PARÍS – Los cuentos de hadas existen en el tenis: no hay quizás mejor manera de graficar la historia de la polaca Maja Chwalinska, una jugadora que es hoy la número 113 del ranking mundial y estaba hundida en la depresión hace cinco años, pero este sábado saldrá a conquistar definitivamente Roland Garros.
“Es difícil de procesar… Estaba fuera de las cien mejores y el sábado voy a jugar una final de Grand Slam”, dijo Chwalinska, de 24 años, tras derrotar a la rusa Diana Shnaider 7-6 (7-4) y 6-4. Su rival será la rusa Mirra Andreeva, vencedora este jueves de la ucraniana Marta Kostyuk 6-1 y 6-3.
Será el décimo partido de Chwalinska en tres semanas, ya que la polaca debió atravesar la fase de clasificación para llegar al cuadro principal del torneo.
Todo es extraordinario en la historia de la desenvuelta polaca, que en su trato con la prensa de todo el mundo se muestra confiada y disfruta de ser el centro de la atención.
En los ocho años que llevaba como profesional, Chwalinska había ganado 864.030 dólares. Ahora, ya en la final, se aseguró 1,624 millones.
Una cifra que, más allá de los importantes descuentos por impuestos, le cambiará la vida. Ya no volverá a sucederle, por ejemplo, lo de este Roland Garros, en el que sufrió porque los días de estadía se acumulaban y no tenía dinero para pagar su hotel. El alojamiento está a cargo del torneo, pero bajo un régimen de reintegro: los jugadores reciben el dinero tras haber pagado la factura.
Chwalinska, tenísticamente enamorada de Roger Federer, no estaba en condiciones de pagar esa cifra, y entonces fue que salió al rescate Oshee, la empresa polaca de bebidas isotónicas que la patrocina.

Todo es muy diferente a lo que le sucedía en 2021, cuando reveló que llevaba un año y medio deprimida y que dejaba el tenis.
“Al principio me esforcé mucho. Pensaba que solo tenía que ser muy fuerte, resistente, y seguir entrenando”, explicó tras avanzar el miércoles a semifinales.
“Pero luego ya no podía levantarme de la cama. Para ser sincera, me sentía sin vida. Sabía que necesitaba tomarme un descanso, porque, de lo contrario, simplemente no sería capaz de vivir. Sinceramente, no sabía si iba a volver o no. Después de unos meses, decidí volver. Diría que necesitaba aclarar algunas cosas en mi cabeza. Y volví. Me alegro de haberlo hecho”.
En sus años de juvenil, la carrera de Chwalinska iba en paralelo a la de su compatriota Iga Swiatek, con la que llegó hasta la final de dobles del Abierto de Australia en 2017. Pero pronto el sendero que recorrían ambas se bifurcó: Swiatek se convirtió en número uno del mundo y campeona de seis Grand Slams, mientras que Chwalinska penaba en la tercera categoría del tenis.
Un periodista le preguntó a Chwalinska por sus diferentes “outfits” en cada partido, ¿cuál es la historia detrás de esos cambios de vestimenta?
La polaca rio: Bueno, no hay historia, la verdad. No tengo patrocinadores, así que supongo que esa es la historia”.
Ya no. En tres semanas de primavera en París, todo cambió. El lunes, Chwalinska será una de las 20 mejores del ranking mundial y su preocupación inmediata será decidir con qué patrocinadores, de los muchos que se le acercaron, firma contrato.





