Este mes de febrero está exponiendo perfectamente las dos caras del tenis: mientras los mejores jugadores del mundo compiten bajo los rascacielos de una ciudad en pleno desierto y delante de un público frío y sofisticado que rara vez llena la pista, las raquetas del segundo escalón sudan en el verano sudamericano delante de hinchas eléctricos que transforman cualquier escenario en una fiesta.
El ATP 500 de Doha, en Qatar, ha sido el escenario elegido por Carlos Alcaraz y Jannik Sinner para su reaparición esta semana después del Abierto de Australia. Según publicó “La Gazzetta dello Sport”, los dos mejores tenistas de la actualidad han cobrado 1,2 millones de dólares únicamente por participar. Al no ser un torneo obligatorio -como los Grand Slam o la mayoría de los Masters 1000-, los organizadores tienen que rascarse el bolsillo para atraer a las grandes estrellas. Y ahí los maletines de Oriente Medio tienen más razones para convencer que los torneos de la gira sudamericana de arcilla.
Obviamente, ese cheque ya es una razón más que notable para entender que Alcaraz haya cambiado en su calendario los ATP de Buenos Aires y Río de Janeiro por los de Rotterdam y Doha. Pero reducir el análisis a una cuestión puramente monetaria sería un error. Lo que nos lleva a otro número, el 150. Porque el líder del ranking mundial ha celebrado esta semana en Doha su victoria número 150 en pista dura. Él, procedente del país de la arcilla por antonomasia, que se ha curtido desde que era un niño en la superficie naranja, es consciente de que las canchas rápidas son el presente y el futuro. Sabe que si quiere sentarse algún día en la mesa de los Novak Djokovic, Rafael Nadal y Roger Federer el camino es la pista dura.
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Dos de los cuatro Grand Slam, seis de los nueve Masters 1000 y diez de los 16 ATP 500 se juegan en dura. A eso hay que sumar las ATP Finals. Es decir, 19 de los 30 torneos más importantes del mundo son en rápida. De los 11 restantes, ocho son en tierra y los otros tres en hierba. Además, a partir de 2028 Arabia Saudí estrenará un Masters 1000 en febrero. Y será, cómo no, en dura y con una suculenta bolsa de premios. Un golpe más para la gira sudamericana, que tendrá que hacer malabares o reinventarse para poder mantenerse en el calendario.

“Es cierto que crecí jugando principalmente en tierra batida y apenas había jugado en pistas duras de pequeño”, señaló Alcaraz estos días en Doha, donde este viernes se enfrentará a Andrey Rublev por un hueco en la final. “Sin embargo, si nos fijamos en el circuito, la mayoría de los torneos, e incluso los más importantes, se juegan en pista dura, así que tuve que adaptarme y entrenar más en esa superficie. Durante las pretemporadas, me fui entrenando más en pista dura y eso me ayudó a ganar experiencia, a sentirme más cómodo y a jugar un buen tenis”.
“Al final, se trata de adaptación. Como tenistas, tenemos que adaptarnos a cualquier situación o superficie, y con los años me he sentido cada vez más cómodo en todas ellas”, abundó Alcaraz, que tiene ya unos números descomunales en pista dura a pesar de sus 22 años.
Efectividad de tenistas españoles en pista dura
|
Jugador |
Récord (V-D) |
Partidos Totales |
% de Victorias |
|
Carlos Alcaraz |
152-42 |
194 |
78.35% |
|
Rafael Nadal |
518-151 |
669 |
77.43% |
|
Carlos Moyà |
211-141 |
352 |
59.94% |
|
Roberto Bautista Agut |
273-184 |
457 |
59.74% |
|
David Ferrer |
346-199 |
545 |
63.49% |
|
Juan Carlos Ferrero |
178-134 |
312 |
57.05% |
|
Pablo Carreño Busta |
164-130 |
294 |
55.78% |
|
Tommy Robredo |
228-182 |
410 |
55.61% |
|
Fernando Verdasco |
263-237 |
500 |
52.60% |
|
Feliciano López |
277-283 |
560 |
49.46% |





