Hay veces que los tenistas dicen mucho más en la pista que delante de los micrófonos. Hablan con la actitud y la mirada, con los golpes y el carácter. Y en ocasiones, hay mensajes muy poderosos, llamadas de atención, advertencias al resto del circuito. Y el ATP 500 de Doha que ha coronado a Carlos Alcaraz ha sido toda una declaración de intenciones del número uno: como me permitan volar, no voy a dejar ni las migajas; como me dejen vía libre, voy a arrasar.
Sobre el papel, a nadie le ha podido sorprender que Alcaraz se haya alzado con el título en el Golfo Pérsico arrasando en la final por 6-2 y 6-1 a Arthur Fils, la gran esperanza del tenis francés. Al fin y al cabo, Alcaraz era el gran favorito antes incluso de que se sorteara el cuadro: es el indiscutible número uno, venía de arrasar en el Abierto de Australia y encima Doha no tenía un cartel con muchas amenazas. En su camino al título, Alcaraz no se ha enfrentado a ningún top ten y evitó en la final a Jannik Sinner, apeado para sorpresa de todos en cuartos de final.

Alcaraz parece que ha tomado nota de ese modus operandi y está firmando unos números dignos del Big Three en los últimos meses: desde abril del año pasado, el murciano ha disputado 13 torneos, ha alcanzado 12 finales y ha levantado nueve títulos. Eso se traduce en un balance de 68 victorias y cinco derrotas, con un pleno de 30-0 en partidos en pista dura al aire libre.
La última ha llegado este sábado frente a un Arthur Fils que ha dado un paso de gigante en Doha. El francés ha estado ocho meses sin competir y el ATP 500 del desierto es apenas su tercer torneo desde su regreso. Sin embargo, la diferencia de tenis con un jugador como Alcaraz es abismal. Y eso que el español no lució su mejor nivel en la final. Ganó fallando lo mínimo y Fils acabó desesperado. Viéndose 6-2 y 3-0 abajo en poco más de media hora, el nuevo pupilo de Goran Ivanisevic -el técnico que exprimió lo mejor de Djokovic- reventó la raqueta contra el suelo con una furia tremenda. Eso es lo que provoca Alcaraz en sus rivales. La final, o la “no final” mejor dicho, duró 50 minutos. Un mensaje poderoso de Alcaraz con muchos destinatarios. Aquí estoy y como me dejéis…





