MELBOURNE – La tensión, los nervios y el frío de Melbourne se transformaron en abrazos, euforia, calor y risas de ambos protagonistas en la noche del domingo 1 de febrero. Carlos Alcaraz conquistó Australia y se apropió de lo que le obsesionaba; Djokovic no se fue con las manos vacías. El tenis lo recordará por siempre.
El tenista de 22 años se lanzó al piso al instante después de que se confirmó su logro inédito. Arrancó el partido sin chispa y lo terminó a sonrisa pura, envuelto en los brazos de los miembros de su equipo en una celebración emotiva.
“Trabajo terminado: 4/4, completado”, escribió en el lente de la cámara el hombre más joven en la historia en ganar los cuatro Grand Slams, tras una jornada donde el termómetro marcó menos de 15°C.
Djokovic, quien experimentaba la desconocida sensación de perder en Australia, cruzó antes la red, sonriendo también, para abrazar a su rival. Su primer discurso como finalista derrotado dejó en claro lo que había afirmado luego de vencer a Sinner en las semifinales: que llegar a la final ya era un triunfo tremendo.
Antes de los discursos protocolares, Djokovic y Alcaraz compartieron risas y abrazos. Una conversación cómplice que mostró el respeto y la buena relación que tienen entre ambos.
“Honestamente, nunca pensé que iba a estar en una ceremonia de premiación de un Grand Slam otra vez”, confesó el serbio, con la bandeja de plata con las letras AO en sus manos. Djokovic abrazó esa “victoria”: levantó con orgullo el premio y mostró una alegría genuina.
“Nunca sentí acá en Australia tanto amor y apoyo de la gente como en estos últimos dos partidos”, dijo el diez veces campeón en Melbourne. Durante dos décadas vivió momentos agridulces con el público australiano.
“¡Nole! ¡Nole! ¡Nole!”, coreó el público de la Rod Laver Arena.
Rafael Nadal, testigo en primera fila de la final en Melbourne, se llevó el cariño y las bromas de ambos finalistas.
“Se siente raro verte sentado ahí después de todas las batallas que tuvimos en la pista”, dijo Djokovic al hombre a quien enfrentó sesenta veces, entre ellas, la final más larga en la historia del Abierto de Australia (2012).
Después de unas semifinales memorables, Djokovic y Alcaraz llegaron al último día en Melbourne a escribir el capítulo más significativo de una rivalidad construida con momentos icónicos.
La conversación general suele girar en torno al Alcaraz-Sinner. Ahí está la sangre nueva que probablemente extenderá su dominio por más de una década; sin embargo, los encuentros entre el español y el serbio son los que están cargados de más hitos relevantes.
La final de Wimbledon 2023 fue el simbólico cambio de mando entre la era del Big 3 y los jóvenes; el partido por el oro olímpico en París 2024 hizo que Djokovic alcanzara la última cumbre que le faltaba, al mismo tiempo que rompió el corazón del español; y el duelo por el título en Cincinnati fue la final más dramática en la historia de los Masters 1000.
Los calambres en todo su cuerpo anularon a Alcaraz en Roland Garros 2023 y, poco más de un año antes, consiguió frente a Djokovic un triunfo importante en las semifinales del Madrid Open tras haberle ganado a Nadal, justo antes de ganar el título frente a su gente, con 19 años recién cumplidos.
El momento cumbre llegó en Australia, quizá la última final entre el tenista de 22 años que ya es inmortal y la leyenda serbia, que posee casi todos los récords del deporte que Alcaraz quiere dominar.
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