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    ANÁLISIS | El viaje a Ítaca de Alcaraz, el niño maravilla que pone fin a todos los lamentos de la generación anterior

    Por Modesto «Tito» Vázquez (ex jugador profesional y entrenador, dos veces capitán de Copa Davis).

    Apareció el elegido: Carlitos Alcaraz. Valió la pena esperar tantos años, adiós a todos los lamentos de la generación anterior.

    Las excusas para realizar un tenis monótono y aburrido eran varias.

    «No se puede ir con el saque a la red, los jugadores devuelven muy fuerte».
    «La velocidad y la potencia del tenis moderno no te da tiempo a pensar».
    «Es muy difícil subir, te pasan por todos lados».

    Todos esos factores parecían frenar el ímpetu creativo de la mayoría de los jugadores en el circuito. Tanto en los torneos Challengers como en los del circuito mayor de la ATP, la ‘next gen’, o sea los jóvenes, pegaban fuerte desde el fondo de la cancha buscando generar un ‘winner’ o el error del contrario, ignorando la totalidad de la estrategia.

    No es lo mismo subir a la red a que te traigan a la red.
    No es lo mismo atacar con el punto casi ganado que ir a la red con un buen ‘approach’.

    Los cambios de ritmo, la variedad y el factor sorpresa habían cedido el paso a la potencia.

    Y si es verdad que la velocidad aumentó, que los jugadores devuelven mejor, que la derecha es más potente y que el césped está más lento, también es verdad que el otro día apareció un chico que cumplió 19 años y que sabe que todas las piezas de ajedrez son útiles, que si uno las usa de manera correcta las posibilidades son infinitas. Carlitos, como a él le gusta que lo llamen, es un pichón de crack.

    Siempre pensé que iba a llegar el día en que un jugador fuera muy sólido del fondo de la cancha pero que además tuviera una actitud ofensiva en su manera de ver el juego. «No hay mejor defensa que un buen ataque», decía el campeón mundial de ajedrez, el cubano José Raúl Capablanca.

    Carlitos juega con esa actitud ofensiva y trata de ganar el punto en el momento adecuado; sea subiendo a la red, con un golpe de fondo o con un drop shot. El otro día ante una devolución alta de Djokovic, el español le contestó con un globo, se fue a la red de sorpresa y le ganó el punto. Ese atrevimiento o manera de ser es un cambio de paradigma en la manera de pensar. Ahora el tenis vuelve a ser completo.

    Si los grandes campeones de estos años -Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic (el único que puede superar el récord de Rafa en Grand Slams)- tienen tiempo para pensar, ¿por qué no Carlitos?

    El español nacido en un pequeño pueblo de Murcia tiene todos los condimentos para ser un digno campeón. Su físico, elasticidad y concentración están a la altura de los mejores. Su mentalidad y análisis también. Sabe muy bien cuales son las mejores armas de cada uno y que todos son distintos. Él es una mezcla de los tres grandes.

    El entorno que lo rodea es muy importante en este momento de locura ambiental donde todos los elogios del mundo acuden a sus pies. Su familia y su equipo están haciendo un gran trabajo y creo que Carlitos es muy maduro para su edad.

    Ojalá pueda interpretar las olas del inmenso mar que es la fama con todos sus secuaces y poder surfearlas como el mejor. Lo va a necesitar. Ahora viene el tiempo de la cosecha, pero es imprescindible dejarlo madurar, sin comparaciones, sin exigencias absurdas, después de todo es tan solo un niño, un aire fresco en la interpretación.

    «Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
    llegar allí, he aquí tu destino.
    Más no hagas con prisas tu camino;
    Mejor será que dure muchos años,
    y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
    rico de cuánto habrá ganado en el camino».

    «Debes rogar que el viaje sea largo,
    que sean muchos los días de verano;
    que te vean arribar con gozo, alegremente,
    a puertos que tú antes ignorabas». (*)

    El campo de tenis, al igual que la vida, tiene sus límites pero también es cierto que en la cancha no hay límites de altura; el único límite es el cielo.

    El juego como juego, el mandala de la cancha como expresión, la humildad como valor y al final del camino un gran campeón. Ese es el camino de Carlitos.


    (*) Párrafos del poema Ítaca, del griego Konstantino Kavafis

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