LONDRES — La primera expresión de Erika Andreeva cuando le preguntan por los éxitos recientes de su hermana pequeña es una sonrisa de oreja a oreja. Le brillan los ojos al pensar en el título que ganó Mirra en Roland Garros el pasado mayo.
Pronto, esa alegría se mezcla con una profunda sensación personal de insuficiencia. La mayor de las Andreeva reflexiona con honestidad: “Me siento muy mal, casi como si no fuera suficientemente buena, tengo que hacerlo mejor”.
“No sé si el triunfo de Mirra ayuda o no. No voy a mentir, es una presión enorme, porque no te sientes igual contigo misma que lo que sientes por tu hermana. Estoy muy orgullosa de ella, porque sé cómo se exige, cosas que no se ven en pantalla, sé lo que enfrenta”, dijo a CLAY y a un grupo reducido de medios en Londres.
La tenista rusa de 22 años, cuyo mejor ranking fue el puesto 65 en octubre de 2024, naturalmente se compara con la actual número 5 del mundo: “Veo lo que pasa a mi lado, y básicamente trabajamos igual de duro, pero siento que no soy suficientemente buena, que no lo estoy haciendo bien, que no estoy haciendo lo que se supone que debo hacer”.
Érika Andreeva está recuperándose de una temporada muy complicada, donde sufrió lesiones y cayó fuertemente en el ranking. Confesó que el ritmo de competencia la agobió tremendamente y que necesitó urgentemente un descanso.
“Tuve una racha muy larga de derrotas. No estaba en el lugar mental correcto. Creo que en mi último partido en la qualy de Wimbledon en 2025, estaba en el top 100, y fue devastador perder en primera ronda. En ese momento no disfrutaba el juego. No me sentía yo misma en la cancha para nada. Después del partido estaba con mi entrenador y le dije: tomemos un descanso y veamos si quiero seguir jugando. Me tomé dos o tres meses, no jugué ni hice nada, y luego empecé a volver a los torneos”, relató con sinceridad Andreeva.

“Estoy tratando de recuperar mi camino”, dijo. La rusa ganó su primer partido en las clasificaciones de Wimbledon, pero este miércoles cayó ante la norteamericana Karla Day.
La 238ª del mundo vio por TV cómo su hermana venció a la polaca Maja Chwalińska en la final de Roland Garros, un salto hacia la inmortalidad a los 19 años. La hermana mayor estaba compitiendo en torneos de menor nivel en Croacia: “Estaba viajando. Claro que es extraño, pero tampoco sé si habría ayudado. Los tenistas tienen sus propias supersticiones. Si ella empezó el torneo con cierta cantidad de personas, como su mamá y sus entrenadores, mejor no cambiar nada (risas)”.
Sí que hubo celebración juntas una vez que se reencontraron en casa.
“Fuimos a ver una cartera de Louis Vuitton. Nuestra mamá decía que no, que no íbamos a comprar esa cartera por esa cantidad de dinero. Y entonces Mirra celebró comprando dos pares de taconitos de Jimmy Choo, así que estuvimos eligiendo juntas. Pero eso fue todo”, dijo.
“Tratamos de entrenar en el mismo lugar tanto como sea posible, así podemos pasar más tiempo juntas. No siento una gran sensación de separación, porque además viajamos bastante con nuestros padres y siempre estamos en contacto, así que se siente bien”.
“Pero sin duda son solo buenos sentimientos respecto a su resultado. Hablamos mucho, incluso antes de mis partidos en Londres estuvimos chateando”.





