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    Federer y Nadal, amigos para siempre, el cierre perfecto para una rivalidad que comenzó con distancia

    Sonrientes, divertidos, cómplices, emocionados, abrazados, unidos. Bañados en las mismas lágrimas. Lo que se vio entre Roger Federer y Rafael Nadal en el día final de la carrera del suizo fue el cierre perfecto para una rivalidad que comenzó con distancia y ciertas precauciones.
    Ya no es así, ya son amigos para siempre. Y no solo gracias a lo vivido este histórico viernes 23 de septiembre de 2022 en la Laver Cup.

    Rafael Nadal y Roger Federer disputan un dobles, el último partido en la carrera del suizo / LAVER CUP

    «Querido Roger, mi amigo y rival», escribió Nadal en su cuenta de twitter al reaccionar una semana atrás al anuncio del retiro del suizo. Y no era la primera ni sería la última vez que lo llamaría «amigo».
    Durante años, Nadal fue muy insistente y preciso en su respuesta ante una pregunta: ¿son ustedes amigos?
    La respuesta era siempre un amable «no».
    «Nos entendemos bien, pero no somos amigos. No porque seamos rivales, sino porque mis amigos son los de Mallorca. Los amigos son esas personas que forman parte día tras día de tu vida», explicó en 2014 en Basilea, la tierra de Federer, a los periodistas suizos Simon Graf y René Stauffer.
    «Hacemos muchas cosas juntos, por ejemplo, exhibiciones alrededor del mundo a beneficio de nuestras fundaciones. Espero que mantengamos esta buena relación más allá del final de nuestras carreras», añadió Nadal, que se puede decir que se engañaba un tanto a sí mismo.
    «Los amigos son esas personas que forman parte día tras día de tu vida», decía hace ocho años. ¿Y qué terminó siendo Federer, sino una presencia diaria, inevitable, indeleble en su vida? ¿Cuánto tiempo pasó en Mallorca en los últimos 20 años y cuánto en el circuito junto a Federer?
    No es casual que hayan terminado siendo amigos -no es el caso de ambos con Novak Djokovic, la relación ahí es diferente-, aunque en los inicios, abrumado por el aura de Federer y por ser cinco años menor que él, el español abordaba al suizo casi como una figura a reverenciar. Lo que no le impidió derrotarlo 6-3 y 6-3 en su primer partido, todo hay que decirlo.
    Hubo un punto de inflexión hace 17 años, en octubre de 2005. Dos golpes secos y discretos sonaron en la puerta de la habitación 449 de un hotel de Basilea. Nadal abrió la puerta.
    «¡Hola, Rafa!», dijo Federer.
    «Eh… ¡Hola, how are you?», contestó un abrumado Nadal, por entonces apenas de 19 años y reciente ganador de su primer Roland Garros. Luego vendrían 13 más.
    El español no podía creer que el número uno del ranking había ido a tocarle la puerta y estaba charlando con él en su habitación.
    Federer, recuperándose de una lesión y en su primer día sin muletas, había decidido darle una sorpresa al hombre con que se repartía ya el dominio del tenis mundial.
    Nadal había llegado una hora antes a Basilea para cenar con responsables del torneo local, al que debió renunciar por una tendinitis en las rodillas, una articulación que, junto a su pie izquierdo, le generaría reiterados problemas a lo largo de su carrera.
    «Roger me llamó y me preguntó dónde se alojaba Rafa», explicó el italiano Vittorio Selmi, legendario tour manager de la ATP. «Cuando le dije el hotel, no dudó: Voy para allá».
    Federer es de Basilea, lo que facilitó aquel encuentro, probablemente el primer hito en la inusual relación que fueron construyendo el suizo y el español, dos hombre que bien podrían haberse odiado, tal como fue el caso de John McEnroe y Jimmy Connors, o del propio McEnroe con Ivan Lendl. Quizás no era odio, pero no había un ápice de simpatía entre Pete Sampras y Andre Agassi. Ni hablar de Boris Becker, al que el australiano Pat Cash aún recuerda con rabia por lo mal que, dice él, lo trató.
    Las dos “R” podrían haber tenido motivos de sobra para mirarse mal, para hablar mal el uno del otro. Y ese peligro lo olieron algunos de las personas que más cerca estaban de ellos. Selmi y Benito Pérez Barbadillo, responsable de la comunicación de Nadal a lo largo de toda su carrera, no fueron ajenos a la preparación de ese encuentro que dejó impactado a un Nadal de 19 años y feliz a un Federer de 24.
    “Fue un detalle, evidentemente, de Vittorio, que se lleva muy bien con los dos”, recordaría Nadal años después. Aquello fue el inicio de una era de “peace and love” en el tenis que se prolongaría en el tiempo.
    El encuentro de Basilea había tenido un anticipo horas antes, poco después de que Nadal ganara en la noche del domingo el Masters Series de Madrid, uno de los éxitos más importantes de su carrera hasta entonces, porque implicaba conquistar un gran torneo bajo techo y en superficie rápida. Un rato después de la victoria su teléfono vibró con la entrada de un SMS (no existía el WhatsApp): era Federer saludándolo con una absurda y simpática mezcolanza de español e italiano.
    Siete años más tarde, el idilio entre Federer y Nadal se rompió brevemente. En 2012, en el Abierto de Australia, Nadal explotó, acusó a Federer de pretender ser visto «como un gentleman» mientras los demás «se quemaban». Fue una inusual manifestación de tensión entre los dos rivales, situados en posiciones diferentes en cuanto al futuro del tenis y a su dirección política.
    No duró demasiado ese enojo, las cosas se recompusieron y, una década más tarde dos hombres destinados a estar siempre red de por medio se encontraron del mismo lado.
    Perdieron ese último partido de dobles que los unió, pero eso era lo de menos. Nadal había confesado horas antes que la rivalidad con Federer es una sensación que «nunca» volverá a tener, y el suizo, entre lágrimas, buscó sostenerse en el O2 Arena de Londres.
    «Todo tiene una última vez. Ha sido un gran día, estoy feliz, no estoy triste. No quería salir solo ahí, quería despedirme en equipo».
    Y entonces volvió a llorar, y entonces las lágrimas inundaron el rostro de Nadal. Las mismas lágrimas, la misma emoción. Federer y Nadal, Roger y Rafa. Amigos para siempre.
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    Ex jefe de Deportes de DPA y de La Nación, ex presidente de la International Tennis Writers Association (ITWA). Autor de "Sin Red", un viaje por el mundo siguiendo a Roger Federer y Rafael Nadal, y de "Enredados", sobre el equipo argentino de Copa Davis. Cubrió más de 60 Grand Slams y entrevistó a los principales protagonistas de la escena del tenis en los últimos 30 años.

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