RIO DE JANEIRO – El tenis se ha convertido en un “gran negocio” y algunos jugadores “ahora son tratados casi como corporaciones”. Lo dice Andre Agassi, uno de los tenistas más exitosos de todos los tiempos y testigo privilegiado de la evolución del deporte.
“Si quieres saber hacia dónde va algo, sigue el dinero. El tenis no ha hecho más que crecer”, dijo el ex número uno del mundo en Río de Janeiro. Este domingo, en el ATP 500 brasileño, el estadounidense entregará el trofeo al campeón.
Las semanas posteriores al Abierto de Australia y previas a los Masters 1000 de Indian Wells y Miami han expuesto contrastes notorios este 2026.
El ATP 500 de Doha presentó un cuadro principal potentísimo, con Carlos Alcaraz y Jannik Sinner como grandes figuras. Ambos cobraron 1,2 millones de dólares solo por competir en Qatar, cifras a años luz de la realidad sudamericana.
Los torneos del invierno estadounidense, Dallas y Delray Beach, también contaron con varios top 20.
Sin embargo, la presencia de grandes nombres no siempre garantiza estadios llenos: en varios torneos del hemisferio norte se han visto gradas semivacías. El contraste con Sudamérica es evidente. El Court Guillermo Vilas, en Buenos Aires, y la Quadra Gustavo Kuerten, en Río, han lucido llenos y con un ambiente vibrante.
Otro dato. De los ocho cuartofinalistas en Brasil, ninguno figura dentro del top 50; en Doha, los dos mejores del mundo y otras seis figuras de renombre: Tsitsipas, Rublev, Mensik… y las tribunas luciendo totalmente dispares.
¿Deben los torneos de Buenos Aires, Río y Santiago adaptarse al ritmo del circuito para sobrevivir? ¿Tiene que la gira sudamericana renunciar a su tradición sobre arcilla y apostar por el cemento? ¿Es ese el camino para competir con el Masters 1000 que Arabia Saudita planea organizar a partir de febrero de 2026?
“No sé si cambiar la superficie responde a todas las preguntas”, opinó Agassi en la sala de conferencias del Jockey Club de Río de Janeiro.
“Cambiar de superficie podría influir en la decisión de ciertos jugadores de venir aquí, porque es una transición difícil pasar de este entorno directamente a las canchas duras de Estados Unidos. Eso pasa factura. Lo vimos el año pasado con Zverev, que vino y luego tardó en encontrar su nivel”, analizó el campeón olímpico de Atlanta 1996.
“No es fácil hacer la transición a este ambiente, es pesado, es difícil. Se siente en el aire: la humedad, la densidad de la arcilla, el peso, la lentitud… y luego volver al cemento. No es fácil para el cuerpo, no es fácil para la mente, no es fácil con los viajes. Hay muchos factores que los jugadores deben considerar”.
Pese a todo, Agassi cree que la transformación del tenis en un gran negocio trae más beneficios que desventajas, ya sea que el foco esté en el desierto de Medio Oriente o en regiones donde el deporte se vive con mayor pasión, como Sudamérica.
“Me gusta ver crecer el juego. Me gusta ver expansiones. Me gusta ver que las instalaciones mejoren. Me gusta ver nuevos países involucrarse. Me gusta ver competencia y que el deporte se beneficie de todo eso”.
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