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Sinner se derrite al sol y Djokovic tampoco le encuentra solución a un devastador Roland Garros

Jannik Sinner greets Juan Manuel Cerúndolo after his defeat at Roland Garros 2026 / GEOFFREY LOWE
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PARÍS – Jannik Sinner se va “frito” y acalambrado del único Grand Slam que le falta ganar, Casper Ruud se vuelve “zombie”  y Novak Djokovic busca soluciones heterodoxas de difícil aplicación.

París no es una fiesta, Roland Garros es un sufrimiento.

Tan dura es la ola de calor, que el italiano se derritió 3-6, 26, 7-5, 6-1 y 6-1 ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo, sin ser capaz de aprovechar una ventaja de 5-1 en el tercer set.

“Hacía mucho tiempo que no me sentía así”, admitió el italiano.

Mareado y acalambrado, el número uno del mundo perdió pese al trato de favor que recibió de la jueza de silla, que no hizo correr el tiempo en su contra y le dio opciones para atenderse de sus problemas. Sinner tenía la victoria en el tercer set en sus manos antes de que comenzara el hundimiento.

“Es duro parta él”, dijo Cerúndolo, 56 del ranking mundial. “No había podido ganar más de tres games en un set, así que tuve un poco de suerte. Él merecía ganar este partido, y después nos é qué pasó. Pero me siento mal por él y espero que se recupere”.

Juan Manuel Cerúndolo celebra su triunfo sobre Jannik Sinner en Roland Garros 2026 / GEOFFREY LOWE

Sinner tomó el contratiempo con caballerosidad. “No me sentía muy bien en ka cancha pero eso pasa. Pero lo felicitó a él, no quiero negarle nada de la victoria”.

¿Qué el pasó al italiano? “Comencé a sentirme muy mareado, sin energía. Dejé ir el cuarto set apostando al quinto, fue muy importante el primer juego, no lo pude ganar y todo fue cuesta abajo”.

¿Fue el calor la razón de su debacle? A medias, dio a entender el italiano.

“A mediados del tercer set comencemoslos a sentirme mal, no pude encontrar la energía. Hacia calor, pero no era una locura.  No dormí muy bien, y esta mañana cuando me desperté no estaba tan bien, pero eso pasa siempre en los Grand Slams, un par de días que te sientes así. Hacía calor, pero no fue que me estuviera muriendo por el calor”.

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Lo cierto es que Roland Garros no era así. El calor era un visitante ocasional, no una presencia constante y agobiante como en el Abierto de Australia o el de Estados Unidos.

Novak Djokovic esbozó en la noche del miércoles unas ideas: comenzar a jugar cuando está bien avanzada la tarde, por ejemplo, y que la mayoría de los partidos sean nocturnos. Como en Umag, como en Río de Janeiro.

Los espectadores se refrescan ante las infernales temperaturas en Roland Garros / SEBASTIÁN FEST

La propuesta de Djokovic es inviable, pero refleja el nivel de desconcierto que impera en Roland Garros, arrasado por una ola de calor de muy escasos precedentes.

Meteo-France, la agencia meteorológica francesa, lanzó una alerta meteorológica para la noche entre el jueves y el viernes. Si ser espectador en estos días en el Bois de Boulogne es ciertamente riesgoso, ser jugador supera lo recomendable.

“Estos días han sido realmente muy duros para nosotros”, reconoció Djokovic tras una semana de temperaturas bien por encima de los 30 grados a toda hora, 13 grados por encima del promedio habitual para esta época. Casi no hay brisa y la humedad es baja. Jugar al tenis es cualquier cosa menos un placer.

Las duchas pulverizadoras de agua son el sitio preferido de los espectadores en las 14 hectáreas en las que se reparte el Abierto de Francia, y las escenas remiten a Melbourne y Nueva York, dos sedes de Grand Slam acostumbradas al calor extremo, no así París.

“No estaba preparado para algo así”, dijo Gabriel Diallo tras abandonar el domingo su partido ante James Duckworth.

“De repente comencé a moverme casi como un zombie”, confesó Ruud. “Fue una especie de golpe de calor, por momentos me sentía muy mareado”.

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Tras ganar el miércoles un duro partido en cuatro sets, Djokovic se quejó de que en Roland Garros no exista una “regla de calor” como en Australia, pero un periodista lo corrigió. Sí, existe una que en determinadas ocasiones permitiría cerrar el techo de los principales estadios.

“Pero tampoco es justo”, analizó el serbio. “¿Por qué cerrarías la pista central y luego todos los demás tienen que jugar bajo un calor así? Yo no estaría de acuerdo con eso, aunque, claro, estaría genial si yo jugara bajo techo”.

Fue entonces que el jugador más exitoso de la historia del tenis esbozó una propuesta: ¿por qué no hacer como en el torneo croata de Umag, que se juega sobre la playa en el calor europeo de julio y recién programa partidos en el final de la tarde? Lo mismo hace el ATP 500 de Río de Janeiro en el tórrido febrero brasileño.

“En los Grand Slams no debería ser un problema en general, porque tenemos muchas pistas, tenemos iluminación, tienes pistas grandes, puedes jugar los partidos, puedes reprogramarlos en otras pistas y seguir contando con el público, el estadio y todo lo demás”, se entusiasmó el serbio.

Hasta que reflexionó acerca del problema que implicaría comenzar a jugar muchas horas más tarde de lo habitual en un torneo que programa sus primeros partidos a las 11 de la mañana. Comenzar la programación en el final de la tarde garantizaría a diario tenis en las profundidades de la madrugada.

“¿Es ideal que se alarguen los partidos hasta pasada la medianoche? No, no lo es”, admitió Djokovic. Pero si hay días en los que el calor y las condiciones son extremas, entonces quizá sea algo a tener en cuenta”.

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