MADRID – “Venga, baja y nos echamos unas canastas”. En la noche del 16 de agosto de 2024 en Cincinnati, Carlos Alcaraz recibió una llamada de su hermano mayor, Álvaro. El tenista estaba destrozado mentalmente: en las últimas semanas había ganado su primer Roland Garros, había repetido triunfo en Wimbledon y se había quedado a las puertas del oro olímpico en París 2024. Su cabeza no daba para más. Y eso, en aquella calurosa noche de Cincinnati, era algo público, porque la imagen de Alcaraz reventando una raqueta contra el suelo estaba ya recorriendo el mundo entero.
Lejos de casa, encerrado en la habitación de un hotel, con la cabeza echando humo tras un verano boreal extenuante y abrumado por las reacciones de la gente al verle destrozar una raqueta, Alcaraz necesitaba respirar. Y ahí estaba su hermano Álvaro para ayudarlo.
“Ese día reventó, explotó, lo hizo con mucha rabia, con mucha ansiedad. Estuvo bastante mal. Yo le llamé a ver si echaba unas canastas (jugar al baloncesto) conmigo”, confesó el propio Álvaro en el documental A mi manera, de Netflix. “Bajó y estuvimos pasando tiempo de hermanos juntos. Tampoco era bueno que se encerrara a pensar ni a ver el móvil”.
Aquello es simplemente una anécdota entre hermanos, pero explica muy bien por qué el número uno del mundo quiere a Álvaro bien cerca. Porque en un equipo donde todos son mayores que él, en un mundo donde todos son adultos, Álvaro es lo más parecido que tiene a un amigo.
Porque en un deporte en el que la exigencia es máxima tengas 30 o 20 años, en el que estás obligado a ganar día sí, día también y en el que estás casi siempre a miles de kilómetros de casa, Álvaro es su cable a tierra, el que le conecta con su familia, con su tierra.
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“Es una persona muy importante tanto en mi vida personal como profesional. Al final, él me aporta muchísimas cosas positivas que necesito para luego rendir mejor. Y ahora, dada la situación, va a coger un poquito más de protagonismo junto a Samu”, decía el propio Alcaraz unos días antes de conquistar el Abierto de Australia para explicar por qué Álvaro va a ganar peso en la estructura del equipo tras la ruptura con Juan Carlos Ferrero.
Samuel López fue ascendido a entrenador principal y Álvaro dejó de ser simplemente el sparring. Aunque, en realidad, Álvaro nunca fue simplemente sparring. Su rol va mucho más allá.
“Lleva mucho tiempo viajando, sabe cómo funcionamos, sabe cómo va el circuito y, obviamente, ha jugado al tenis durante toda su vida, con lo cual sabe muchísimo también. A veces, Álvaro tiene unas opiniones y una manera de ver las cosas que también nos aporta muchísimo tanto a Samu y tanto a mí”, abundó Alcaraz, que unos días después de pronunciar estas palabras iba a levantar el título en Melbourne Park para convertirse en el tenista más joven de la historia en completar el Grand Slam en carrera.
El “Método Blessed Hands”
Carlos y Álvaro Alcaraz, que tienen otros dos hermanos pequeños, Sergio y Jaime, han sido siempre uña y carne. Han compartido habitación, grupo de amigos y muchos torneos. Porque Álvaro también creció con una raqueta en la mano. Llegó a tener, de hecho, un nivel bastante aceptable y se enfrentó a jugadores como Alejandro Davidovich en el campeonato de España de clubes. Después, con 17 años, perdió por primera vez ante su hermano pequeño y empezó a vislumbrar el futuro. Si quería hacer carrera en el tenis, tenía que ser con Carlos.

Cuando Alcaraz arrancó en el circuito, su hermano apenas viajaba a algunos torneos puntualmente. Sin embargo, con el paso del tiempo, esos viajes fueron más comunes y tanto Alcaraz como su padre tomaron la decisión de hacerle un hueco en el equipo. Y donde se ha hecho también un nombre Álvaro ha sido en las redes sociales, donde ha sido bautizado como “manos benditas”. El “método blessed hands”, M. B. H., dicen desde que Álvaro rapó a Alcaraz durante el US Open 2025 que acabó conquistando el tenista español.
Esas manos benditas, ese método, ha inundado las redes en los últimos días. Algo tiene Álvaro en sus manos. Y algo sabe Alcaraz de darle al público lo que quiere: después de tumbar a De Miñaur en cuartos de final escribió M. B. H. en la cámara y este domingo, tras la final, se abrazó a su hermano para cantar a toda garganta “Método Blessed Hands”.
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