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La tiranía del hambre de Carlos Alcaraz: si se lo permiten, no dejará ni las migajas

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Hay veces que los tenistas dicen mucho más en la pista que delante de los micrófonos. Hablan con la actitud y la mirada, con los golpes y el carácter. Y en ocasiones, hay mensajes muy poderosos, llamadas de atención, advertencias al resto del circuito. Y el ATP 500 de Doha que ha coronado a Carlos Alcaraz ha sido toda una declaración de intenciones del número uno: como me permitan volar, no voy a dejar ni las migajas; como me dejen vía libre, voy a arrasar.

Sobre el papel, a nadie le ha podido sorprender que Alcaraz se haya alzado con el título en el Golfo Pérsico arrasando en la final por 6-2 y 6-1 a Arthur Fils, la gran esperanza del tenis francés. Al fin y al cabo, Alcaraz era el gran favorito antes incluso de que se sorteara el cuadro: es el indiscutible número uno, venía de arrasar en el Abierto de Australia y encima Doha no tenía un cartel con muchas amenazas. En su camino al título, Alcaraz no se ha enfrentado a ningún top ten y evitó en la final a Jannik Sinner, apeado para sorpresa de todos en cuartos de final.

Sin embargo, conviene leer entre líneas para entender la fuerza del mensaje de Alcaraz. El pupilo de Samuel López se coronó hace tres semanas en Melbourne como el tenista más joven de la historia en ganar los cuatro torneos de Grand Slam. Apenas había acabado enero y ya había cumplido su gran objetivo del curso, ya había tachado uno de sus sueños de siempre. No son pocos los deportistas que admiten sentir un enorme vacío después de tocar el cielo. Muchos se relajan, se dejan ir un tiempo, se regodean un poco desde el sillón.
Alcaraz djokovic
Carlos Alcaraz with the trophy in the Carlton Gardens

 

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Pero Alcaraz ha demostrado que está por encima de eso. Él sabe perfectamente que las leyendas se construyen semana a semana. Ahí están los ejemplos de los tipos a los que quiere cazar algún día. Para los Novak Djokovic, Roger Federer y Rafael Nadal no había tiempo para el relax. Ganaban un Grand Slam y ya estaban pensando en el siguiente torneo; tropezaban y ya vislumbraban su recuperación; batían un récord y pasaban rápido la página a ver cuál era el siguiente en la lista. Estrellas con un hambre incontenible.

Alcaraz parece que ha tomado nota de ese modus operandi y está firmando unos números dignos del Big Three en los últimos meses: desde abril del año pasado, el murciano ha disputado 13 torneos, ha alcanzado 12 finales y ha levantado nueve títulos. Eso se traduce en un balance de 68 victorias y cinco derrotas, con un pleno de 30-0 en partidos en pista dura al aire libre. 

La última ha llegado este sábado frente a un Arthur Fils que ha dado un paso de gigante en Doha. El francés ha estado ocho meses sin competir y el ATP 500 del desierto es apenas su tercer torneo desde su regreso. Sin embargo, la diferencia de tenis con un jugador como Alcaraz es abismal. Y eso que el español no lució su mejor nivel en la final. Ganó fallando lo mínimo y Fils acabó desesperado. Viéndose 6-2 y 3-0 abajo en poco más de media hora, el nuevo pupilo de Goran Ivanisevic -el técnico que exprimió lo mejor de Djokovic- reventó la raqueta contra el suelo con una furia tremenda. Eso es lo que provoca Alcaraz en sus rivales. La final, o la “no final” mejor dicho, duró 50 minutos. Un mensaje poderoso de Alcaraz con muchos destinatarios. Aquí estoy y como me dejéis…

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