PARÍS – Cuando el tenis es un sueño, toda la vida está aún por delante. Cuando el sueño se hizo realidad y llegó a su fin, hay mucha vida para mirar hacia atrás. Lo sabe bien el suizo Stanislas Wawrinka, que se despidió este lunes para siempre de Roland Garros con un nudo en la garganta y muchas sonrisas.
“Fue gracias a Roland Garros que quise convertirme en tenista”, destacó el suizo de 41 años, que se despidió del Abierto de Francia tras jugarlo 21 veces.
Cuando era un niño, un adolescente, “lo único en lo que pensaba” en la última semana de mayo era en llegar a casa desde la escuela y ver Roland Garros hasta la hora que fuera.

Ese niño creció y se sumó al circuito de la ATP, en el que ya brillaba Roger Federer. Algunos podrían pensar que el ocho veces campeón de Wimbledon opacaba a su compatriota, pero lo cierto es que Wawrinka brilló en el circuito con una intensidad que sólo otros tres jugadores superaron: Federer, Rafael Nadal (22 títulos de Grand Slam) y Novak Djokovic (24).
Sólo Wawrinka y el británico Andy Murray lograron conquistar tres torneos de Grand Slam en las dos décadas de dominio del “big three”, y el suizo sabe además lo que es ser campeón de la Copa Davis y dueño de un oro olímpico.
Hay, por supuesto, un intangible, una virtud de Wawrinka que no se mide en números ni estadísticas, sino en belleza: su revés a una mano. Y ahí bien se lo podría considerar el número uno de esta época, por encima de reveses también de gran belleza como los de Federer, Gastón Gaudio, Grigor Dimitrov o Richard Gasquet.
Hay otro aspecto que no se mide en estadísticas y con el que Wawrinka marcó al circuito: sus famosos pantalones cortos a cuadros, que desataban pasión en algunos y espanto en otros.

El adiós a París llegó en una tarde de calor devastador y en uno de los escenarios más bellos del tenis, el court Simone Mathieu, enclavado en medio de un invernadero, rodeado de vegetación. Djokovic, Nadal y Federer aparecieron en la pantalla gigante del estadio declarándole su admiración, y así fue como Wawrinka llegó a su encuentro con la prensa con ojos enrojecidos y un nudo en la garganta.
Campeón del Abierto de Australia 2014 derrotando a Nadal en la final, de Roland Garros 2015 batiendo a Djokovic y del US Open 2016 venciendo nuevamente a Djokivic, Wawrinka pisó fuerte en una época en la que destacarse era casi imposible, tan abrumador era el dominio de los tres grandes.
“Durante más de 20 años he vivido estas emociones, nunca quieres que se acaben”, admitió este lunes en París. “Lo he dado todo por este deporte”.





