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    La doble primera vez de Carlos Alcaraz

    NUEVA YORK – Desde lo más alto del estadio de tenis más grande del mundo se obtiene una de las mejores vistas a la ciudad de Nueva York. El pasado viernes se apreciaba un atardecer para fotografiar, imprimir y enmarcar: el sol justo se escondía entre los rascacielos de ese famoso horizonte citadino.
    El brote de edificios opacos hacía juego con el cielo anaranjado, cuando de a poco se iban prendiendo las luces de la ciudad que justo este domingo recuerda los 21 años desde el ataque a dos de sus más icónicas torres. La fecha de ese 11 de septiembre lució grabada en el cemento de la pista principal del Abierto de Estados Unidos.
    Es la costumbre norteamericana cuando el aniversario de la tragedia coincide con el torneo, así como también la ceremonia previa al partido del día: minuto de silencio solemne, himno y bandera gigante desplegada sobre la cancha.
    Y la final de este domingo, en esta fecha tan significativa para Nueva York, Estados Unidos y el mundo, será la que siempre recuerde Carlos Alcaraz: 11 de septiembre, el día que degustó el premio doblemente sabroso. Primer Grand Slam. Primera vez en la cima del ranking. Las dos primeras veces más importantes en la carrera de un tenista. Un 2×1 histórico.
    El nuevo número uno del mundo lo es en una era híbrida, de transición. Tiempos en los que aún las leyendas vivas del tenis son las grandes estrellas vigentes, pero sin ser igual. Lo dijo Toni Nadal a CLAY. El tenis está en un peor nivel que antes.
    Sin embargo, la nueva generación lo levanta. La final masculina del US Open, con Alcaraz de 19, y Ruud de 23 es la más joven del torneo estadounidense en 20 años.
    Seguido del noruego, Alcaraz comenzó su discurso de campeón recordando a las víctimas del terrorismo cuando él aún no nacía. “Mis pensamientos están con las personas que sufrieron ese día, pero también esta fecha se vuelve especial para mí, y fue gracias a ustedes”, dijo antes de abrazar el trofeo.
    No es para menos esa dedicatoria, porque durante las dos semanas, el español se alimentó de la energía de la gente. En especial luego de esos puntos tan impresionantes, donde parece perdido, donde se cree que no va a llegar. Y él trae y trae al otro lado de la red lo que parece imposible, tantas veces de forma espectacular.
    “Nunca doy bola por perdida, yo lucho hasta el final, cuando la pelota dio doble bote. Esos puntos me ayudan para venirme arriba, para sonreír y disfrutar el momento”, contaba luego de superar a Frances Tiafoe en la semifinal.
    Así fue el punto bisagra de su noche estelar. 5-6 en el tercer set, jugado por bajo el promedio de su nivel, pero aguantando como podía los embates de Ruud. Rally, drop shots, elasticidad, esfuerzo físico al límite. Punto para Alcaraz, que al forzar el desempate se colgó de los gritos y del desenfreno de la gente para brindar un tie break impecable con la categoría de un campeón, para luego llevarse el cuarto set, el partido y el torneo.
    Sonaría tras ese desempate “Gonna Fly Now”, la canción de Bill Conti, tema principal de Rocky. Lo que Carlitos, que es como le gusta que le digan, es lo que pretende hacer, ya con un major bajo el brazo. “No le tengo miedo a la final”, decía luego de su triunfo en semifinales: “Me preparo física y mentalmente para los grandes momentos en los grandes escenarios”.
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    Reporteando el tenis alrededor del mundo desde hace 10 años. Ha colaborado con medios como La Tercera, Cooperativa, Infobae, y Racquet. Fundador del ex programa de radio Tercer Saque.
    Pluma & Lente es su espacio personal donde cuenta sus viajes y aventuras.

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