A Carlos Alcaraz le sucedió aquello que ninguna figura pública desea: convertirse en eje de un polarizado debate público precisamente en medio de sus vacaciones y de cara a un 2026 que se perfila como clave, quizás decisivo en su carrera. ¿Por qué es tan importante? Porque diciembre de 2025 marcó el final de la inocencia para el español. Hay algunas cosas que ya no volverán a ser como antes.
El abrupto despido de Juan Carlos Ferrero como entrenador se convirtió en una de las grandes noticias deportivas a nivel mundial en el cierre del año. Si ese despido hubiera sucedido en otras fechas, quizás habría impactado menos, pero la noticia llegó en el momento de mayor vacío informativo en el tenis, aunque el debate que generó no se explique sólo por eso.
Alcaraz perdió la inocencia a los 22 años, en esos turbulentos días de diciembre en los que no pocos de sus fans más incondicionales señalaron que declinaban su admiración sin matices.
Durante muchos años, Roger Federer argumentó que no necesitaba un entrenador, y es cierto que la figura del “coach” en el tenis está en las sombras, si se la compara con la potencia del entrenador en el fútbol.
Es por eso, precisamente, que llama la atención el revuelo que se generó con el extraño final de los siete años de Ferrero como entrenador de Alcaraz.

Al igual que Rafael Nadal tras su acuerdo con el tenis saudí, muchos seguidores de Alcaraz se distanciaron de él por lo sucedido con Ferrero.
La cuenta en español del ATP Tour planteó al inicio del año una pregunta a sus seguidores: qué deseo le concederían a Alcaraz para 2026.
El título en el Abierto de Australia o, directamente, la conquista del Grand Slam, se repitieron como respuestas, pero hubo una sucesión de comentarios que llamó la atención:
– que no gane nada
– demostrar que no necesita a Ferrero y seguir 1ro del mundo
– que no gane ningún Grand Slam este año
– que le vaya pésimo por ser un mal agradecido

A esta altura, el entorno de Alcaraz y el propio jugador habrán entendido algo evidente: no se trata de la mera ruptura con un entrenador, ni siquiera se trata de tenis. La historia interpela incluso a gente a la que el tenis le da igual, pero que no puede digerir el divorcio inexplicado y de apariencia cruel forzado por el joven que fue pulido como tenista desde los 15 años. El joven que envió al ostracismo a ese entrenador con el que conquistó seis títulos de Grand Slam y el número uno del mundo.
Y no se trata tanto del qué, sino del cómo, de la forma en que llegó ese despido. Formas profundizadas por el extraño movimiento de Alcaraz el último día del año: un posteo en Instagram titulado “Mi verdadero 2025” en el que encadena 20 fotos de su año tenístico y personal y en ninguna de ellas aparece Ferrero. Muy probablemente una respuesta a las entrevistas en los días previos en las que Ferrero dejó en claro su dolor y expuso detalles de cómo se negoció su contrato.

En esas mismas horas circulaba una pregunta: ¿pudo Andy Murray sustituir a Juan Carlos Ferrero como entrenador de Carlos Alcaraz?
“Punto de Break” reveló el deseo de los familiares del número uno del mundo de contratar a un entrenador como el británico: “Lo que sucedió en 2025 iba a suceder en 2024 (…) El entorno de Alcaraz quería despedir a Ferrero y traer un nuevo entrenador. Querían a Andy Murray”.
El entorno de Ferrero, consultado por CLAY, reaccionó con asombro: “No tenemos ni idea de eso, en todo caso es algo que no debemos explicar nosotros”.
Alcaraz jugará la semana próxima una exhibición con Jannik Sinner en Seúl, camino a Australia. Tarde o temprano, a más tardar en Melbourne, deberá dar mayores y mejores explicaciones, y cuanto más eficiente sea con ellas, más sencillo le será concentrarse en su gran objetivo para 2026: ganar el Abierto de Australia para convertirse en el jugador más joven en alzar los cuatro trofeos de Grand Slam. Si lo logra, el “Ferrero-gate” se irá diluyendo. Si no, el tema volverá una y otra vez a lo largo de la temporada.





