el trofeo de campeona de Roland Garros / REGINA CORTINA

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