Novak Djokovic abandonó la cúpula su propio sindicato y parte de la culpa de ese abrupto adiós es de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. O mejor dicho: de su silencio. Los nuevos reyes del tenis, máximos responsables de que Djokovic acumule dos años en blanco en los Grand Slam, llevan tiempo desoyendo los cantos de sirena del serbio en su intento por romper el status quo del deporte de la raqueta. No quieren saber nada del sindicato ni de su demanda contra los estamentos del tenis. Y Djokovic parece que se cansó de ser siempre el rebelde.
Si el 2025 acabó con el divorcio entre Alcaraz y Juan Carlos Ferrero, este 2026 comenzó con otra noticia de impacto en el mundo del tenis: Djokovic anunció que abandona la PTPA, el sindicato de jugadores que él mismo fundó hace cinco años para revolucionar el tenis. Desde luego que la ruptura Alcaraz-Ferrero toca una fibra mucho más profunda entre los aficionados, pero la decisión de Djokovic y los términos de su salida del sindicato dicen mucho más de lo que uno se puede imaginar.
“Tras considerarlo detenidamente, he decidido retirarme por completo de la Asociación de Jugadores de Tenis Profesionales. Esta decisión llega después de las persistentes preocupaciones sobre la transparencia, la gobernanza y la forma en que se han representado mi voz e imagen”, escribió el campeón de 24 títulos de Grand Slam en su cuenta de X. “Estoy orgulloso de la visión que Vasek (Pospisil) y yo compartimos al fundar la PTPA, dando a los jugadores una voz más fuerte e independiente, pero ha quedado claro que mis valores y mi enfoque ya no están alineados con la dirección actual de la organización”.

“Seguiré centrándome en mi tenis, mi familia y contribuyendo al deporte de diferentes formas que reflejen mis principios e integridad. Les deseo a los jugadores y a todos los involucrados lo mejor en su futuro, pero para mí, este capítulo ya está cerrado”, añadió el tenista serbio, que cumplirá 39 años el 22 de mayo.
En el tenis, con tantos organismos y tantas siglas, es fácil perderse. La PTPA es un sindicato que fundó Djokovic en 2020 junto al tenista canadiense Vasek Pospisil y cuyo objetivo era revolucionar el deporte: quitar poder a organizaciones como ATP (circuito masculino), WTA (circuito femenino), ITF (Federación Internacional de Tenis) y los Grand Slam para entregárselo a los jugadores y repartir una porción mucho más grande del pastel monetario entre los tenistas.
La soledad de Djokovic en su lucha
Lógicamente, las posiciones de la PTPA iban en contra del establishment que dirige el tenis mundial desde hace décadas. Pero a Djokovic no le desagradaba esa posición beligerante, más bien al contrario: quería que su huella en el tenis fuera más allá de los récords y los títulos, quería plantar la semilla de un tenis más justo y equitativo en el que los jugadores fueran los dueños de sus propias decisiones y no trabajadores de un sistema que, a sus ojos, les explota.
Los tenistas tenían hasta ese momento un órgano para ser escuchados, el Consejo de Jugadores de la ATP, donde Roger Federer, Rafael Nadal y el propio Djokovic tuvieron un peso enorme en las últimas décadas hasta el punto de que llegó a haber fricciones entre ellos que por un momento parecían irreconciliables. El nuevo sindicato de Djokovic suponía también la ruptura del serbio con el Consejo: tras mucho tiempo intentando cambiar las cosas desde dentro sin resultados visibles, Djokovic optó por montar su propia estructura.
Y el serbio se volcó para convencer a otros tenistas y para que calara el mensaje: ofreció entrevistas para hablar íntegramente de su labor al frente de la PTPA y nunca se mordió la lengua para hablar de temas tan espinosos como el dopaje o las apuestas. Se desgastó en una causa para el resto mientras batía récord tras récord para convertirse en el tenista más exitoso de todos los tiempos. La PTPA fue creciendo, fichó a Ahmad Nassar como director ejecutivo y convenció al multimillonario Bill Ackman para que financiara el sindicato y la creación de una división, Winners Alliance, que se encarga de ayudar a los jugadores a monetizar su actividad.
Sin embargo, ese trabajo incesante de Djokovic no tuvo el resultado que él se imaginaba. Pudo convencer a varios tenistas de élite mundial como Hubert Hurkacz, Ons Jabeur o Bethanie Mattek-Sands, pero fracasó en su intento de que las estrellas se unieran a él. Y eso que no paró de reclamarlo. Alcaraz y Sinner, las grandes estrellas de la actualidad, son bastante comedidos en ese sentido y nunca se han manifestado a favor de la PTPA. Tampoco Iga Swiatek. Tan solo Aryna Sabalenka apoyó alguna vez al sindicato, pero sin involucrarse del todo.
“Todos expresan sus sentimientos, pero (para cambiar las cosas) necesitas dedicar tiempo y energía en reuniones, y eso sé que es muy complicado. Yo he pasado por eso muchas veces y es necesario porque entonces te das cuenta de que estás haciendo algo no solo para ti, sino para las generaciones del futuro, y de que estás dando los pasos correctos”, dijo Djokovic durante el último US Open. “Cuando los jugadores tienen que estar activos, en los momentos de negociación y de toma de decisiones, no participan lo suficiente”.
Para cuando pronunció estas frases, su distancia con la cúpula de la PTPA ya era considerable. Así había quedado patente unos meses atrás, cuando el sindicato presentó una demanda histórica en Nueva York, Bruselas y Londres contra la ATP, la WTA, la ITF y los Grand Slam, a los que acusaba de “operar como un cártel”. Djokovic, pese a ser fundador del sindicato, no aparecía entre los firmantes de la demanda. “Sentí que no necesitaba firmar la carta porque quiero que otros jugadores den un paso al frente”, justificó el serbio.
Ese hartazgo y esa falta de apoyo llevaron a Djokovic a abandonar su proyecto más ambicioso fuera de la pista. Y su renuncia puede interpretarse como un guiño al ‘establishment’, como un intento de reconciliación justo cuando encara el ocaso de su trayectoria. Quizás ya no quiera ser más el villano de la historia.
After careful consideration, I have decided to step away completely from the Professional Tennis Players Association. This decision comes after ongoing concerns regarding transparency, governance, and the way my voice and image have been represented.
I am proud of the vision that Vasek and I shared when founding the PTPA, giving players a stronger, independent voice – but it has become clear that my values and approach are no longer aligned with the current direction of the organization.
I will continue to focus on my tennis, my family, and contributing to the sport in ways that reflect my principles and integrity. I wish the players and those involved the best as they move forward, but for me, this chapter is now closed.
“They express their feelings, but then you really need to put in the time and the energy into conversations, meetings, which I know it’s very difficult. I have been there, trust me, many times. But it’s necessary because then, you know, you’re doing something not only for yourself but future generations, and you’re making the right moves, the right steps and contributing.”
“I support the players. But (at) the end of the day, when the players needed to be active and when there was a time of negotiations and decision-making, players weren’t participating enough.”





