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Mannarino y el “zoológico” del US Open: el nuevo espectáculo y los influencers empiezan a incomodar al tenis

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Adrian Mannarino acababa de perder con Alexander Bublik en la segunda ronda del US Open cuando se detuvo en algo que poco tenía que ver con el resultado del partido. El francés habló de las condiciones que se había encontrado durante el último Grand Slam del curso y utilizó una palabra poco habitual para describir la experiencia: “zoológico”.

Gente que entra y sale de las gradas, espectadores que se mueven durante los puntos, conversaciones, ruido y una permisividad de la organización del torneo que, según él, está transformando la manera de vivir un partido de tenis. “Huele a marihuana en la cancha, esto se está convirtiendo un poco en un zoológico”, dijo el veterano tenista de 38 años en declaraciones a Eurosport.

Mannarino no estaba hablando de los influencers. Al menos, no directamente. Su queja iba dirigida a un cambio mucho más amplio en el comportamiento del público y a una transformación que el último Grand Slam de la temporada lleva tiempo impulsando y que este año ha vuelto a dar un paso adelante. Desde 2024, el torneo ha relajado algunas de las normas tradicionales sobre el movimiento de los espectadores.

“Son condiciones realmente inusuales. La gente entra como le da la gana, se mueve, habla… El torneo lo tolera, no sé si es lo mejor para los jugadores y para el deporte en general. Creo que hay muchas reglas que podrían cambiar en el tenis, pero esta sin duda no es la que debería haberse cambiado ahora mismo”, añadió Mannarino, número 67 de la ATP.

 

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En esta nueva forma de seguir el tenis que está impulsando el US Open hay un grupo de personas en el centro de la crítica: los influencers. Son, seguro, la expresión más visible de este cambio. No porque sean los responsables de todo lo que está ocurriendo en las gradas, sino porque representan una nueva manera de entender qué significa estar en un gran acontecimiento deportivo. El espectador ya no solamente quiere ver el partido. También quiere grabarlo, fotografiarlo, comentarlo, enseñarlo y convertir su experiencia en contenido. Y el US Open, lejos de resistirse a esa tendencia, lleva varios años intentando convertirla en una parte más de su producto.

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Los números lo explican bien. En 2025, la USTA (la federación estadounidense, organizadora del US Open) acreditó a 54 creadores de contenido para el torneo. Este año la cifra se acerca a los 100, casi el doble. El objetivo es evidente: que el US Open no termine cuando acaba el partido, sino que continúe en las redes sociales a través de cientos de vídeos, fotografías y experiencias compartidas por personas capaces de llegar a públicos que a los medios deportivos tradicionales les cuesta alcanzar.

Nueva York siempre ha permitido una mezcla mucho más evidente entre deporte, entretenimiento, moda, celebridades y espectáculo que otros Grand Slams, y el torneo ha decidido explotar esa condición. La grada ya no es únicamente el lugar desde el que se contempla el tenis: forma parte de la experiencia que se vende alrededor del tenis.

El problema viene cuando todo ese ecosistema acaba impactando en el producto. Durante el choque entre Naomi Osaka y Anastasia Zakharova, una escena en una de los palcos del estadio Arthur Ashe terminó convirtiéndose en uno de los vídeos más comentados del torneo. En mitad del partido -y no precisamente en un descanso o en un cambio de lado- varias personas comenzaron a grabar un vídeo hablando y con un aro de luz, provocando que el juez de silla Kader Nouni tuviera que intervenir. El episodio duró unos instantes, pero bastó para provocar una discusión mucho más grande en las redes sociales sobre qué se puede hacer en una grada mientras se juega un partido de tenis.

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La discusión no consiste únicamente en decidir si aquellas personas tenían permiso para utilizar una luz o para grabarse durante el partido. El verdadero debate es hasta qué punto esta nueva forma de consumo del tenis puede convivir con las reglas que durante décadas han definido el comportamiento en un torneo de Grand Slam.

Jessica Pegula explicó muy bien ese difícil balance. La estadounidense reconoció que los influencers ayudan a llevar el deporte a más gente y a hacerlo más atractivo para públicos nuevos. Pero entiende que hay líneas rojas.

“Puedo apreciar que los influencers vengan y muestren un poco la experiencia del US Open. Creo que es algo que el US Open ha utilizado mucho, en cuanto a la comida, las bebidas, las cosas que hacer y las tiendas. Esa parte forma parte de la experiencia del aficionado y es algo que quizá la gente no conozca y que puede hacer que quiera venir”, dijo la número tres del ranking mundial. “Pero creo que es complicado cuando ves vídeos como ese en los que están haciendo fotos y utilizando luces para selfies. Hay gente ahí abajo intentando competir y es su carrera y su trabajo. Parece un poco irrespetuoso. Creo que quizá este año se ha vuelto un poco demasiado, no lo sé”.

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